Es un hecho. Cada vez son más los con­su­mi­do­res y pro­duc­to­res  que glo­bal­men­te se vuel­can a ésta movi­da, con­ven­ci­dos de que una ali­men­ta­ción más sana  y  (prin­ci­pal­men­te)  más  ama­ble con el medio ambien­te, es posi­ble. Ellos eli­gen el orgá­ni­co: un camino ver­de que impli­ca común unión entre la tie­rra, sus fru­tos y el hom­bre de mane­ra sos­te­ni­ble. De ello hicie­ron una for­ma de vida y un esti­lo de vino tam­bién.

Ahí vamos. Con­si­de­ra­mos orgá­ni­co a aquel vino pro­du­ci­do en base a uvas orgá­ni­cas, esto es: uvas que han cre­ci­do y madu­ra­do sin la influen­cia de pes­ti­ci­das, her­bi­ci­das o fer­ti­li­zan­tes (quí­mi­cos o sin­té­ti­cos). Viñe­dos en los que un viti­cul­tor inge­nio­so com­ba­tió pla­gas, hon­gos y enfer­me­da­des  uti­li­zan­do hier­bas aro­má­ti­cas, flo­res o pas­tos (para gene­rar con­fu­sión); Intro­du­jo mine­ra­les (como cobre o azu­fre en esta­do puro) en bajas dosis para apla­car las ali­ma­ñas; Uti­li­zó  com­post y abo­nos para fer­ti­li­zar; Y dejó cre­cer plan­tas nati­vas para

man­te­ner cier­ta hume­dad en el sue­lo.

El camino ver­de no es siem­pre color de rosa.  El pro­duc­tor orgá­ni­co eli­gió  sus manos  y la trac­ción a san­gre para lle­var a cabo la mayor can­ti­dad de labo­res cul­tu­ra­les en su viñe­do. Eli­gió un camino aún más difí­cil y aún más cos­to­so: un viñe­do orgá­ni­co pue­de ser has­ta 30% más caro que un viñe­do con­ven­cio­nal. Le tomó más tiem­po y más mano de obra: con­ver­tir un viñe­do tra­di­cio­nal a orgá­ni­co toma alre­de­dor de 4 años. Enten­dió que un sue­lo más sano iba a con­ver­tir­se en más uva y de mejor cali­dad.

Más puro. Más tar­de esas uvas se con­vir­tie­ron  en vino, man­te­nien­do el pro­ce­so de vini­fi­ca­ción que ya cono­ce­mos pero con míni­mas inter­ven­cio­nes, res­trin­gien­do el uso de sul­fi­tos (pre­ser­van­tes). Según el  SENASA- Ser­vi­cio nacio­nal de sani­dad  y cali­dad agroa­li­men­ta­ria- es acep­ta­ble uti­li­zar este con­ser­van­te en vinos orgá­ni­cos  has­ta 100 miligramos/litro para los tin­tos, y has­ta 150 en el caso de los blan­cos.

Es decir que en los vinos orgá­ni­cos hay  apro­xi­ma­da­men­te 30 mg menos  de sul­fi­tos que en los vinos tra­di­cio­na­les  (estas pro­por­cio­nes varían según la legis­la­ción viti­vi­ní­co­la de cada país).

Sen­so­rial­men­te es difí­cil detec­tar cuan­do esta­mos degus­tan­do un vino orgá­ni­co… Ima­gino enton­ces que, ade­más de dis­fru­tar un buen vino, el pla­cer del orgá­ni­co. Tam­bién va por otra vere­da: Quien hizo el vino en tu copa cui­dó un poco más de la tie­rra y de la vid, de quien la raleó y la cose­chó, de quien ela­bo­ró el vino, de quien se lo bebió y de quien aún no lo hizo. Cui­dó que tu beber fue­ra un poco más genuino, más puro y ami­ga­ble con el medio ambien­te del que pro­vie­ne. Pro­cu­ró un com­pro­mi­so no solo con la cali­dad, sino tam­bién con lo sos­te­ni­ble y lo social.

En  Argen­ti­na, actual­men­te, hay 50 bode­gas orgá­ni­cas y unas 5400 hec­tá­reas de viñe­dos orgá­ni­cos cer­ti­fi­ca­dos, repre­sen­tan­do el 2,5% de la sup.  total implan­ta­da.

Algu­nas bode­gas orgá­ni­cas para visi­tar en Men­do­za:

 

Alpa­man­ta. En len­gua  Huar­pe sig­ni­fi­ca  “Amor a la tie­rra”. El pro­yec­to, de inver­sión aus­tría­ca, comen­zó en 2005 y sigue la filo­so­fía de la bio­di­na­mia. Que un viñe­do sea “bio­di­ná­mi­co” sig­ni­fi­ca que  tie­rra, ani­ma­les, plan­tas y hom­bres tra­ba­jan como un orga­nis­mo agrí­co­la en el cual, por ejem­plo, no se intro­du­cen abo­nos sino que son los mis­mos ani­ma­les que viven en el viñe­do quie­nes lo gene­ran y retro­ali­men­tan ese cir­cui­to natu­ral. Los viñe­dos bio­di­ná­mi­cos, ade­más, intro­du­cen mane­jos en rela­ción a la influen­cia cós­mi­ca (deter­mi­nan­do, por ejem­plo, en qué fase lunar es más apro­pia­do cose­char la uva). Esto pro­por­cio­na uvas natu­ra­les y salu­da­bles dan­do al vino una ver­da­de­ra expre­sión de la región. Alpa­man­ta cuen­ta con  cer­ti­fi­ca­ción Deme­ter Inter­na­tio­nal y Argen­cert S.A. Cobos s/n, Ugar­te­che.  turismo@alpamanta.com

Cec­chin. Bode­ga bou­ti­que, recien­te­men­te gana­do­ra del oro en la cate­go­ría “bode­ga fami­liar” en el  “Best of Wine Tou­rism” (una espe­cie de pre­mio Oscar del turis­mo viti­vi­ní­co­la), orga­ni­za­do por  las Great Wine Capi­tals (red de Capi­ta­les del vino de la cual Men­do­za for­ma par­te). Cuen­ta con cer­ti­fi­ca­ción orgá­ni­ca tan­to en viñe­do como en ela­bo­ra­ción. Ofre­ce visi­tas en su bode­ga arte­sa­nal,  Su port­fo­lio inclu­ye un Mal­bec com­ple­ta­men­te libre de sul­fi­tos: una expe­rien­cia sal­va­je y natu­ral.  Ruta 60 S/N., 5517 Rus­sel, Mai­pú.

turismo@bodegacecchin.com.ar

Domai­ne Bosu­quet.

La bode­ga per­te­ne­ce a una fir­ma fran­ce­sa,  pio­ne­ra en el Valle de Uco. Es  la segun­da bode­ga orgá­ni­ca más gran­de en Suda­mé­ri­ca y ofre­ce bue­na  varie­dad de vinos y aún mejor rela­ción pre­cio-cali­dad. Vale la pena empe­zar la maña­na por esta bode­ga, ya que el tour de viñe­do es muy edu­ca­ti­vo y com­ple­to. Tam­bién te reco­mien­do que­dar­te a almor­zar: su peque­ño res­tau­ran­te “Gaia” tie­ne una lin­da terra­za don­de es posi­ble sen­tar­se a dis­fru­tar un menú- degus­ta­ción mien­tras des­fi­lan , nada más ni nada menos que, sie­te vinos  y sie­te pla­tos con un fon­do de viñe­dos y cor­di­lle­ra visual­men­te impac­tan­tes.  Abre de lunes a lunes, inclu­si­ve feria­dos .  Ruta 89 s/n Tupun­ga­to. turismo@domainebousquet.com

Ojo de Vino. De inver­sión sui­za. Ela­bo­ra unas 700 mil bote­llas anua­les, con­vir­tién­do­se así en una bode­ga entre bou­ti­que y media­na. Tan­to el viñe­do como la vini­fi­ca­ción son orgá­ni­cos. Tra­ba­jan prin­ci­pal­men­te con ela­bo­ra­ción de vinos tin­tos. Reco­mien­do visi­tar esta bode­ga a la hora del almuer­zo. Allí, al pie del viñe­do y de cara a  la inmen­si­dad de roca de la cor­di­lle­ra de Los Andes, aso­ma la  peque­ña can­ti­na de la bode­ga lla­ma­da “Ojo de agua”. Las Cum­bres s/n, Agre­lo.

hospitality@ojodevino.com

Eti­que­tas orgá­ni­cas reco­men­da­das:

ALPAMANTA ESTATE.

Caber­net Franc. 2013.

Bode­ga Alpa­man­ta, bajo  las reglas de la bio­di­na­mia , se dedi­ca a la pro­duc­ción de  varie­ta­les puros que refle­jan el terroir de  su peque­ño viñe­do, ubi­ca­do en Ugar­te­che (Lujan de Cuyo). Este Caber­net Franc demues­tra su gran adap­ta­ción  a dis­tin­tos sue­los argen­ti­nos. Bue­na inten­si­dad de color y estruc­tu­ra. Exce­len­te tipi­ci­dad.

CECCHIN GRACIANA.

Fru­tas rojas, algo de espe­cias y de fres­cos tani­nos en este Gra­cia­na, varie­tal poco cono­ci­do en Argen­ti­na (inte­gran­te de los famo­sos rio­ja espa­ño­les, y de allí su ori­gen) sin duda el vino más intere­san­te de Cec­chin.

CHACRA 55. Pinot Noir.2013.

Esta bode­ga orgá­ni­ca y bio­di­ná­mi­ca ubi­ca­da en Río Negro, es pro­pie­dad del ita­liano Pie­ro Inci­sa Della Roc­chet­ta y da ori­gen a un Pinot Noir cuya  nariz y boca  son tan mine­ra­les que pare­ce que estu­vie­ras chu­pan­do una pie­dra húme­da. Casi un vino de cul­to. Deli­ca­do y her­mo­so.

LOS MÉDANOS. Malbec.2013.

Vine­col es una  bode­ga fami­liar (y peque­ña: ela­bo­ra 300.000 bote­llas por año) ubi­ca­da en San­ta Rosa. Sus viñe­dos colin­dan con la reser­va natu­ral de la biós­fe­ra  “Ñan­cu­ñan”. Tener un vecino así y ser orgá­ni­co tie­ne cier­ta cohe­ren­cia ¿no?.  En Vine­col tan­to la viña como la ela­bo­ra­ción de vino cuen­tan con cer­ti­fi­ca­ción orgá­ni­ca. Me gus­ta este Mal­bec: En nariz hay fru­ta coci­da, como una mer­me­la­da de cirue­la. En boca es dul­zón y se sien­te allá en el fon­do algo de made­ra deve­ni­do en sua­ve amar­gor. Al final, un poco de cara­me­lo per­ma­ne­ce en la boca.  Hay que pro­bar.

NATURE´S LEGACY

2013- Mal­bec.

Cali­gio­re es una bode­ga fami­liar y peque­ña, loca­li­za­da en Lujan de Cuyo. En la actua­li­dad ela­bo­ra apro­xi­ma­da­men­te 80 mil bote­llas por año. Tan­to viñe­dos como vini­fi­ca­ción cuen­tan con cer­ti­fi­ca­ción orgá­ni­ca. Gus­ta­vo, pro­pie­ta­rio de  la bode­ga Cali­gio­re, des­cri­be bien el ser orgá­ni­co:” Fue una moti­va­ción inter­na que nació en el seno de nues­tra fami­lia. Pri­me­ro con­ce­bi­mos nues­tro viñe­do, con com­pro­mi­so social y ambien­tal, cui­dan­do nues­tro peque­ño lugar.” Cuen­tan con cer­ti­fi­ca­cio­nes orgá­ni­cas para USA (USDA-NOP), CANADÁ, UNIÓN EUROPEA Y JAS (JAPÓN). Es un Mal­bec con 18 meses de barri­ca. Color vio­le­ta  inten­so, sus aro­mas se abren des­pa­cio. Hay fru­ta roja, tani­nos redon­dos, aci­dez equi­li­bra­da y una made­ra que aso­ma con mucha suti­le­za.

En sín­te­sis, un vino equi­li­bra­do y muy ele­gan­te. Nota: 10.

OJO DE VINO PURO,

GRAPE SELECTION. 2013. 

Este Mal­bec pre­sen­ta  fru­tos rojos en nariz y en boca. Tie­ne exce­len­te estruc­tu­ra, pro­duc­to de  18 meses en barri­ca. Si la tem­pe­ra­tu­ra de ser­vi­cio es correc­ta  apa­re­ce un dul­zor (carac­te­rís­ti­co de casi todas las eti­que­tas de Ojo de Vino) pro­duc­to de sus  14.5% de alcohol. Buen y lar­go final.

¡Peli­gro­so!

SANTA JULIA ORGÁNICA.

2014. Mal­bec.

Fami­lia Zuc­car­di, bien cono­ci­da por todos, tam­bién ela­bo­ra un vino pro­ve­nien­te de uvas orgá­ni­cas (de Mai­pu y San­ta Rosa). Es un Mal­bec lige­ro con  aro­mas suti­les  que recuer­dan a cere­za y una aci­dez jus­ta que lo vuel­ve refres­can­te. Noble y autén­ti­co, ideal para  encen­der una char­la.

Por: Maria­na Gómez Rus

Licen­cia­da en Turis­mo

mariana@wine-republic.com