Esteban es un divulgador científico apasionado de la astronomía. Nos explica sobre el descubrimiento de nuevos planetas extrasolares y la posibilidad que la humanidad exista fuera de la Tierra.

Mi afi­ción por la astro­no­mía empe­zó de muy chi­co con Cos­mos de Carl Sagan y con algu­nos de libros que me rega­la­ban mis padres. Allá por los 15 años empe­cé a cons­truir mi pri­mer teles­co­pio, yo vivia aca en Men­do­za. Había una cris­ta­le­ría lla­ma­da Fuer­te Reig; el señor Reig era un señor mayor que fomen­ta­ba estas acti­vi­da­des de inte­rés, él cor­ta­ba cris­ta­les cir­cu­la­res (el úni­co en Men­do­za que lo hacía) qué es lo bási­co para hacer teles­co­pios y te ense­ña­ba a cons­truir­los. Así fue cómo a los 15 años tuve mi pri­mer teles­co­pio y pude ver por pri­me­ra vez los ani­llos de saturno.
Des­pués el des­tino labo­ral me lle­vó a tra­ba­jar en una empre­sa de tec­no­lo­gía. La casua­li­dad fue que tra­ba­ja­ba para Sili­con Grap­hics, una com­pa­ñía que se espe­cia­li­za­ba en visua­li­za­ción, uti­li­za­ba unas compu­tado­ras que fue­ron las pri­me­ras en ser ocu­pa­das para la rea­li­za­ción de pelí­cu­las ani­ma­das de Pixar. Con ellas se reali­zó el tras­pa­so de la tec­no­lo­gía analó­gi­ca a la digi­tal del obser­va­to­rio de Nue­va York en el cual fui par­ti­ci­pe de dicho pro­yec­to.
Pos­te­rior­men­te tuve un paso por Bra­sil y lue­go vol­ví a Argen­ti­na para tra­ba­jar en el gobierno de Teler­man en un pro­yec­to para rea­li­zar el pla­ne­ta­rio de Bue­nos Aires del cual estu­ve a car­go del mana­ge­ment como coor­di­na­dor gene­ral y mi expe­rien­cia en astro­no­mía me sir­vió mucho.
Así empe­zó un lar­go roman­ce que había ini­cia­do en mi ado­les­cen­cia y ter­mi­nó con­mi­go mane­jan­do el pla­ne­ta­rio de Bue­nos Aires. Es una expe­rien­cia encan­ta­do­ra ver a los chi­cos inter­ac­tuan­do y apren­dien­do.

Pla­ne­ta­rio de Bs As

Un planetario en Mendoza

En Men­do­za debe­ría haber un pla­ne­ta­rio, hay uno en malar­güe, uno en San Luis y en Men­do­za no lo hay. Yo estoy empu­jan­do para que exis­ta uno acá; con ellos podés mos­trar cómo nació la Luna, que sur­gió de la coli­sión entre la Tie­rra y un pla­ne­ta como Mar­te y eso es muy impor­tan­te para nues­tra exis­ten­cia en la Tie­rra. Por eso el pla­ne­ta­rio es una gran expe­rien­cia para los chi­cos, que muchas veces a gene­ra­do gran­des pro­fe­sio­na­les. Ten­go ami­gos argen­ti­nos en la Nasa, como Pablo de León, que han comen­za­do su pasión median­te su visi­ta al pla­ne­ta­rio y lue­go han cum­pli­do esto que es un sue­ño para muchos.
Ade­más se pue­de rea­li­zar un museo, las gran­des agen­cias espa­cia­les cola­bo­ran mucho con estos pro­yec­tos, hacien­do pro­pa­gan­da, donan­do o pres­tan­do mate­ria­les, tra­jes por ejem­plo. Sería un cen­tro del espa­cio muy intere­san­te que podría ser ren­ta­ble tam­bién, pero más allá de eso alen­ta­ría las voca­cio­nes cien­tí­fi­cas.

Mirando al cielo

Los astró­no­mos que hoy miran el cie­lo son afi­cio­na­dos, los pro­fe­sio­na­les actual­men­te tra­ba­jan con compu­tado­ras con gran­des obser­va­to­rios, inclu­so de for­ma de remo­ta. Se tra­ba­ja con expo­si­cio­nes lar­gas, de cua­tro a quin­ce horas, don­de des­pués se pro­ce­sa esa infor­ma­ción por compu­tado­ras . Ya ha deja­do de ser esa cosa román­ti­ca de Gali­leo miran­do a tra­vés de una miri­lla. Hay astró­no­mos afi­cio­na­dos, que no son titu­la­dos ofi­cial­men­te, pero que son los des­cu­bren por medio de la obser­va­ción pacien­te en cie­los lim­pios como los que tene­mos en nues­tra pro­vin­cia.
El astró­no­mo afi­cio­na­do sigue sien­do hoy en día un per­so­na­je sin reco­no­ci­mien­to aca­dé­mi­co, pero son los que miran al cie­lo como antes y muchas veces hacen des­cu­bri­mien­tos median­te la obser­va­ción direc­ta. Hoy exis­ten teles­co­pios para afi­cio­na­dos con bue­na poten­cia. La téc­ni­ca uti­li­za­da para obser­var y ubi­car las estre­llas, gala­xias o pla­ne­tas aún sigue sien­do com­ple­ja por­que hay que tener en cuen­ta la rota­ción de la tie­rra entre muchas otras varia­bles, se deben de ayu­dar median­te car­tas don­de uno pue­de ayu­dar­se para saber don­de apun­tar el teles­co­pio.
Tam­bién están los astro­fo­tó­gra­fos, una de las expe­rien­cias más lin­das que tie­ne la astro­no­mía. Diri­gen el teles­co­pio hacia la región don­de se encuen­tra esa gala­xia, la cual no se pue­de ver a sim­ple vis­ta y lue­go de cua­tro o cin­co minu­tos de expo­si­ción y gra­cias a un  motor que com­pen­sa el movi­mien­to de la tie­rra, una cáma­ra toma todos los foto­nes que lle­gan des­de ese sitio posi­bi­li­tan­do el tomar una foto­gra­fía de una gala­xia que no esta­ba allí a sim­ple vis­ta.

A espaldas del cielo

Una cosa muy intere­san­te de la astro­no­mía, es que el uni­ver­so empe­zó sien­do hidró­geno y helio. Todos los ele­men­tos que for­man par­te de nues­tro uni­ver­so, por ejem­plo el car­bono en el cual se basa nues­tra vida, está for­ma­do por estos ele­men­tos pro­ve­nien­tes de una estre­lla de pri­me­ra gene­ra­ción. Osea que se somos pol­vo de estre­llas. Y de algu­na mane­ra, como dice Carl Sagan, somos el uni­ver­so pre­gun­tan­do­se a si mis­mo sobre su ori­gen.
Hay una fas­ci­na­ción en la astro­no­mía impre­sio­nan­te. Actual­men­te ano­ta­mos al pla­ne­ta­rio de Bs As en la Inter­na­tio­nal Pla­ne­ta­rium Society por­que en el sur no hay muchos pla­ne­ta­rios impor­tan­tes, sólo está el de Capi­tal Fede­ral y el de Aus­tra­lia, los demás son del nor­te. Una cosa que la gen­te no sabe o no se pone a pen­sar que el cie­lo del sur es muy dife­ren­te al del nor­te, cam­bia la pers­pec­ti­va y se pue­den ver un espa­cio dis­tin­to. La gen­te del nor­te se está per­dien­do todo un pano­ra­ma; los cie­los del nor­te son muy cono­ci­dos, pero los del sur los des­cu­brió Colón cuan­do pasó el Ecua­dor. Si te fijás los nom­bres de la cons­te­la­cio­nes zodia­ca­les (pro­ve­nien­tes del ecua­dor y que casi todos pode­mos obser­var) y del nor­te tie­nen nom­bres pro­ve­nien­tes de la mito­lo­gía grie­ga, roma­na y babi­ló­ni­ca; los nom­bres del sur tie­nen que ver con el siglo del des­cu­bri­mien­to euro­peo, eran cons­te­la­cio­nes que no se habían vis­to nun­ca antes.  Por ejem­plo noso­tros no vemos la estre­lla polar, la que nun­ca se mue­ve por­que se encuen­tra ubi­ca­da jus­to en el eje del polo de la Tie­rra.
Por eso en el Pla­ne­ta­rio mon­ta­mos un espec­tácu­lo turís­ti­co pen­sa­do en la gen­te del nor­te y le decía­mos: “¿Quie­re cono­cer el cie­lo del sur?, ven­ga con noso­tros”. Y la gen­te se intere­sa­ba por­que podía ver las nubes de maga­lla­nes y otras cons­te­la­cio­nes que son sólo del sur. Si hicié­ra­mos un show con los mitos del sur vin­cu­la­do con su refe­ren­tes celes­tia­les, sería increí­ble.
En un momen­to aus­pi­cié un pro­yec­to que se lla­ma Etnoas­tro­no­mía, el con­duc­tor del pro­gra­ma era un astró­no­mo y antro­pó­lo­go que se dedi­có toda la vida a estu­diar las his­to­rias de los wichis y de los abo­rí­ge­nes de la Argen­ti­na. La cos­mo­gra­fía de los habi­tan­tes ori­gi­na­rios es dife­ren­te; los mitos que ellos pro­yec­tan en el cie­lo no son los que esta­mos acos­tum­bra­dos a escu­char. Estos mitos o leyen­das son muy intere­san­tes e inclu­yen al alga­rro­bo, la Madre de Fue­go o al ñan­dú; estos son mitos reales, mitos vivos que las per­so­nas aún usan para cul­ti­var o para sus cul­tos reli­gio­sos. Es astro­no­mía viva, en com­pa­ra­ción con aque­llos que que­da­ron en desuso de los anti­guos grie­gos por ejem­plo, y que se encon­tró ais­la­da has­ta el 1500.
Ten­go unos cole­gas que han desa­rro­lla­do un pro­yec­to en Malar­güe, en el cual bus­can y estu­dian los petro­gli­fos deja­dos por los nati­vos los cua­les habla­ban de las cons­te­la­cio­nes del sur.
-Si bien todo lo impor­tan­te refe­ri­do hacia estas comu­ni­da­des abo­rí­ge­nes lo asen­ta­ban en pie­dras, ¿hay sufi­cien­te mate­rial como para for­mu­lar con­cep­tos com­ple­tos sobre su visión del cos­mos?, ¿cuál sería el sen­ti­do de estu­diar esta infor­ma­ción? 
Sí, sí la hay. Pero más allá de eso, lo impor­tan­te es que no sabre­mos si la hay si no inves­ti­ga­mos. Es por eso que debe­mos apro­ve­char los recur­sos con los que con­ta­mos, tene­mos un cie­lo lim­pio y per­fec­to para obser­var, un pla­ne­ta­rio no es tan cos­to­so ade­más. Pero lo peor que pode­mos hacer es no inves­ti­gar estas cues­tio­nes que nos ayu­dan a com­pren­der un poco más sobre noso­tros mis­mos y nues­tros orí­ge­nes.
La divul­ga­ción cien­tí­fi­ca sir­ve, hace que la gen­te pien­se en cosas más gran­des, hace que la gen­te levan­te los ojos al cie­lo y entien­dan que somos todos veci­nos. Des­de el cie­lo las fron­te­ras no se ven, no exis­ten. Y creo que par­te de unir­nos como civi­li­za­ción es com­pren­der eso, que como decía Carl Sagan “Somos un páli­do pun­to azul per­di­do en el uni­ver­so”. Nues­tra peque­ña his­to­ria de gue­rras mise­ria y envi­dia se encuen­tra en un peque­ño pun­to azul que está a la deri­va en una estre­lla per­di­da que se encuen­tra muy lejos de ser el cen­tro de nada y ni siquie­ra somos el úni­co pla­ne­ta habi­ta­ble.

Habitabilidad y nuevos planetas

Has­ta hace vein­te años pen­sa­mos que éra­mos el úni­co pla­ne­ta con las sufi­cien­tes carac­te­rís­ti­cas para alber­gar la vida. has­ta que se des­cu­brió el pri­mer pla­ne­ta extra­so­lar.
-¿Cómo se des­cu­bren estos pla­ne­tas?
La mayo­ría se des­cu­bren median­te la obser­va­ción indi­rec­ta, la cur­va de luz de una estre­lla se sigue con el obser­va­to­rio Kepler. Esta cur­va es muy esta­ble, en cuan­to algo atra­vie­sa esta luz emi­ti­da entre la estre­lla y noso­tros de una mane­ra más o menos cons­tan­te o repe­ti­ti­vo nos indi­ca que se tra­ta de un pla­ne­ta. Si bien ya se ha podi­do ver alguno direc­ta­men­te al momen­to de des­cu­brir­lo sólo te das cuen­ta por­que la can­ti­dad de luz que nos lle­ga se redu­ce leve­men­te en inter­mi­ten­cias cons­tan­tes.

 
 
 
 
 
 
 
-¿Qué tan lejos están estos pla­ne­tas? 
Se encuen­tran a 20 años luz, unos 193 mil millo­nes de kiló­me­tros. Pue­de ser decep­cio­nan­te saber que en reali­dad no los vemos sino que sabe­mos de ellos por evi­den­cia indi­rec­ta debi­do a esta leja­nía con res­pec­to a ellos; pero la cien­cia siem­pre fun­cio­nó así de hecho tam­po­co hemos vis­to nun­ca un áto­mo.
-Exis­te un para­le­lis­mo enton­ces, entre los áto­mos y los inmen­sos pla­ne­tas que se encuen­tran a millo­nes de años luz, de nin­guno de ambos sabe­mos lo sufi­cien­te.  
Total­men­te, hay una teo­ría que nos dice que esta­mos, hablan­do de esca­las, entre los más chi­co en mate­ria y lo más gran­de como los pla­ne­tas. Qui­zá sea una coin­ci­den­cia, qui­zá no.
Otra for­ma de iden­ti­fi­car al pla­ne­ta es ver si el sol osci­la. Por ejem­plo, Júpi­ter que tie­ne la mis­ma masa que el res­to del sis­te­ma solar y se pue­de apre­ciar en él que en reali­dad que este pla­ne­ta y nues­tro sol giran jun­tos entorno a un eje cen­tral del sis­te­ma solar logran­do que el sol se mue­va tam­bién por efec­to de Júpi­ter y su gra­ve­dad. Por eso lo que pri­me­ro des­cu­bri­mos fue­ron gigan­tes gaseo­sos debi­do a que tenían más tama­ño para tapar luz y a la vez gene­ra­ban una osci­la­ción de la estre­lla a la cual se esta­ba estu­dian­do. Eso fue en 1998.
Actual­men­te se sabe de 4600 pla­ne­tas extra­so­la­res, los pri­me­ros 1000 fue­ron estos gigan­tes gaseo­sos. Las gran­des noti­cias comen­za­ron cuan­do al poder desa­rro­llar más tec­no­lo­gía pudi­mos encon­trar pla­ne­tas terro­sos y muchos de estos pla­ne­tas, algu­nos muy pro­me­te­do­res, están en sis­te­mas sola­res bina­rios for­ma­dos por dos soles o enanas marro­nes (gigan­tes gaseo­sos simi­la­res a Júpi­ter que no lle­gan a ser soles pero emi­ten calor). Sería una locu­ra ima­gi­nar­se vivien­do en un pla­ne­ta con dos soles, uno se pre­gun­ta en qué podría evo­lu­cio­nar la vida ahí.

¿Qué buscamos afuera?

La gran bús­que­da de pla­ne­tas extra­so­la­res se tra­ta de bus­car la vida, un lugar don­de exis­ta la vida como noso­tros la cono­ce­mos y un lugar para poder ir como huma­ni­dad. Por eso el sis­te­ma Trap­pist con sie­te pla­ne­tas terres­tres, con posi­bi­li­dad de con­te­ner agua líqui­da, que es el medio por el cual se sus­ten­ta la vida como la cono­ce­mos es el prin­ci­pal can­di­da­to de estu­dio. Ojo que tam­bién hay pla­ne­tas que el anhí­dri­do car­bó­ni­co podría ser líqui­do y este tam­bién podría ser fuen­te de vida ¿por qué tene­mos que pen­sar que la vida sólo fun­cio­na en agua? Qui­zá el error está en cómo esta­mos bus­can­do vida, a lo mejor no la esta­mos vien­do, ¿por qué no pue­de exis­tir vida gaseo­sa? Estas son ideas que si tenían Carl Sagan, Asi­mov y Art­hur Clark.
El tiem­po que exis­te el uni­ver­so (13.800 a 14 mil millo­nes de años) es tan gran­de que a noso­tros nos cues­ta pen­sar la can­ti­dad de veces que el expe­ri­men­to se lle­vó a cabo. Nues­tra exis­ten­cia es un pes­ta­ñeo; los dino­sau­rios rei­na­ron cien millo­nes de años, el ser humano lle­va un millón de años. Por eso digo que esta­mos bus­can­do vida de una for­ma muy mio­pe, en agua, bac­te­rias; ¿por qué no pudo haber habi­do vida en base a nitró­geno o en el sili­cio?
Por otro lado y entran­do en terri­to­rio filo­só­fi­co ¿qué es lo que nos dis­tin­gue como una civi­li­za­ción inte­li­gen­te y en que ter­mi­na una?, ¿la cons­cien­cia? Por eso creo que la divul­ga­ción cien­tí­fi­ca ayu­da a la socie­dad por­que expan­de nues­tra con­cien­cia, para plan­tear­nos des­de un pun­to por lo menos eco­ló­gi­co y  dar­nos cuen­ta que no pode­mos ensu­ciar el agua que des­pués toma­mos, como míni­mo. Vol­vien­do al tema : ¿y si una civi­li­za­ción pudo migrar su cons­cien­cia a máqui­nas? o al entra­ma­do espa­cio tem­po­ral. ¿Qué esta­mos bus­can­do?, ¿bac­te­rias? podría­mos abrir un poco más la men­te. Yo no pro­pon­go esto como cien­tí­fi­co sino como espe­cu­la­dor filo­só­fi­co. Esta­mos bus­can­do ade­más una civi­li­za­ción que entre en el millón de años de vida como noso­tros, ¿qué pasa­ría con una civi­li­za­ción vivie­ra mil millo­nes de años? Hay que hacer­se esas pre­gun­tas, no vaya a ser que este­mos miran­do pero no este­mos vien­do.
Lo con­cre­to, real y tan­gi­ble es bus­car vida en pla­ne­tas pare­ci­dos al nues­tro, para saber si la vida apa­re­ció en otro momen­to y yo creo que sí. Pero aún no nos hemos cru­za­do con nada vivo fue­ra de la tie­rra y eso me lle­va a un pen­sa­mien­to: lo valio­sa que es la tie­rra.
-¿Por qué esta­mos bus­can­do vida fue­ra de la Tie­rra?
Por­que es insen­sa­to pen­sar que la úni­ca for­ma de vida está en la Tie­rra y segun­do es peli­gro­so tener todos los hue­vos en una canas­ta. La uni­ca reser­va de la Huma­ni­dad es la Tie­rra.

Plan B, un backup para la humanidad

Si cae un meteo­ri­to, una epi­de­mia, una muta­ción de virus des­con­tro­la­da, des­apa­re­ce­mos como espe­cie. Debe­mos tener una con­cien­cia como huma­ni­dad y decir “deje­mos de gas­tar dine­ro en gue­rra y ase­gu­rar nues­tro futu­ro”. Hay vario pro­yec­tos intere­san­tes, por ejem­plo un ban­co gené­ti­co en la Luna. Step­hen Haw­king dijo que sin en 100 años no sali­mos de la tie­rra, nues­tra exis­ten­cia que­da­rá com­pro­me­ti­da.
En nues­tra gené­ti­ca está el ser des­cu­bri­dor, ser un colono. Cuan­do no la huma­ni­dad se ale­jó de las gue­rras, esas épo­cas fue­ron las de mayor avan­ces cien­tí­fi­cos. Actual­men­te hemos des­cu­bier­to un pla­ne­ta en Pró­xi­ma Cen­tau­ri a 4 años luz. Si bien es mucho, es el más cer­cano y pue­de ser habi­ta­ble. El des­cu­brir cómo colo­ni­zar un pla­ne­ta, la Luna o lo que fue­re es la mejor sali­da para la per­sis­ten­cia de la espe­cie huma­na y esta­mos gené­ti­ca­men­te dise­ña­dos para per­sis­tir y evo­lu­cio­nar.
Si vol­ve­mos a una cam­pa­ña épi­ca de colo­ni­za­ción se aca­ba­rían las gue­rras, serían recur­sos mucho mejor gas­ta­dos. Hoy la Tie­rra pro­du­ce 2 ó 3 veces la can­ti­dad nece­sa­ria para ali­men­tar a toda la pobla­ción y toda­via hay gen­te que mue­re de ham­bre en el mun­do. La carre­ra espa­cial no es un derro­che, nos ha dado ade­lan­tos inme­dia­tos como paña­les des­car­ta­bles, comi­da des­hi­dra­ta­da y tan­tas cosas más; y tam­bién nos da una visión sin fron­te­ra y de huma­ni­dad.
-¿Cuán­do podría­mos empe­zar a colo­ni­zar otros luga­res?, ¿se pue­de sus­ten­tar la vida en un lugar sin atmós­fe­ra?
Creo que en 20 años pro­ba­ble­men­te ten­ga­mos una colo­nia en la Luna o en Mar­te, La Tie­rra es es un sis­te­ma muy deli­ca­do que flo­ta en el vacío, se pue­de repli­car. Hemos sido capaz de gene­rar una bur­bu­ja de vida de gen­te que fue a la Luna y vol­vió viva hace 50 años. Ya hemos des­cu­bier­to agua en Mar­te en for­ma líqui­da y sóli­da, se pue­de gene­rar una bur­bu­ja habi­ta­ble en este pla­ne­ta uti­li­zan­do el mis­mo agua para obte­ner oxí­geno y cul­ti­var plan­tas o uti­li­zar el com­bus­ti­ble de los cohe­tes (oxi­geno e hidro­geno) con un pro­ce­so algo más o menos pare­ci­do a la pelí­cu­la Mars de Matt Damon.
Aquí les reco­mien­do leer una nota ante­rior de Revis­ta Úni­co lla­ma­da “Papas en Mar­te sal­va­ción para la Tie­rra”. 
Y como un dato extra podría decir­te que del 99% de las for­mas de vidas que exis­tie­ron en este pla­ne­ta están extin­tas somos el 1% res­tan­te. Somos la pri­me­ra espe­cie en la faz de la Tie­rra que tie­ne en sus manos su pro­pia super­vi­ven­cia. Por eso bus­ca­mos vida en otro pla­ne­ta.