La adolescencia es una etapa llena de descubrimientos, intensidad, confusión, de crecimiento, cargada de cambios físicos y psicológicos.

Es nece­sa­rio que la fami­lia se adap­te pero no hay razón para que deje de ser una eta­pa mara­vi­llo­sa y sí, tam­bién se pue­de dis­fru­tar de los hijos ado­les­cen­tes!

¿Qué hacer como padres?

Reco­no­cer­lo y valo­rar­lo: Él agra­de­ce­rá que pon­gás aten­ción en lo que si hace y no insis­tás en lo que no. ¡Cele­brá tam­bién sus acier­tos!
Dejar que se equi­vo­que Nece­si­ta pro­bar, expe­ri­men­tar, acer­tar y equi­vo­car­se. For­má par­te de su apren­di­za­je, nece­si­ta saber que con­fías en él o en ella.
Poner lími­tes. Hacer pac­tos Los lími­tes siguen sien­do impor­tan­tes. Pero, res­pe­tá que está cre­cien­do, que empie­za a ser autó­no­mo y nece­si­ta más liber­tad. Empa­ti­zar no sig­ni­fi­ca que estés de acuer­do, sig­ni­fi­ca que lo com­pren­dés.
Demos­trá tu sen­ti­do del humor. Reír­te con ellos es una de las cosas mági­cas que pode­mos hacer con ellos. Si que­rés encon­trar el pun­to por don­de lle­gar­les, con humor habre­mos gana­do una bata­lla.
Res­pe­tar su inti­mi­dad. Es como si nece­si­ta­ra des­pe­gar­se de vos y así poder cre­cer con su pro­pia indi­vi­dua­li­dad; aun­que eso no sig­ni­fi­ca que no debas pres­tar­le aten­ción, todo lo con­tra­rio, ¡Te sigue nece­si­tan­do! Intere­sa­te por sus ami­gos, lo que escu­cha y ve. Es decir, que no pien­se que es un inten­to de con­trol, que vea un inte­rés sin­ce­ro por lo suyo.
Pedi­le su opi­nión. Pre­gun­ta­le qué pien­sa y opi­na de asun­tos fami­lia­res o de cual­quier tema en gene­ral. Hace­lo par­tí­ci­pe de las deci­sio­nes fami­lia­res, es una mues­tra de con­fian­za, una mane­ra para que asu­ma tam­bién sus nue­vas res­pon­sa­bi­li­da­des.
No dar ser­mo­nes. Al igual que los padres, no lo sopor­tan y es difí­cil que te escu­chen. Uti­li­zá his­to­rias per­so­na­les con apren­di­za­je, expli­ca­le lo que te pasa, lo que sen­tís, tus dudas… Te sor­pren­de­rá la cone­xión que harán y la com­pli­ci­dad que se crea­rá en futu­ras oca­sio­nes.
Si cui­dás la rela­ción con tu ado­les­cen­te será más fácil y lle­va­de­ro. Recor­dá que vos tam­bién lo fuis­te algu­na vez, ¿qué te hubie­ra gus­ta­do cam­biar?, ¿qué man­ten­drías? Cier­to es que ser padre no es tarea menor, pero ser ado­les­cen­te tam­bién es com­pli­ca­do.