El fidei­co­mi­so se ha trans­for­ma­do hoy en la herra­mien­ta jurí­di­ca por exce­len­cia para pro­te­ger cual­quier tipo de nego­cio, idea o pro­yec­to. Este ins­tru­men­to ha con­quis­tan­do, sobre todo, el mun­do de los nego­cios inmo­bi­lia­rios. Su nom­bre pro­vie­ne del latín y sig­ni­fi­ca “entre­ga de bie­nes a títu­lo de con­fian­za”. Si bien el Códi­go Civil y Comer­cial de la Nación (CCCN) dis­tin­gue entre fidei­co­mi­so ordi­na­rio y finan­cie­ro, esta nota solo remi­ti­rá al pri­me­ro.

El fidei­co­mi­so es extra­ño a nues­tro orde­na­mien­to jurí­di­co, ya que lo adop­tó del dere­cho inglés o anglo­sa­jón. Creo que esta es la cau­sa por la cual se gene­ra tan­ta con­fu­sión con res­pec­to a su apli­ca­ción, natu­ra­le­za o tra­ta­mien­to fis­cal.

FIDEICOMISO ORDINARIO

¿Qué es?

No es ni una per­so­na ni una socie­dad, sino un con­tra­to pri­va­do entre par­ti­cu­la­res. Su prin­ci­pio rec­tor es la auto­no­mía de la volun­tad, por lo tan­to, las par­tes pue­den acor­dar lo que con­si­de­ren mejor para sus intere­ses. Su úni­co lími­te son las nor­mas del orden públi­co, por ejem­plo, el dere­cho de los here­de­ros for­zo­sos a la por­ción legí­ti­ma de sus padres.

¿Para qué sir­ve?

Sir­ve como un méto­do efi­cien­te para trans­mi­tir bie­nes que serán uti­li­za­dos para cum­plir con los más varia­dos y múl­ti­ples des­ti­nos o pro­pó­si­tos. Esto con­vier­te al fidei­co­mi­so en una herra­mien­ta prác­ti­ca, ver­sá­til y útil para anti­ci­par­se y pla­ni­fi­car la reso­lu­ción de diver­sos esce­na­rios o situa­cio­nes cam­bian­tes o adver­sas. Gra­cias a esto, les brin­da pre­vi­sión, pro­tec­ción y segu­ri­dad jurí­di­ca a sus par­ti­ci­pan­tes en un país tan volá­til y con un sis­te­ma jurí­di­co tan rígi­do como el nues­tro, que siem­pre está por detrás de la reali­dad social y eco­nó­mi­ca e inten­ta legis­lar cuan­do ya es dema­sia­do tar­de.

En la mayo­ría de los casos, este ins­tru­men­to se uti­li­za en las áreas que se deta­lla­rán a con­ti­nua­ción:


Nego­cios y desa­rro­llos inmo­bi­lia­rios


Pro­tec­ción patri­mo­nial


Pla­ni­fi­ca­ción de la
heren­cia fami­liar


Pla­ni­fi­ca­ción fis­cal
inmo­bi­lia­ria

¿Quié­nes par­ti­ci­pan?

En un fidei­co­mi­so, par­ti­ci­pa un per­so­na, deno­mi­na­da fidu­cian­te, que le trans­mi­te bie­nes a otro indi­vi­duo, el fidu­cia­rio. El pri­me­ro los trans­fie­re para que el segun­do los admi­nis­tre y dis­pon­ga de ellos. Esto lo rea­li­za en favor del suje­to desig­na­do en el con­tra­to como bene­fi­cia­rio duran­te el pla­zo fija­do o según la con­di­ción esta­ble­ci­da.

¿Qué bie­nes pue­de apor­tar uno?

Cual­quier tipo de bie­nes, tan­to mate­ria­les (mue­bles e inmue­bles) como inma­te­ria­les (dere­chos). Estos for­ma­rán un patri­mo­nio sepa­ra­do del que poseen el fidu­cia­rio y el fidu­cian­te, y que solo podrá res­pon­der ante las deu­das y los pasi­vos que gene­re. Por tal moti­vo, se le asig­na un CUIT pro­pio, hecho que le otor­ga inde­pen­den­cia fis­cal del fidu­cia­rio, el fidu­cian­te y los acree­do­res.

Esto últi­mo revo­lu­cio­nó nues­tro orden jurí­di­co y la for­ma de hacer nego­cios en Argen­ti­na. Has­ta la lle­ga­da del fidei­co­mi­so, tan­to una per­so­na como una socie­dad solo podían tener un patri­mo­nio y un CUIT. En la actua­li­dad, es posi­ble encon­trar una socie­dad fidu­cia­ria con CUIT y patri­mo­nio pro­pios, pero que admi­nis­tra varios fidei­co­mi­sos, cada uno con su patri­mo­nio y CUIT.

¿Qué ven­ta­jas tie­ne?

Es apli­ca­ble a cual­quier tipo de pro­yec­tos de carác­ter eco­nó­mi­co, sean estos de índo­le inmo­bi­lia­ria, agrí­co­la, turís­ti­ca, de ser­vi­cios, pro­duc­ti­va, etcé­te­ra.

El fidu­cia­rio es due­ño del patri­mo­nio fidu­cia­rio y admi­nis­tra y dis­po­ne de los bie­nes trans­mi­ti­dos según las limi­ta­cio­nes impues­tas en el con­tra­to.

Al crear­se un patri­mo­nio sepa­ra­do, se le da una gran segu­ri­dad al inver­sor, pues el ries­go se encap­su­la y aco­ta exclu­si­va­men­te al empren­di­mien­to.

En los fidei­co­mi­sos inmo­bi­lia­rios, prin­ci­pal­men­te, solu­cio­na los pro­ble­mas de finan­cia­mien­to.

Pre­vé la incor­po­ra­ción de nue­vos fidu­cian­tes y bie­nes.

Per­mi­te la cesión de los dere­chos del bene­fi­cia­rio, sal­vo una dis­po­si­ción con­trac­tual con­tra­ria.

La trans­mi­sión de bie­nes inmue­bles del fidu­cian­te al fidu­cia­rio está exen­ta del pago de impues­tos.

Por lo expues­to, con­clu­yo que la impor­tan­cia del fidei­co­mi­so esta­rá dada por el nego­cio o la fina­li­dad sub­ya­cen­te que este alo­je. Es por esto que con­si­de­ro que esta herra­mien­ta no es “nada” —si se la con­si­de­ra como un vehícu­lo vacío, lis­to para trans­por­tar lo que nece­si­te­mos—, pero sir­ve para “todo”. por sus múl­ti­ples y varia­das apli­ca­cio­nes. Para un mejor apro­ve­cha­mien­to, es nece­sa­rio con­tar con un ase­so­ra­mien­to ade­cua­do para poder dis­po­ner de un con­tra­to que se ajus­te a la medi­da del caso con­cre­to. De lo con­tra­rio, se abu­sa­rá de esta valio­sa herra­mien­ta, ya que se le esta­rá dan­do un uso para la cual no fue crea­da.

Fede­ri­co Cas­te­llino
Escri­bano – Abo­ga­do
Direc­tor gene­ral de “Escri­ba­nía Bou­ti­que Aso­cia­dos”
fc@escribaniacastellino.com
Mar­tí­nez de Rozas 980, Ciu­dad de Men­do­za
Tel. 261 601 1234
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