El inge­nie­ro agró­no­mo Car­los Giraud Billoud es el encar­ga­do de cui­dar del arbo­la­do públi­co de nues­tro com­ple­jo resi­den­cial. ÚNICO le soli­ci­tó al espe­cia­lis­ta que ela­bo­ra­ra un infor­me para res­pon­der a las con­sul­tas de los veci­nos. Las inquie­tu­des, prin­ci­pal­men­te, giran en torno de la caí­da de las hojas y las flo­res de los ejem­pla­res de pimien­to (schi­nus molle L.). Asi­mis­mo, los resi­den­tes han mani­fes­ta­do su preo­cu­pa­ción por los ata­ques de cochi­ni­lla rosa­da a esta cla­se de árbo­les.

Caí­da de hojas y flo­res del pimien­to.

El pimien­to o agua­ri­bay es un árbol de aspec­to llo­rón y de hoja peren­ne, por lo que muda su folla­je pau­la­ti­na­men­te. Este pro­ce­so de cam­bio se acen­túa des­de prin­ci­pios de la pri­ma­ve­ra has­ta fines de verano. Ello se aso­cia al ini­cio de la bro­ta­ción y la flo­ra­ción (flo­res dimi­nu­tas de color ama­ri­llo). En mar­zo la plan­ta alcan­za su perio­do de mayor fron­do­si­dad.

En los últi­mos años, se ha obser­va­do que la caí­da de hojas se rea­li­za de for­ma más inten­si­va o rápi­da que el desa­rro­llo de la bro­ta­ción. Esto se le adju­di­ca al aumen­to de las tem­pe­ra­tu­ras inver­na­les.

Por la varia­bi­li­dad gené­ti­ca que exis­te en Dal­vian (no son clo­nes), hay ejem­pla­res tan­to pre­co­ces como tar­díos en lo que res­pec­ta al cam­bio de hoja. Esta sin­to­ma­to­lo­gía de “árbol pela­do” es una carac­te­rís­ti­ca fisio­ló­gi­ca de la plan­ta y no corres­pon­de a una infec­ción pro­du­ci­da por pla­gas o enfer­me­da­des.

Cochi­ni­lla rosa­da del pimien­to (Cero­plas­tes sp)

La cochi­ni­lla rosa­da es la prin­ci­pal pla­ga del pimien­to. Su con­trol se difi­cul­ta por la capa cero­sa que cubre el cuer­po del insec­to adul­to. Por tal moti­vo, se iden­ti­fi­can dos momen­tos idea­les para apli­car insec­ti­ci­das. El pri­me­ro de ellos es cuan­do eclo­sio­nan los hue­vos. El segun­do, cuan­do las nin­fas (esta­do juve­nil) comien­zan su pro­pa­ga­ción por la plan­ta sin for­mar toda­vía su reves­ti­mien­to pro­tec­tor. Ambos fenó­me­nos se pro­du­cen al ini­cio de la pri­ma­ve­ra y media­dos de oto­ño.

Como ocu­rre con todo insec­to, el con­trol de pla­gas depen­de de las con­di­cio­nes ambien­ta­les. Es por esto que el pro­gra­ma de fumi­ga­ción de Dal­vian lle­va ade­lan­te un moni­to­reo per­ma­nen­te para detec­tar el momen­to opor­tuno para actuar. Al con­tro­lar plan­tas o focos de infec­ción de mane­ra cons­tan­te, se logra un segui­mien­to más minu­cio­so del efec­to del insec­ti­ci­da. Esto per­mi­te deter­mi­nar cuán­do rea­li­zar la pró­xi­ma apli­ca­ción. Gene­ral­men­te, ello se lle­va a cabo cada 40 días.

Entre mar­zo y octu­bre, el área de cui­da­do del arbo­la­do públi­co pul­ve­ri­zó la tota­li­dad del com­ple­jo resi­den­cial en dis­tin­tas oca­sio­nes. Actual­men­te, se lle­va ade­lan­te una acción cura­ti­va en aque­llas plan­tas infec­ta­das o focos don­de per­sis­te la pla­ga. Los agua­ri­báis son tra­ta­dos con pro­duc­tos de acción sis­té­mi­ca y de con­tac­to, todos ellos de bajo impac­to ambien­tal. No obs­tan­te, siem­pre se pro­cu­ra pre­ser­var los con­tro­les natu­ra­les, es decir, las aves y los insec­tos que se ali­men­tan de la cochi­ni­lla.

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