¿Cómo surgió la elaboración de esta pasión tan nuestra? Te contamos cómo fue descubierta la planta madre, su adaptación al mundo del hombre y la rami cación en las variedades que hoy en día conocemos y disfrutamos.

Para comen­zar a saber cómo sur­gió esta gran pasión la cual com­par­ti­mos con gran par­te de la pobla­ción de nues­tra pro­vin­cia debe­mos situar­nos en el momen­to pre­ci­so en el que el des­cu­bri­mien­to de la vid tuvo lugar:
De entre la den­sa vege­ta­ción, un gru­po de caza­do­res y reco­lec­to­res del Neo­lí­ti­co des­cu­brían una suer­te de arbus­tos tre­pa­do­res con lia­nas que alcan­za­ban has­ta los trein­ta metros. De ellas col­ga­ban unos fru­tos que se des­ta­ca­ban por su tama­ño y diver­si­dad de colo­res seduc­to­res. Alguien, en algún lugar, pron­to obser­va­ría que estos fru­tos no sólo tenían un gus­to agra­da­ble, sino que ade­más se podían alma­ce­nar en sus mis­mas cue­vas, tal y como hacían con el res­to de ali­men­tos. Pre­vi­sión para el duro invierno. Secos y pasi cados, aque­llos fru­tos eran de un dul­zor total­men­te nue­vo.
Pron­to, aquel gru­po apren­dió a iden­ti car el momen­to de mayor madu­rez del fru­to para su reco­lec­ción. De ese modo se ini­cia­ba la aven­tu­ra de la viti­cul­tu­ra. De hecho, pode­mos a rmar que, de entre los fac­to­res que con­ver­gie­ron en la tran­si­ción del hecho nóma­da al seden­ta­ris­mo, el paso de vides sil­ves­tres a vides cul­ti­va­das y su pos­te- rior iden­ti cación varie­tal, repre­sen­ta un hecho dife­ren­cial.

Identificación, migración, hibridación

Es en la Trans­cau­ca­sia, región que com­pren­de des­de la Euro­pa Meri­dio­nal has­ta Asia Menor don­de, el seden­ta­ris­mo arrai­ga y lue­go se expan­de. El cul­ti­vo de la vid se ini­cia con vides sil­ves­tres de la fami­lia lam­brus­ca, una plan­ta feme­ni­na cuyo fru­to con­cen­tra una ele­va­da aci­dez y esca­so dul­zor. Con los años, muta­rá en una plan­ta her­ma­fro­di­ta que favo­re­ce el cul­ti­vo y será repro­du­ci­da median­te arcai­cos méto­dos de esta­qui­lla­do por nues­tros pro­ta­go­nis­tas y pos­te­rior­men­te doma­da median­te la poda.
Así, las varie­da­des que cono­ce­mos hoy en día pro­vie­nen de esta selec­ción rea­li­za­da duran­te años de entre la pobla­ción de lam­brus­cas. Las pri­me­ras migra­cio­nes masi­vas del ser humano hacia el sur; y des­pués hacia el oes­te ase­gu­ra­ron la mul­ti­pli­ca­ción varie­tal, sien­do adap­ta­da a un nue­vo con­tex­to cli­má­ti­co.
Duran­te mile­nios, estas varie­da­des pri­mi­ge­nias se han cru­za­do, muta­do e hibri­da­do con las varie­da­des indí­ge­nas de cada región, crean­do nue­vas espe­cies más pro­duc­ti­vas y resis­ten­tes y con mar­ca­da inten­ción eno­ló­gi­ca.

Una clasificación iniciática

Aten­dien­do a la cla­si cación de las vides ori­gi­na­das en la cuen­ca medi­te­rrá­nea, y rea­li­za­da por el pro­fe­sor ruso Negrul, se dis­tin­guen tres gru­pos dife­ren­tes deno­mi­na­dos pro­les:
Pro­les Pon­ti­ca
Esta cla­si cación agru­pa al con­jun­to de vides ori­gi­na­les de Gre­cia, Ruma­nía, Hun­gría, Geor­gia y Asia Menor. Todas ellas sur­gi­das de las lam­brus­cas de la Trans­cau­ca­sia. Sape­ra­vi, Ver­men- tino, Fur­mint o Cla­ret­te son algu­nas de sus encar­na­cio­nes varie­ta­les moder­nas.
Pro­les Orien­ta­lis
Son las varie­da­des pro­ce­den­tes de Arme­nia, Azer­bai­yán, Irán, Afga­nis­tán. Se carac­te­ri­zan por su raci­mo de bayas grue­sas y son uti­li­za­das como vino de mesa o pasa. Algu­nas de estas varie­da­des fue­ron: Oha­nes, Sul­ta­ni­na, Mos­ca­tel de Ale­jan­dría o Cin­saut.
Pro­les Occi­den­ta­lis
Aquí nos aden­tra­mos en terreno cono­ci­do. Habla­mos de varie­da­des con cuna en Espa­ña, Fran­cia, Por­tu­gal, Ita­lia y Ale­ma­nia. De bayas redon­das y peque­ñas, bien apre­ta­das en raci­mos media­nos. Esta fami­lia varie­tal se ha tra­ba­ja­do duran­te mile­nios para la ela­bo­ra­ción de los mejo­res vinos. Caber­net, pinot, char­don­nay, ries­ling, entre otras varie­da­des cono­ci­das.
Como obser­va­mos, nues­tras varie­da­des de hoy, tan ale­ja­das de las sil­ves­tres de ayer, son fru­to del seden­ta­ris­mo y los pri­me­ros cul­ti­vos, las migra­cio­nes del ser humano y el cru­ce de las vides via­je­ras con las indí­ge­nas.
Des­de enton­ces has­ta nues­tros días, no aban­do­na­mos el empe­ño de ser más fie­les a nues­tro entorno, a nues­tro pasa­do, y des­de este arrai­go que nos pro­te­ge e ins­pi­ra, tra­ba­jar e inno­var para hacer del mun­do del vino un lugar en pleno equi­li­brio y res­pe­to hacia nues­tra tie­rra.