La Casi­ta” es el lugar don­de Veró­ni­ca nos cita para la entre­vis­ta. Ya al entrar pode­mos sen­tir una ener­gía espe­cial en el ambien­te. Mien­tras ella pre­pa­ra un té rojo de Orien­te, noso­tros deja­mos nues­tros zapa­tos y sacos para ingre­sar a una sala des­po­ja­da de la reali­dad exter­na y des­ti­na­da a enfo­car­nos en nues­tro inte­rior. En el cen­tro de la mis­ma halla­mos una deco­ra­ción muy curio­sa: tres pie­dras api­la­das de mayor a menor, que sim­bo­li­zan el cuer­po físi­co, el emo­cio­nal y el men­tal. Cuan­do estos tres están en eje, las per­so­nas encuen­tran el equi­li­brio, tal como las rocas de la orna­men­ta­ción. A su alre­de­dor, tene­mos varios almoha­do­nes dis­pues­tos como asien­tos para que los asis­ten­tes se pon­gan cómo­dos y estén en con­tac­to con la tie­rra, todos al mis­mo nivel. Sin reve­lar nom­bres o carre­ras, quien ingre­sa allí lle­ga para reci­bir un “abra­zo” gru­pal, en una rela­ja­ción y medi­ta­ción que es más efec­ti­va cuan­do se con­ta­gia.

Veró­ni­ca Caba­lle­ro, quien diri­ge “La Casi­ta”, tie­ne más de 30 años de expe­rien­cia en medi­ta­ción y es Maes­tra de Reiki. Es, ade­más, resi­den­te de Dal­vian y actual­men­te es quien guia el pro­ce­so de todos los intere­sa­dos en encon­trar la paz inte­rior en nues­tro Club Hou­se. En esta entre­vis­ta, nos cuen­ta en qué con­sis­te esta acti­vi­dad y sus bene­fi­cios.

Las pie­dras repre­sen­tan el equi­li­brio del cuer­po, la men­te y el espí­ri­tu. – Foto: Facun­do Perez Perk­man

Con­ta­nos un poco sobre lo que hacen acá en “La Casi­ta”…

Lo que hace­mos en este espa­cio es encon­trar­nos a noso­tros mis­mos, bus­car el bien­es­tar gene­ral, la armo­nía y la paz, a tra­vés de lo que noso­tros lla­ma­mos REM (rela­ja­ción-medi­ta­ción). La medi­ta­ción en sí tie­ne varios ciclos y exis­ten varias téc­ni­cas, pero pri­me­ro es fun­da­men­tal apren­der a rela­jar­se. Por eso hemos uni­do estas siglas, iden­ti­fi­cán­do­las como pro­pias, ya que no for­ma­mos par­te de nin­gu­na otra orga­ni­za­ción.

¿Qué es medi­tar?

Hace muchos años atrás decían “orar es pedir” y “medi­tar es encon­trar a Dios aden­tro”. En muchas reli­gio­nes, inclu­si­ve en las cris­tia­nas, se dice “Dios está aden­tro tuyo” y yo me pre­gun­ta­ba “¿cómo lle­gar a des­cu­brir­lo?, ¿cómo sen­tir que Dios está aden­tro tuyo?”. He ora­do y reza­do mucho; he hecho reti­ros, pero en reali­dad cuan­do calla­ba mi men­te y cuan­do me iba para aden­tro, escu­cha­ba esta voz que se une con Dios y que nos puri­fi­ca a todos los seres huma­nos. No hay un Dios dis­tin­to para cada reli­gión, son todos uno y lo que le pasa al otro, me pasa mí tam­bién y lo que me pasa a mí le pasa al otro. Eso es medi­tar, un tiem­po mági­co y de gra­ti­tud.

¿Dón­de te pre­pa­ras­te?

En dis­tin­tas escue­las y con dis­tin­tos maes­tros, tan­to nacio­na­les como inter­na­cio­na­les. Pero si ten­go que ele­gir a alguien, creo que sería mi pri­mer direc­tor espi­ri­tual, Lucin­do Bel­tra­me, que ya no está en este plano. Era muy joven­ci­ta cuan­do él ya me habla­ba de los bene­fi­cios de la medi­ta­ción; nos hacía medi­tar en gru­po, orga­ni­za­ba reti­ros espi­ri­tua­les. Fue enton­ces cuan­do empe­cé a ver que, más allá de la par­te psi­co­ló­gi­ca, lo que sal­va al ser humano es encon­trar­se con uno mis­mo. Ade­más de él, lo que más me for­mó fue el Reiki: soy Maes­tra de Reiki, de lo cual me sien­to muy orgu­llo­sa.

¿Cuá­les son los bene­fi­cios de la medi­ta­ción?

Los bene­fi­cios de la rela­ja­ción-medi­ta­ción empie­zan a notar­se des­de el pri­mer encuen­tro, a nivel físi­co: uno empie­za a libe­rar las ten­sio­nes, a disol­ver los nudos ener­gé­ti­cos, los dolo­res físi­cos. Ade­más, es una herra­mien­ta muy valio­sa para con­tro­lar el estrés, ya que dis­mi­nu­ye el nivel de cor­ti­sol y de adre­na­li­na; ayu­da a dis­tin­tos tras­tor­nos como el de páni­co, de ansie­dad o de angus­tia. Las per­so­nas que han sufri­do una pér­di­da tran­si­tan los due­los de otra mane­ra, encon­tran­do a Dios o una res­pues­ta infi­ni­ta aden­tro. La capa­ci­dad res­pi­ra­to­ria tam­bién mejo­ra.

En el gru­po de niños y ado­les­cen­tes, que mane­ja mi hija que es Maes­tra de Reiki, hay muy bue­nos resul­ta­dos. Los niños son espon­jas al reci­bir el estrés de los adul­tos y de la socie­dad y de lo que está ocu­rrien­do hoy en el mun­do. Al gene­rar este tipo de espa­cios, baja su nivel de agre­si­vi­dad; hemos vis­to que, inclu­so, se con­tro­la el bull­ying. Al hacer­nos más res­pon­sa­bles de lo que sen­ti­mos, de lo que pen­sa­mos, se van tra­ba­jan­do dis­tin­tos fac­to­res.

Los bene­fi­cios de la rela­ja­ción-medi­ta­ción empie­zan a notar­se des­de el pri­mer encuen­tro, a nivel físi­co: uno empie­za a libe­rar las ten­sio­nes, a disol­ver los nudos ener­gé­ti­cos, los dolo­res físi­cos. Ade­más, es una herra­mien­ta muy valio­sa para con­tro­lar el estrés.

En algu­nas edi­cio­nes ante­rio­res de Úni­co, salió una nota sobre medi­ta­ción en las escue­las antes de las cla­ses. ¿Hacen uste­des este tipo de tra­ba­jo?

Noso­tros tene­mos un pro­gra­ma pro­pio. La pro­pues­ta que esta­mos plan­tean­do es tener, en dis­tin­tos ins­ti­tu­tos y escue­las, el espa­cio hecho, que no requie­re más de un salon­ci­tos con algu­nos almoha­do­nes. Es decir, que el chi­co que tie­ne una cri­sis o un ata­que de ira y no sabe por qué o cómo mane­jar­lo, sepa que tie­ne ese lugar y que cuen­ta con una per­so­na capa­ci­ta­da para guiar­lo en ese momen­to. Se cam­bió el guión de cas­ti­go por el rin­cón refle­xi­vo.

¿Cómo se lle­va a Dal­vian?

Hace sie­te años vivo en Dal­vian y todos los vier­nes por la noche daba medi­ta­ción en mi casa. Las per­so­nas se iban acer­can­do por refe­ren­cia, has­ta que en mar­zo, gra­cias a mi mari­do, pude adqui­rir esta casa y tener un lugar más amplio para tra­ba­jar con otros pro­fe­sio­na­les. A raíz de mi tras­la­do, y con­si­de­ran­do que hay fami­lias en Dal­vian que hacen medi­ta­ción, me ofre­cie­ron lle­var esta prác­ti­ca a los espa­cios múl­ti­ples y me pare­ció muy bue­na la idea y muy bene­fi­cio­sa para los resi­den­tes.

La medi­ta­ción que hacés es una adap­ta­ción de las prác­ti­cas orien­ta­les…

Exac­ta­men­te. A lo lar­go de las déca­das de mi vida, noté que tenía­mos que hacer una adap­ta­ción de dis­tin­tas líneas y pro­fe­sio­nes. No per­se­gui­mos nin­gu­na reli­gión, no cam­bia­mos hábi­tos y es neta­men­te esto, bus­car la paz inte­rior, de mane­ra que sea una expe­rien­cia muy viven­cial y de muy rápi­da reso­lu­ción, res­pon­dien­do a las nece­si­da­des de los occi­den­ta­les; que­re­mos resul­ta­dos inme­dia­tos. A veces las per­so­nas vie­nen con resis­ten­cia y pre­jui­cios: “Voy a  ter­mi­nar ves­ti­da de naran­ja, no voy a fumar más, voy a dejar de comer car­ne”, y no es así. Esto no cam­bia las creen­cias, ni el esti­lo de vida, se res­pe­ta al ser humano en su con­tex­to, en lo sis­té­mi­co.

¿Cuá­les son las fases de la medi­ta­ción?

La pri­me­ra con­sig­na es sacar­se los zapa­tos. Si bien en otras escue­las esto tie­ne otros moti­vos, en este espa­cio lo hace­mos sim­bó­li­ca­men­te para dejar lo de afue­ra, afue­ra. Algu­nos no quie­ren dejar los zapa­tos, pero pue­de ser el telé­fono o el reloj. Nos sen­ta­mos y nos ase­gu­ra­mos de que estén todos bien. En esta ins­tan­cia les expli­co que el obje­ti­vo es encon­trar el bien­es­tar. Lue­go, se res­pal­dan, se sien­tan cómo­dos, ali­nean su colum­na con las cer­vi­ca­les y comien­za la rela­ja­ción: de aba­jo hacia arri­ba y con una téc­ni­ca. La pos­tu­ra es la que nece­si­te la per­so­na. Hay per­so­nas que vie­nen con dolen­cias o que nece­si­tan una silla, otras nece­si­tan el almoha­dón o acos­tar­se. Eso tam­bién nos hace más occi­den­ta­les: aten­der las nece­si­da­des de cada uno.

Ter­mi­na­do el pri­mer nivel en que se apren­de a rela­jar el cuer­po, se pasa al segun­do que es empe­zar a callar la men­te. Eso lle­va un entre­na­mien­to y varios encuen­tros. Recién ahí pode­mos iden­ti­fi­car los sen­ti­mien­tos y bajar al cuer­po sen­ti­men­tal para con­tro­lar­los y que los sen­ti­mien­tos inapro­pia­dos pasen a los apro­pia­dos. De ahí esta sen­sa­ción de paz y amor que nos da la medi­ta­ción, todo sen­ti­mien­to inapro­pia­do o nega­ti­vo pasa a ser posi­ti­vo.

¿Es posi­ble callar la men­te?

Sí, total­men­te. Requie­re de un entre­na­mien­to y de varios encuen­tros. Es mucho más fácil hacer­lo en gru­po que indi­vi­dual­men­te. Una vez que ya uno logra hacer­lo en gru­po, se pue­de hacer de a uno. De hecho, se con­vier­te en una nece­si­dad, como el aire que res­pi­ra­mos. La armo­nía es una nece­si­dad.

¿La armo­nía es sinó­ni­mo de feli­ci­dad?

Es sinó­ni­mo de feli­ci­dad y ale­gría. La feli­ci­dad son momen­tos, pero los momen­tos, al estar en un esta­do más cons­cien­te, se hacen más pro­lon­ga­dos.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here