Investigadores del INCIHUSA estudian diseños, tecnologías y métodos que permiten aprovechar la iluminación natural en espacios exteriores, de transición e interiores, para el bienestar de las personas y reducir el gasto energético.

La pro­vin­cia de Men­do­za tie­ne un pro­me­dio de 330 días de sol al año, por lo que el apro­ve­cha­mien­to de este recur­so es pri­mor­dial para redu­cir el con­su­mo ener­gé­ti­co y dis­mi­nuir el impac­to ambien­tal. Inves­ti­ga­do­res del Labo­ra­to­rio de Ambien­te Humano y Vivien­da, del Ins­ti­tu­to de Cien­cias Huma­nas, Socia­les y Ambien­ta­les (INCIHUSA-CONICET) dedi­can su tra­ba­jo a estu­diar, y desa­rro­llar dise­ños y tec­no­lo­gías, que per­mi­ten apro­ve­char la ener­gía solar pasi­va con espe­cial aten­ción en los sec­to­res de inte­rés social y edi­fi­cios públi­cos. La preo­cu­pa­ción cen­tral de este gru­po es el desa­rro­llo del hábi­tat y su rela­ción con las ener­gías reno­va­bles. Andrea Pat­ti­ni, Inves­ti­ga­do­ra Prin­ci­pal de CONICET y jefa del gru­po expli­ca que los pro­yec­tos que lle­van a cabo bus­can la “sus­ten­ta­bi­li­dad ener­gé­ti­ca y ambien­tal del hábi­tat, apro­ve­chan­do las ener­gías reno­va­bles dis­po­ni­bles para el bien­es­tar de las per­so­nas”, y en ese con­tex­to, estu­dian la for­ma en que el recur­so solar en las zonas ári­das pue­de apro­ve­char­se median­te el dise­ño y la tec­no­lo­gía apro­pia­da en la cons­truc­ción del hábi­tat, “en el Labo­ra­to­rio una de las líneas de inves­ti­ga­ción es la ilu­mi­na­ción natu­ral, una par­te de nues­tras inves­ti­ga­cio­nes tie­ne que ver con una mira­da tec­no­cén­tri­ca: cómo el dise­ño y las tec­no­lo­gías per­mi­ten apro­ve­char la luz natu­ral y redu­cir los con­su­mos ener­gé­ti­cos, y otra par­te, se foca­li­za en el impac­to que tie­ne la luz natu­ral en las per­so­nas”. “El pun­to de par­ti­da para nues­tro tra­ba­jo -des­ta­ca la inves­ti­ga­do­ra- era cono­cer cuán­ta luz natu­ral tenía­mos dis­po­ni­ble en Men­do­za, lo cual era muy difí­cil por­que las esta­cio­nes meteo­ro­ló­gi­cas no miden ilu­mi­nan­cia, y las esta­cio­nes sola­ri­mé­tri­cas miden radia­ción solar, pero no en la ban­da del visi­ble”. Por este moti­vo, el gru­po puso en fun­cio­na­mien­to una esta­ción de medi­ción de ilu­mi­na­ción y radia­ción, homo­lo­ga­ble con las que regis­tran el recur­so solar y lumí­ni­co en el res­to del mun­do; “medi­mos minu­to a minu­to ilu­mi­nan­cia e irra­dian­cia glo­bal y difu­sa, lo que nos per­mi­te tener una expe­rien­cia de cuán­ta luz natu­ral dis­po­ne nues­tra región, y como varía a lo lar­go del día y de las esta­cio­nes del año, y com­pa­rar los datos de luz visi­ble que lle­gan del sol y del cie­lo con otras regio­nes del pla­ne­ta”. Tener un regis­tro aca­ba­do del cau­dal de luz natu­ral le per­mi­tió a los inves­ti­ga­do­res del Gru­po enfo­car sus inves­ti­ga­cio­nes en pro­duc­cio­nes tec­no­ló­gi­cas y dise­ños que res­pe­ten las carac­te­rís­ti­cas cli­má­ti­cas: “En el labo­ra­to­rio, lo que tra­ta­mos siem­pre es que se ten­ga en cuen­ta el prin­ci­pio de bio­cli­ma­to­lo­gía, es decir, per­mi­tir la entra­da de luz natu­ral pero cui­dan­do el con­fort tér­mi­co (calen­ta­mien­to y el enfria­mien­to natu­ral de los espa­cios). Siem­pre hay una situa­ción de com­pro­mi­so entre can­ti­dad, tipo y dis­tri­bu­ción de luz, y acon­di­cio­na­mien­to tér­mi­co”, expli­ca.

Hay dis­tin­tas for­mas de apro­ve­char la luz diur­na: una de ellas, es trans­por­tar la luz natu­ral hacia el inte­rior de un espa­cio que no tie­ne ven­ta­nas al exte­rior -des­ta­ca Pat­ti­ni-. Esto se pue­de hacer por medio de arte­fac­tos deno­mi­na­dos lumi­duc­tos; hay una gran varie­dad de dise­ños que per­mi­ten ilu­mi­nar peque­ños espa­cios, o gran­des edi­fi­cios. Otra, es a tra­vés de ven­ta­nas y el dise­ño apro­pia­do para el con­trol solar, su redi­rec­ción y su difu­sión inte­rior com­ple­men­ta­ria. Cual­quier sis­te­ma de ilu­mi­na­ción natu­ral pue­de ser dise­ña­do para cada tipo­lo­gía de cons­truc­ción, la tec­no­lo­gía ofre­ce un varia­do aba­ni­co de posi­bi­li­da­des y siem­pre debe estar en fun­ción de la orien­ta­ción de la aber­tu­ra, del cli­ma, y del tipo de uso o tarea visual que se rea­li­za­rá en el espa­cio, sea inte­rior o exte­rior”. En el Labo­ra­to­rio tra­ba­jan en el dise­ño de pro­to­ti­pos de lumi­duc­tos, y sis­te­mas de con­trol y redi­rec­ción solar, adap­ta­bles a dife­ren­tes reali­da­des eco­nó­mi­cas. Al hablar sobre los cos­tos la inves­ti­ga­do­ra acla­ra: “en el dise­ño, en la tec­no­lo­gía que uti­li­ce­mos y en la orien­ta­ción del edi­fi­cio va estar el balan­ce del cos­to y su bene­fi­cio. Hay una ten­den­cia inter­na­cio­nal en el dise­ño de facha­das que indi­ca que más vidrio es más luz, eso es erró­neo, más vidrio (en los cli­mas solea­dos) sig­ni­fi­ca más ener­gía con­su­mi­da, por­que ingre­sa al espa­cio calor no desea­do en verano; y en invierno, los espa­cios muy vidria­dos y no pro­te­gi­dos, en algu­nas orien­ta­cio­nes, hacen nece­sa­ria mucha cale­fac­ción. Como con­se­cuen­cia, los edi­fi­cios muy vidria­dos en nues­tras regio­nes gene­ran refle­xio­nes exte­rio­res com­ple­jas y moles­tas, y los usua­rios de los espa­cios inte­rio­res deben com­pen­sar con ener­gía auxi­liar (gas o elec­tri­ci­dad) para lle­gar a la tem­pe­ra­tu­ra de con­fort. Actual­men­te, entre otras trans­fe­ren­cias en cur­so, el equi­po del Labo­ra­to­rio de Ambien­te Humano y Vivien­da se encuen­tra tra­ba­jan­do jun­to al Ins­ti­tu­to Argen­tino de Nor­ma­li­za­ción y Cer­ti­fi­ca­ción (IRAM), en la nor­ma de Ven­ta­nas Exte­rio­res – Par­te 6: Eti­que­ta­do ener­gé­ti­co de ven­ta­nas, que per­mi­ti­rá cla­si­fi­car­las según su com­por­ta­mien­to ener­gé­ti­co en fun­ción de su capa­ci­dad de con­tro­lar las pér­di­das tér­mi­cas y las ganan­cias sola­res: “esta­mos avan­zan­do en la defi­ni­ción de los índi­ces y pro­po­nien­do un modo de cal­cu­lar el balan­ce ener­gé­ti­co de ven­ta­nas exte­rio­res que sea sen­si­ble a los dis­tin­tos cli­mas de la Argen­ti­na, y a las tec­no­lo­gías y dise­ños más fre­cuen­tes, siguien­do un pro­ce­so simi­lar al que en nues­tro país se reali­zó para eti­que­tar la efi­cien­cia ener­gé­ti­ca de elec­tro­do­més­ti­cos”. “Men­do­za tie­ne una impor­tan­te can­ti­dad de luz natu­ral, tene­mos que tomar la deci­sión de apro­ve­char­la, por el bien­es­tar de las per­so­nas y para cui­dar la ener­gía y el ambien­te. La for­ma más sus­ten­ta­ble de usar la luz natu­ral es uti­li­zar­la para ilu­mi­nar. Así como un arte­fac­to de ilu­mi­na­ción arti­fi­cial tie­ne como fuen­te de ener­gía a la ener­gía eléc­tri­ca, un arte­fac­to de ilu­mi­na­ción natu­ral (lumi­duc­to, sis­te­ma ventana/control solar) tie­ne como fuen­te de ener­gía la luz del sol y del cie­lo”, con­clu­yó.

Nota Gen­ti­le­za Coni­cet