Siempre es un buen momento para conectarse con ese niño que llevamos dentro.

Cuan­do habla­mos de rela­cio­nar­se con nues­tro niño interno, habla­mos de no per­der de vis­ta aque­llas vir­tu­des pro­pias de la infan­cia que, con el trans­cur­so de la vida, se van dejan­do de lado. Esas cua­li­da­des que se encuen­tran en el fue­ro más pro­fun­do y que el adul­to tie­ne la capa­ci­dad de desa­rro­llar­las para vivir ple­na­men­te.

Pero, ¿cómo lo hacemos?

Median­te el jue­go con nues­tros hijos; de esta for­ma no sólo vol­ve­mos a conec­tar con esa par­te tan impor­tan­te sino que tam­bién les trans­mi­ti­mos valo­res, prin­ci­pios y recuer­dos que ellos no olvi­da­rán.

Conectar con el niño interno ¿Qué es tu niño interior?

Es nues­tro yo más autén­ti­co, es a quien le cede­mos el timón cuan­do como adul­tos nos ren­di­mos. Es el víncu­lo que nos conec­ta con nues­tra ver­da­de­ra esen­cia. Algún psi­có­lo­go diría que es esa par­te nues­tra que logra eva­dir y bur­lar al “super­yó”.
Para poder vivir en socie­dad uno debe callar al niño inte­rior, y eso nos gene­ra neu­ro­sis y obse­sio­nes; es lo que nos hace “efi­cien­tes” para alcan­zar el éxi­to. Lo cier­to es que a veces con­fun­di­mos el éxi­to exte­rior con el inte­rior. El exte­rior pue­de medir­se en logros aca­dé­mi­cos, eco­nó­mi­cos o de poder; pero el inte­rior tie­ne que ver con la paz en tu vida y la feli­ci­dad de tu fami­lia. El éxi­to ver­da­de­ro impli­ca un equi­li­brio entre ambos. Es cier­to que la vida en gene­ral nos lle­va a bus­car más el éxi­to exte­rior, ocul­tan­do a nues­tro niño inte­rior; y por for­tu­na la vida te da una opor­tu­ni­dad enor­me de abra­zar a tu niño inte­rior, de man­te­ner feliz tu exis­ten­cia, y es sim­ple­men­te jugan­do con tus hijos.

¿Cómo jugar ?

Una de las cosas más impre­sio­nan­tes de los peque­ños, es cuan­do ellos con­tac­tan con un niño des­co­no­ci­do, dia­lo­gan, esta­ble­cen las reglas del jue­go que inven­tan sobre la mar­cha, y ellos mis­mos así, sobre la mar­cha, modi­fi­can dichas reglas a fin de que el jue­go resul­te más entre­te­ni­do. Para un adul­to no resul­ta fácil, los niños se mue­ven den­tro de códi­gos que ya hemos olvi­da­do. Por eso es que a veces jugar nos pue­de pare­cer extra­ño, mis­te­rio­so o moles­to cuan­do esta­mos muy ata­rea­dos. ¡Pero vale la pena!

Para encontrar y abrazar a tu niño interior

Es en el jue­go con tus hijos don­de, lo quie­ras o no, le com­par­ti­rás tu visión de lo que es la exis­ten­cia y cómo vivir­la. Es en el jue­go podés ense­ñar­le a mane­jar sus emo­cio­nes. Allí le trans­mi­tís tus prin­ci­pios, valo­res y creen­cias mora­les. Pero, por enci­ma de todo, es en el jue­go don­de más fácil­men­te le harás saber a tus hijos cuán­to los amás, dón­de nacen esos lazos, que hacen de un sim­ple jue­go un recuer­do que siem­pre que­da­rá en su cora­zón.