Su títu­lo uni­ver­si­ta­rio la defi­ne como dise­ña­do­ra. Sin embar­go, la des­crip­ción de su tra­ba­jo hace pen­sar en Julie­ta como en una cuen­tis­ta, que se ins­pi­ra en el vino y su con­tex­to para narrar su his­to­ria. Sus cuen­tos no son lite­ra­rios, pues pres­cin­den de las pala­bras, aun­que se valen de ellas. Sus cuen­tos son visua­les, grá­fi­cos, esté­ti­cos, ya que cobran vida a tra­vés de las eti­que­tas. Cla­ro está que no se exhi­ben en los anaque­les de las libre­rías, sino más bien en las gón­do­las de super­mer­ca­dos y vine­rías, don­de com­pi­ten con los rela­tos de otros auto­res.

Men­do­za no fue la cuna de su pro­pia his­to­ria, sino Bue­nos Aires. Su capí­tu­lo cuyano comen­zó a los 18 años, cuan­do se mudó a la pro­vin­cia con sus padres. Vein­te años atrás, el anhe­lo de segu­ri­dad y cer­ca­nía al Cen­tro lle­vó a la fami­lia Car­bo­na­ri a con­fiar en Dal­vian. Ya casa­da, y tras una estan­cia en la Quin­ta Sec­ción, Julie­ta deci­dió regre­sar al barrio por simi­la­res moti­vos.

El rock nacio­nal acom­pa­ñó la con­ver­sa­ción con ÚNICO y ayu­dó a cons­truir un cli­ma dis­ten­di­do y pro­pi­cio para los inter­cam­bios de pala­bras. El sol tras­pa­sa­ba las cor­ti­nas y se pro­yec­ta­ba sobre un monu­men­tal y colo­ri­do cua­dro que, según con­tó la dise­ña­do­ra, ganó en un sor­teo. Con esa y otras pie­zas artís­ti­cas de fon­do, se desa­rro­lló la entre­vis­ta un lunes por la sies­ta.

¿Cómo des­cu­bris­te tu voca­ción por el dise­ño? ¿Cómo sur­gió tu víncu­lo con el mun­do viti­vi­ní­co­la?

Mi idea cuan­do era chi­ca era estu­diar Dise­ño de Indu­men­ta­ria. Des­pués, mis padres deci­die­ron venir a vivir a Men­do­za cuan­do tenía 18 años y me dije­ron que sí o sí estu­dia­ra una carre­ra uni­ver­si­ta­ria. Enton­ces, den­tro de las que había, ele­gí Dise­ño Indus­trial, que me per­mi­tía hacer lo que qui­sie­ra den­tro del dise­ño.

A los 20 años, cuan­do esta­ba estu­dian­do, cono­cí a Adriano Sene­ti­ner y Ceci­lia Zunino, y ellos me invi­ta­ron a tra­ba­jar en Vini­te­rra. Pri­me­ro fue una prác­ti­ca y, al final, me ter­mi­né que­dan­do cin­co años. Estan­do en la bode­ga, cono­cí a un mon­tón de gen­te rela­cio­na­da con el mun­do del vino, abrí mi pro­pio estu­dio y me inde­pen­di­cé.

Una vez que te inde­pen­di­zas­te, ¿cómo te abris­te camino den­tro de la indus­tria?

El mun­do del vino es super­chi­co y super­gran­de… Está todo rela­cio­na­do y, cuan­do te que­rés acor­dar, te rela­cio­nas­te con medio mun­do. Cuan­do me inde­pen­di­cé, tenía 24 años y para mí fue todo un desafío.

Al prin­ci­pio tenía mie­do, pero des­pués todo fue dán­do­se solo. Hoy por hoy, no ten­dría un jefe”.

Estan­do en Vini­te­rra, cono­cí a un impor­ta­dor de Esta­dos Uni­dos que me con­tra­tó para hacer sus mar­cas pri­va­das. A raíz de ese tra­ba­jo, pude conec­tar­me con bode­gas de dis­tin­tas par­tes del mun­do: Chi­le, Ale­ma­nia, Aus­tra­lia, Cana­dá, Chi­na, Por­tu­gal, Espa­ña. Gra­cias a esta expe­rien­cia, pude esta­ble­cer una cone­xión muy intere­san­te, que me ha per­mi­ti­do con­ti­nuar tra­ba­jan­do con empre­sas de dife­ren­tes paí­ses.

¿Qué sen­tís cuan­do ves una eti­que­ta tuya?

¡Me encan­ta! Cuan­do via­jo, que via­jo mucho para visi­tar a mis clien­tes, voy a las vino­te­cas y saco fotos. Me gus­ta que mis pro­duc­tos lle­guen a cual­quier lugar del mun­do. Los veo y digo: “¡Guau! ¡Esto lo hice yo!”.

¿Qué rol con­si­de­rás que ocu­pa la mujer den­tro de la indus­tria viti­vi­ní­co­la?

Hoy por hoy, hay muchas muje­res en la indus­tria del vino, tan­to en el área de dise­ño como en la viña y en el ámbi­to eno­ló­gi­co. Hay muchas pro­fe­sio­na­les muy talen­to­sas. Cada vez somos más las que nos apa­sio­na­mos por el mun­do viti­vi­ní­co­la y nos invo­lu­cra­mos en una mayor can­ti­dad de espa­cios.

En este sal­to de tra­ba­jar con empre­sas loca­les a hacer­lo con com­pa­ñías inter­na­cio­na­les, ¿qué dife­ren­cias per­ci­bis­te en cuan­to a la visión del dise­ño en Argen­ti­na y en otras par­tes del mun­do?

A mí me con­tra­tan por­que dicen que los argen­ti­nos tene­mos mayor crea­ti­vi­dad que dise­ña­do­res de otras par­tes del mun­do. Lo que ocu­rrió fue que Argen­ti­na pasó por una eta­pa don­de era todo muy clá­si­co. Recién hace cin­co o seis años nues­tro país comen­zó a explo­rar dise­ños más nove­do­sos.

En el mun­do, en reali­dad, cada país tie­ne su pro­pio esti­lo. Chi­na, por ejem­plo, tie­ne un len­gua­je muy par­ti­cu­lar en tér­mi­nos de dise­ño, por­que les gus­ta el dora­do, el rojo y todo lo que comu­ni­que lujo. En el caso de Espa­ña, se uti­li­zan otros sis­te­mas de impre­sión que les per­mi­ten tra­ba­jar con otro tipo de bote­llas.

Cada país tie­ne su esti­lo de dise­ño par­ti­cu­lar. Eso te hace estar bus­can­do y gene­ran­do ideas todo el tiem­po”.

En defi­ni­ti­va, en cada lugar ten­go que inves­ti­gar, en pri­mer lugar, a dón­de apun­ta el vino que dise­ño y, en segun­do lugar, de dón­de vie­ne. Este aspec­to hace que mi tra­ba­jo resul­te bas­tan­te com­ple­jo, pero, a la vez, suma­men­te diver­ti­do, por­que vos ves mi mail o mi WhatsApp y ten­go men­sa­jes de Chi­le, de Espa­ña o de otras par­tes del mun­do. Eso me encan­ta por­que, si bien yo estoy en Men­do­za, me trans­por­to a todos esos luga­res.

Men­cio­na­bas que Argen­ti­na dejó atrás hace unos años su impron­ta clá­si­ca. ¿Cómo es el esti­lo actual de nues­tro país?

Argen­ti­na tie­ne aho­ra un esti­lo que bus­ca lla­mar la aten­ción, por­que hay muchos pro­duc­to­res nue­vos que no nece­sa­ria­men­te tie­nen bode­gas. Enton­ces, hay mucha ofer­ta, lo que te obli­ga a salir y mos­trar­te. En eso de mos­trar­te, las eti­que­tas han adqui­ri­do un papel muy impor­tan­te, por­que antes el dise­ña­dor era el últi­mo esla­bón en la cade­na y aho­ra te diría que es el segun­do, por­que es tan impor­tan­te lo de aden­tro como lo de afue­ra.

En cuan­to a dise­ño, se bus­ca jugar con el color y la ilus­tra­ción. Tam­bién se recu­rre a eti­que­tas retro, absur­das, que cap­ten la aten­ción des­de lejos. Eso está bueno, por­que las empre­sas se están ani­man­do a pro­pues­tas inno­va­do­ras. Pero yo siem­pre les digo a mis clien­tes que uno tie­ne que hacer el vino con el cual se iden­ti­fi­ca. Es decir, de nada me sir­ve tener una eti­que­ta loca si yo soy clá­si­co.

La idea es que, cuan­do vos ten­gas tu vino, cuen­tes una his­to­ria que te iden­ti­fi­que y que ten­ga un con­cep­to detrás, dis­tin­to de hacer algo solo por­que se usa. Uno pue­de seguir ten­den­cias y ani­mar­se a incur­sio­nar en pro­yec­tos dis­tin­tos, siem­pre y cuan­do uno ten­ga una his­to­ria para con­tar. Eso es mucho mejor, por­que enri­que­ce más el pro­duc­to.

Cual­quie­ra pue­de tener un vino, pero no todos tie­nen una his­to­ria”.

Ahí es don­de uno tie­ne que, como dise­ña­dor, ayu­dar, por­que no todos tie­nen esa his­to­ria y hay veces que no saben por dón­de empe­zar. Allí apa­re­ce­mos noso­tros, para tra­tar no solo de hacer el dise­ño, sino tam­bién de con­tar ese con­cep­to.

Foto: Facun­do Perez Perk­man

¿Cómo amal­ga­ma una eti­que­ta esa his­to­ria de la bode­ga con lo que tie­ne para con­tar el pro­pio vino?

Hoy, se habla mucho de terroir y se tra­ta de incul­car de dón­de vie­ne el vino. Se hace hin­ca­pié en la zona y eso no pasa sola­men­te en Argen­ti­na, sino en todo el mun­do. Cada bode­ga o cada pro­duc­tor quie­re mos­trar de dón­de es su viñe­do y, por eso, habla del sue­lo. Si bien el varie­tal es impor­tan­te, hoy lo son mucho más el terroir y la zona.

Muchas bode­gas tam­bién cuen­tan his­to­rias a tra­vés de sus enó­lo­gos o de los nom­bres fic­ti­cios que les ponen a sus vinos. Pero, en gene­ral, la ten­den­cia hoy es inten­tar des­ta­car que cada pro­duc­to es úni­co, que pro­vie­ne de un deter­mi­na­do sue­lo y que no todos los sue­los son igua­les, por­que el viñe­do de un lugar tie­ne en sí mis­mo dife­ren­tes tipos de vinos. Enton­ces, uno debe explo­rar tam­bién ese aspec­to para hacer algo dis­tin­to.

¿Qué téc­ni­cas uti­li­zás, des­de el dise­ño, para con­tar las his­to­rias del vino?

Obvia­men­te, uno tie­ne un esti­lo como dise­ña­dor, pero, si vos ves mi pági­na web, todas las eti­que­tas son dis­tin­tas. Ten­go des­de dibu­jos en acua­re­la has­ta dibu­jos surrea­lis­tas o abs­trac­tos.

Me encan­ta tra­ba­jar con las tipo­gra­fías, que o bien las hago hacer, o bien las com­pro, pero nun­ca vas a encon­trar en mis dise­ños una tipo­gra­fía de catá­lo­go. Me pare­ce que, en la actua­li­dad, tan­to la tipo­gra­fía como la ima­gen deben estar rela­cio­na­das.

Lo que me gus­ta de la ilus­tra­ción es que per­mi­te decir de un modo no tan lite­ral lo que cuen­ta el vino. Te per­mi­te jugar y que el con­su­mi­dor des­cu­bra el men­sa­je. Sin embar­go, no a todos les gus­tan las ilus­tra­cio­nes.

¿En qué momen­to de la cade­na pro­duc­ti­va sue­len con­tac­tar­te las bode­gas y para qué cla­se de pro­yec­tos?

Hay pro­yec­tos en los que me han lla­ma­do des­de el minu­to cero, en los que he podi­do dise­ñar has­ta la mar­ca de la bode­ga, y hay otros en los que me han con­tac­ta­do por línea. Por ejem­plo, en Espa­ña, tra­ba­jo con una empre­sa que tie­ne vinos y lico­res. Enton­ces, a ellos les hago des­de las eti­que­tas has­ta los ban­ners, es decir, toda la grá­fi­ca. Como tra­ba­jo con todo tipo de bebi­das y pac­ka­ging, es bas­tan­te amplia la gama de posi­bi­li­da­des labo­ra­les.

Al momen­to de enca­rar un dise­ño, ¿reci­bís direc­ti­vas o te per­mi­ten expla­yar tu crea­ti­vi­dad libre­men­te?

Por lo gene­ral, te bajan algún linea­mien­to. Es raro que te den una liber­tad de acción abso­lu­ta, pero me ha pasa­do. Hay veces que los clien­tes te orien­tan sobre lo que les gus­ta y cuál es su esti­lo. Sin embar­go, por lo gene­ral, yo pro­pon­go dife­ren­tes cami­nos y, den­tro de esos cami­nos, el clien­te eli­ge uno y se tra­ba­ja sobre ese.

Cuan­do tra­ba­jo, soy muy per­so­nal. Siem­pre tra­ba­ja­mos el clien­te y yo. No ten­go un inter­me­dia­rio ni un dise­ña­dor que me pue­da cubrir; siem­pre es una rela­ción direc­ta. No sería un tra­ba­jo en con­jun­to, pero el pro­duc­to final sur­ge de una con­ver­sa­ción, de un feed­back per­ma­nen­te.

Tra­ba­jo a la par con el clien­te y eso per­mi­te que los resul­ta­dos sean mucho mejo­res”.

A mis clien­tes les gus­ta tra­ba­jar con­mi­go, por­que me pue­den lla­mar en cual­quier hora­rio. Tam­bién, tra­ba­ja­mos mucho por Whatsapp. De esa for­ma, esta­mos todo el tiem­po tra­ba­jan­do en el pro­yec­to y, al final, logra­mos un pro­duc­to enri­que­ci­do por los dos, por el clien­te y por mí.

Es decir que no apun­tás a reci­bir una devo­lu­ción recién des­pués de haber pre­sen­ta­do el dise­ño.

Al prin­ci­pio, gene­ro una con­ver­sa­ción don­de el clien­te me dice lo que nece­si­ta. Des­pués de un par de sema­nas, le pre­sen­to dis­tin­tas opcio­nes, algu­nas ins­pi­ra­das en los linea­mien­tos que reci­bí y otras que se me ocu­rrie­ron a mí. A par­tir de estas pro­pues­tas, el clien­te me dice qué le gus­tó, me sugie­re cam­bios y me rea­li­za con­sul­tas. Así vamos arman­do el pro­duc­to final.

¿Qué ocu­rre cuan­do te con­tra­ta una bode­ga que tra­ba­ja diver­sas líneas para que te encar­gues de una en par­ti­cu­lar? ¿Cómo adap­tás tu dise­ño para que sea cohe­ren­te con las demás comu­ni­ca­cio­nes de la empre­sa?

Des­de hace dos años, por ejem­plo, estoy tra­ba­jan­do con una bode­ga chi­le­na que antes tenía a otro estu­dio. Cuan­do me sumé, ellos ya tenían una línea arma­da y, en base a ella, se gene­ra­ron otras exten­sio­nes de línea. Enton­ces, yo man­tu­ve el con­cep­to de la bode­ga, por­que eso lo creó la pro­pia empre­sa, más allá del estu­dio con el que tra­ba­jó en algu­na opor­tu­ni­dad.

Por lo gene­ral, apli­co mi esti­lo, por­que todos tra­ba­ja­mos de mane­ra dife­ren­te, pero me baso en un con­cep­to bien cla­ro. Tra­to de no irme tan­to de él, por­que son bode­gas de muchos años, que pue­den per­te­ne­cer a fami­lias muy gran­des e impor­tan­tes, a las que les gus­ta que se man­ten­ga esa línea de grá­fi­ca y de tra­di­ción.

Cuan­do tra­ba­jo con bode­gas gran­des o pro­pie­dad de fami­lias con una his­to­ria detrás, hay un Depar­ta­men­to de Mar­ke­ting que me baja un brief bas­tan­te com­ple­to y que debo leer varias veces, por­que me bajan muchas líneas. Por ejem­plo, me dicen qué nece­si­tan pun­tual­men­te, en qué aspec­tos pue­do expla­yar­me y cuá­les son los con­cep­tos en los cua­les debo basar­me. Enton­ces, me mane­jo den­tro de un ran­go de crea­ti­vi­dad más aco­ta­do.

¿Cómo dejás tu impron­ta en tus dise­ños, aun cuan­do reci­bas linea­mien­tos dige­ri­dos?

Lo he pen­sa­do muchas veces, por­que es todo lo que los dise­ña­do­res que­re­mos, pero no somos artis­tas. Es decir, somos artis­tas, pero somos mucho más comu­ni­ca­do­res. Yo no pue­do hacer un cua­dro y fir­mar­lo, por­que una eti­que­ta no es un cua­dro. A tra­vés de una eti­que­ta, yo comu­ni­co un pro­duc­to.

Los dise­ña­do­res somos artis­tas, pero mucho más comu­ni­ca­do­res”.

Yo nun­ca pude eva­luar entre todas mis eti­que­tas cuál era el ele­men­to común. Por ahí, si alguien lo ana­li­za­ra des­de afue­ra, podría decir­me qué repi­to. Es muy pro­bla­ble que haya tipo­gra­fías que use más que otras. Me gus­tan las eti­que­tas que sean legi­bles; uti­li­zo los nom­bres de los vinos muy gran­des, por­que me pare­ce que la gen­te tie­ne que leer­los y leer­los de lejos. Eso sí que lo voy repi­tien­do, por­que he apren­di­do a lo lar­go de los años que las eti­que­tas, ade­más de gus­tar­le a uno, tie­nen que gus­tar­le al públi­co que va a com­prar el vino.

Foto: Facun­do Perez Perk­man

Si ten­go que decir cuál es mi esti­lo, me gus­ta mucho la ilus­tra­ción. Tam­bién, las eti­que­tas ela­bo­ra­das en cuan­to a dise­ño y con pocos aca­ba­dos. No me gus­tan las que están muy car­ga­das solo por ocu­par un lugar, por­que, en reali­dad, no tie­nen un con­cep­to detrás. Tra­ba­jo con la his­to­ria, por­que me gus­ta con­tar algo a tra­vés de la eti­que­ta. Pero no pue­do decir que todas com­par­ten algo igual, por­que no son cua­dros que yo reali­ce y don­de yo expre­se lo que sien­to. En reali­dad, trans­mi­to lo que el clien­te nece­si­ta ven­der, a tra­vés de mi dise­ño.

Mis clien­tes saben has­ta dón­de me pue­den pedir. Tra­ba­jo con ilus­tra­do­res que dibu­jan espec­ta­cu­lar y me hacen la mayo­ría de los dibu­jos de las eti­que­tas. No pue­do encar­ga­me de todos los dibu­jos, no solo por una cues­tión de volu­men, sino tam­bién por que todas mis eti­que­tas serían igua­les. Yo ten­go cua­tro chi­cos que tie­nen esti­los total­men­te dis­tin­tos, enton­ces, depen­dien­do del pro­yec­to, con­tra­to a uno o a otro. Si yo hicie­ra todos los dibu­jos, me pasa­ría lo que ocu­rre con el arte, don­de todo es muy pare­ci­do, por­que, inevi­ta­ble­men­te, uno se copia a sí mis­mo.

Enton­ces, ¿cómo cana­li­zás artís­ti­ca­men­te tu sen­tir por fue­ra del tra­ba­jo?

La ver­dad que mi tra­ba­jo me con­su­me tan­to tiem­po de crea­ti­vi­dad y explo­ra­ción que des­pués, cuan­do estoy fue­ra de eso, me rela­jo y hago depor­te. Pri­me­ro, por­que por mi tra­ba­jo dibu­jo, leo mucho mate­rial en Inter­net e inves­ti­go. Enton­ces, cuan­do quie­ro salir un poco de eso, hago depor­te. En defi­ni­ti­va, hago otras acti­vi­da­des que no tie­nen nada que ver con el arte. Me encan­ta el arte, de hecho, com­pro mucho arte y ten­go muchos ami­gos artis­tas, pero tener hobby rela­cio­na­do al arte, no.

Mi tra­ba­jo me rela­ja, me divier­te y me per­mi­te expre­sar­me a tra­vés de él. No es que ten­go que cum­plir un hora­rio o lle­nar for­mu­la­rios. Es más, me expon­go mucho a tra­vés de mi tra­ba­jo. Eso está bueno por­que es un tra­ba­jo que gene­ro des­de el cora­zón, pero, al mis­mo tiem­po, estoy expues­ta todo el tiem­po a que me digan si les gus­ta o no lo que hago. Enton­ces, cuan­do dejo de tra­ba­jar, me gus­ta estar al aire libre. Me encan­ta ir a la mon­ta­ña, no tener señal en el celu­lar y des­co­nec­tar­me de todo.

Me expre­so a tra­vés de mi tra­ba­jo”.

 

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