Une la psicología humana, las relaciones sociales y lo que nos conecta en la experiencia del convivir.

Esta­mos den­tro de un espa­cio don­de hay tran­qui­li­dad, segu­ri­dad, lim­pie­za, man­te­ni­mien­to, pul­cri­tud. Un espa­cio ver­de des­cui­da­do, trans­mi­te una idea de dete­rio­ro, de desin­te­rés, de des­preo­cu­pa­ción que va rom­pien­do códi­gos de con­vi­ven­cia, como que todo vale; con­tri­bui­mos a ello cuan­do igno­ra­mos que a tra­vés del cui­da­do de los jar­di­nes, pasear la mas­co­ta con correa y/o con­si­de­ran­do la rela­ción con el vecino, com­par­ti­mos un esti­lo de vida, coexis­ti­mos en armo­nía. Si lo que es de todos exhi­be sig­nos de dete­rio­ro y esto pare­ce no impor­tar­le a nadie, enton­ces allí, cre­ce­rá la desidia.
Si se come­ten “fal­tas” (esta­cio­nar­se en lugar prohi­bi­do, exce­der el lími­te de velo­ci­dad, des­cui­dar el jar­dín, pasear nues­tro can y no levan­tar lo que deja, pro­vo­car rui­dos moles­tos sin res­pe­tar hora­rios ni con­si­de­rar al entorno) y las mis­mas no son adver­ti­das, enton­ces comen­za­rán fal­tas mayo­res y lue­go fal­tas cada vez más gra­ves. Si los espa­cios comu­nes no se cui­da­ran, per­de­ría­mos el encan­to, la belle­za del ver­de y su sen­sa­ción de ple­ni­tud; crear espa­cios lim­pios, orde­na­dos y cui­da­dos ade­cua­da­men­te, trans­mi­te belle­za, con­ten­ción, gra­ti­tud y res­pe­to al Bien Común. Res­pe­tar al otro, comu­ni­ca reve­ren­cia a la Comu­ni­dad don­de vivi­mos, en ella está implí­ci­ta nues­tra pro­pia Fami­lia, al coope­rar en su for­ma­ción cimen­ta­mos sus valo­res, dan­do con­te­ni­do al Eco­sis­te­ma que nos con­tie­ne. El man­te­ner, cui­dar, con­tro­lar, y hacer­lo man­co­mu­na­da­men­te, es pre­ver y pro­mo­cio­nar con­di­cio­nes socia­les de tran­qui­li­dad, segu­ri­dad y con­fian­za. Se tra­ta de códi­gos bási­cos de la con­vi­ven­cia social huma­na.