Más que una butaca, un teorema del modernismo. Este mobiliario creado por grandes diseñadores argentinos, es un inspirador modelo histórico reconocido mundialmente.

Crea­do por Anto­nio Bonet Cas­te­lla­na, Juan Kur­chan y Jor­ge Ferra­ri Har­doy, el pri­mer nom­bre dado a esta silla era Sur, pero lue­go se desa­rro­lló un nue­vo nom­bre uti­li­zan­do las pri­me­ras letras del nom­bre de sus crea­do­res; este dise­ño tam­bién es cono­ci­do como But­terfly.
Los tres dise­ña­do­res fue­ron cola­bo­ra­do­res oca­sio­na­les de Le Cor­bu­sier duran­te su estan­cia en Argen­ti­na. Ellos bus­can­do ins­pi­ra­ción en la silla Tri­po­li­na, crea­ron una sim­ple silla según las teo­rías que los crea­ti­vos euro­peos desea­ban for­ma­li­zar.
Se tra­ta­ba de un sillón sim­ple y prác­ti­co sos­te­ni­do por una estruc­tu­ra de barras de hie­rro de 12 milí­me­tros dobla­das con dos pun­tos de sol­da­du­ra y enfun­da­da en cue­ro natu­ral, es un sím­bo­lo del dise­ño argen­tino en el mun­do.
Tal fue su auge que Edgar Kauf­mann Jr. com­pró dos sillo­nes, uno fue a parar a la colec­ción per­ma­nen­te del Museo de Arte Moderno de Nue­va York y otro a una de las casas de su padre, la inter­na­cio­nal­men­te famo­sa Casa de la Cas­ca­da. Pron­to, este dise­ño adqui­rió una ima­gen rela­cio­na­da a la libe­ra­ción sexual, uni­do a un pen­sar moderno, libe­ral y cons­tan­te­men­te vin­cu­la­da con la ima­gen de muje­res sen­sua­les, bellas y moder­nas. Esta silla se con­vir­tió rápi­da­men­te en un éxi­to de crí­ti­cas has­ta lle­gar a ser hoy, el dise­ño argen­tino más famo­so del mun­do.