La madu­rez del hom­bre con­sis­te en recu­pe­rar la serie­dad con que juga­ba cuan­do era niño”. Aca­so en esta difun­di­da afir­ma­ción de Nietz­che –del libro “Más allá del bien y del mal. Pre­lu­dio de una filo­so­fía del futu­ro”- se encuen­tre el sen­ti­do de los jugue­tes de dise­ño, que cada vez más son ele­gi­dos por padres y madres. Aun­que con varian­tes, este tipo de jugue­tes com­par­ten los mis­mos prin­ci­pios: res­ca­tar la esen­cia del jue­go, desa­rro­llar la crea­ti­vi­dad y esti­mu­lar la motri­ci­dad; y a la vez pro­mo­ver el res­pe­to y cui­da­do por el medio ambien­te. En defi­ni­ti­va, pro­po­nen reto­mar el espí­ri­tu lúdi­co que mar­có la infan­cia de anta­ño.

¿Se tra­ta, enton­ces, de vol­ver a un pasa­do que fue mejor? No solo eso. Entre los fun­da­men­tos teó­ri­cos de los jugue­tes de dise­ño encon­tra­mos pre­cep­tos de las corrien­tes peda­gó­gi­cas ‘Mon­tes­so­ri’, ‘Pikler’ y ‘Wal­dorf’; así como inves­ti­ga­cio­nes de psi­co­mo­tri­cis­tas y fisio­te­ra­peu­tas pediá­tri­cos.

El ‘Méto­do Mon­tes­so­ri’ es un mode­lo edu­ca­ti­vo idea­do por la edu­ca­do­ra y médi­ca ita­lia­na Maria Mon­tes­so­ri a fina­les del siglo XIX y prin­ci­pios del XX, que se carac­te­ri­za por desa­rro­llar la inde­pen­den­cia del niño y la liber­tad con lími­tes; y en res­pe­tar su psi­co­lo­gía natu­ral y su desa­rro­llo físi­co y social. La médu­la de esta corrien­te está apun­ta­da en el libro “Méto­do Mon­tes­so­ri” (1924).

Emmi Pikler, pedia­tra hún­ga­ra, en tan­to, es la crea­do­ra del ‘Movi­mien­to libre’, con­cep­to que plas­mó en el libro “Mover­se en liber­tad: desa­rro­llo de la motri­ci­dad glo­bal”, tras inves­ti­gar sobre el rol del adul­to y su inter­ven­ción en el desa­rro­llo motriz del niño.

La peda­go­gía Wal­dorf es uno de los sis­te­mas peda­gó­gi­cos alter­na­ti­vos más difun­di­dos del mun­do –en ÚNICO abril, pre­sen­ta­mos un infor­me espe­cial-. Esen­cial­men­te, el mode­lo peda­gó­gi­co plan­tea la edu­ca­ción como un desa­rro­llo hacia la liber­tad indi­vi­dual, en un ambien­te libre y coope­ra­ti­vo en el que el arte es una herra­mien­ta esen­cial. En un pro­ce­so de apren­di­za­je con­ce­bi­do des­de estas bases, el saber es compren­di­do como con­quis­ta y des­cu­bri­mien­to; y el alumno, como un ser libre que nece­si­ta ir desa­rro­llan­do pro­gre­si­va­men­te sus capa­ci­da­des.

Pen­sa­dos así, los jugue­tes de dise­ño se basan en la idea de que tra­vés del jue­go se equi­li­bra y poten­cia el desa­rro­llo psi­co­mo­tor, cog­ni­ti­vo, social y emo­cio­nal de los peque­ños.

En ÚNICO te con­ta­mos cómo fun­cio­nan cin­co jugue­tes ela­bo­ra­dos con mate­ria­les orgá­ni­cos y que pres­cin­den de bate­rías y cables: la cami­cle­ta, la tabla de equi­li­brio, la tabla cur­va, el Trián­gu­lo y ram­pa Emmi Pikler y el Arcoi­ris Wal­dorf. Y de yapa, rese­ña­mos una alter­na­ti­va más que invi­ta a jugar puer­tas aden­tro o al aire libre: el tipi.

Cami­cle­ta

La cami­cle­ta es una bici­cle­ta sin peda­les; deno­mi­na­da tam­bién “bici­cle­ta de apren­di­za­je” pues­to que le per­mi­ten al niño apren­der a man­te­ner el equi­li­brio con sus pro­pios pies, sin nece­si­dad de rue­di­tas esta­bi­li­za­do­ras. La cami­cle­ta desa­rro­lla el equi­li­brio y la con­fian­za; por ello es el paso pre­vio a la bici­cle­ta con peda­les.

En esta mis­ma línea, en Men­do­za, Cha­pi­tas. Jugue­tes que mue­ven, ofre­ce dos varian­tes: el tri­ci­clo y la bici­cle­ta de balan­ceo. Los tres mode­los son idea­les para niños de 2 a 5 años.

Tabla cur­va

La tabla cur­va es un jugue­te libre, sin reglas, poli­va­len­te: pue­de ser una maro­ma, un tobo­gán, un caba­llo, una tabla de surf, una mon­ta­ña, un túnel, una hama­ca, un refu­gio o todo lo que ima­gi­ne un niño. “Cuan­tas menos cosas haga un jugue­te, más hará la ima­gi­na­ción de un niño”, ase­gu­ran los dise­ña­do­res de Tacu­ma Jugue­tes Unplug­ged, empren­di­mien­to que la desa­rro­lla en Argen­ti­na.

La tabla cur­va, ase­gu­ran sus crea­do­res, es “una herra­mien­ta que con­tri­bu­ye al movi­mien­to libre, tan impor­tan­te en la eta­pa de desa­rro­llo del ser humano”. Está cons­trui­da en made­ra con ter­mi­na­ción en Paraí­so o Gua­tam­bú. Pue­de ser uti­li­za­da des­de los 18 meses con la super­vi­sión de un adul­to.

Tabla de equi­li­brio

La tabla de equi­li­brio “esti­mu­la el equi­li­brio, la ima­gi­na­ción y el área motriz”, deta­lla la web de Cha­pi­tas. En su estruc­tu­ra, cons­trui­da en made­ra, tie­ne gra­ba­do un labe­rin­to y una boli­ta para ir reco­rrién­do­lo has­ta lle­gar a la meta.

Arcoi­ris Wal­dorf

El arcoi­ris es un ver­sá­til jugue­te de made­ra ins­pi­ra­do en la Peda­go­gía Wal­dorf que se api­la y se anida en un sin­fín de com­bi­na­cio­nes y posi­bi­li­da­des. El niño explo­ra los colo­res, refi­na la coor­di­na­ción y las habi­li­da­des motri­ces, y amplía su capa­ci­dad de razo­na­mien­to y crea­ti­vi­dad.

Hecho a mano, en made­ra de maru­pá, lisa y sin nudos, pin­ta­do con bar­niz al agua no tóxi­co. Ideal para niños a par­tir de los 18 meses has­ta los 99 años y dis­po­ni­ble en Lo de Rodol­fo, Jugue­tes Wal­dorf.

Trián­gu­lo y ram­pa Emmi Pikler

La ram­pa y el trián­gu­lo fomen­tan el movi­mien­to libre en el niño en eta­pa de desa­rro­llo y están pen­sa­dos para que jue­gue solo sin inter­ven­ción de adul­tos pero siem­pre con su super­vi­sión.

El movi­mien­to libre se da de for­ma espon­tá­nea y autó­no­ma. Al bebé/niño/a no se le colo­ca en nin­gu­na posi­ción a la que no haya lle­ga­do por sí mismo/a (sal­vo la ini­cial boca arri­ba) y en nin­gún caso se le exi­ge, ani­ma o incen­ti­va a que reali­ce nin­gún movi­mien­to ni logre nin­gu­na posi­ción”, expli­can en Tacu­ma.

Cons­trui­da con made­ra maci­za de pino y barro­tes de palo blan­co, la ram­pa y el trián­gu­lo se pue­den colo­car a 2 caras: la cara lisa para des­li­zar­se y la cara esca­lo­na­da para tre­par. El niño pue­de subir, bajar, esca­lar, girar y sal­tar.

Tipi

El tipi -o car­pa india- es una tien­da cóni­ca, ori­gi­nal­men­te hecha de pie­les de ani­ma­les como el bison­te y palos de made­ra.​ Era uti­li­za­da por los pue­blos nati­vos nóma­das de las Gran­des Pra­de­ras de Esta­dos Uni­dos y actual­men­te es una alter­na­ti­va para los más chi­cos.

Pro­pi­cia el jue­go sim­bó­li­co, que refie­re a la capa­ci­dad del niño para imi­tar situa­cio­nes de la vida real y poner­se en la piel de otras per­so­nas. “El jue­go sim­bó­li­co es pro­ba­ble­men­te el mayor ins­tru­men­to de apren­di­za­je que exis­te, esen­cial para el desa­rro­llo de habi­li­da­des cog­ni­ti­vas, lin­güís­ti­cas, emo­cio­na­les y socia­les en el niño”, expli­can en Tipis Puf­fin, empren­di­mien­to men­do­cino. Tam­bién ampli­fi­ca sus habi­li­da­des ver­ba­les, per­mi­tién­do­le expre­sar pen­sa­mien­tos, sen­ti­mien­tos, reac­cio­nes y acti­tu­des con más cla­ri­dad en la edad tem­pra­na de la infan­cia.

Hecho con made­ra y tela, su uti­li­dad es diver­sa: es un espa­cio per­fec­to para zona de des­can­so, jue­go o lec­tu­ra; y su dise­ño trian­gu­lar resul­ta fácil de ubi­car y de tras­la­dar. La edad reco­men­da­da para jugar en el tipi es de 2  a  9 años.

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