Si de bodegas se trata, ellos son los especialistas. En cada obra nos sorprenden con su exquisito gusto innovador, fusionando a la perfección la naturaleza, la industria y el turismo.

Es el estu­dio de arqui­tec­tu­ra espe­cia­li­za­do en bode­gas con más reco­no­ci­mien­tos. Se encar­gan de gene­rar espa­cios úni­cos para ser dis­fru­ta­do tan­to por los visi­tan­tes como para aque­llos que tra­ba­jan fabri­can­do nues­tro pro­duc­to emble­ma. Estas son algu­nas de sus obras más elo­gia­das inter­na­cio­nal­men­te.

BODEGA GARZÓN, URUGUAY

La bode­ga está empla­za­da en un lugar estra­té­gi­co, una suer­te de bal­cón natu­ral des­de don­de se pue­den apre­ciar la enor­me exten­sión de viñe­dos ondu­lan­tes. Como toda bode­ga con­tem­po­rá­nea no sólo hace vino sino que tie­ne un res­tau­ran­te, un bar de vino y un club de mem­bre­sía inter­na­cio­nal de muy alto nivel que tie­ne sus pri­vi­le­gios, entre ellos tener tu pro­pia cava para guar­da de vino. Ade­más hay una tien­da de mer­chan­di­sing, y una sala de usos múl­ti­ples y catas.

BODEGA KILLKA- SALENTEIN

El pilar del pro­yec­to fue gene­rar la idea de un espa­cio cul­tu­ral en el medio de la natu­ra­le­za, man­te­nien­do un pro­fun­do res­pe­to hacia el medio ambien­te. A nivel con­cep­tual, fue pen­sa­da como espa­cio cul­tu­ral, para que el visi­tan­te pudie­ra vivir la viti­vi­ni­cul­tu­ra y dis­fru­tar de la valio­sa colec­ción de arte argen­tino con­tem­po­rá­neo y holan­dés del siglo XIX y XX. De esta mane­ra, este lugar se con­vier­te en un indis­cu­ti­do espa­cio cul­tu­ral, en don­de vino y arte se unen en un ámbi­to arqui­tec­tó­ni­co úni­co.

BODEGA DIAMANDES

Esta bode­ga cuen­ta con uno de los mejo­res sis­te­mas de ela­bo­ra­ción de vinos según los exper­tos. Uno de los mayo­res desafíos del estu­dio fue el dise­ño y la cons­truc­ción de un dia­man­te que emer­ge de ese pozo monu­men­tal. Este dia­man­te debía estar en el cen­tro del edi cio a pedi­do del clien­te, ya que es el ícono de la bode­ga y fue rea­li­za­do con ten­so­res, líneas muy bri­llan­tes de ace­ro inoxi­da­ble y barras. Crean­do así ese dia­man­te trans­pa­ren­te que pare­ce otar con la cor­di­lle­ra al fon­do sin obs­truir la visión de la belle­za de la mon­ta­ña.