En el mes del fes­te­jo del Día de la Madre, ÚNICO se pro­pu­so refle­xio­nar sobre la mater­ni­dad. A fin de com­pren­der de un modo más aca­ba­do este lazo tan espe­cial, dia­lo­ga­mos con la pedia­tra Susa­na Luce­ro, quien expli­có que, a dife­ren­cia del res­to de los mamí­fe­ros, “el tra­yec­to de la crian­za en los huma­nos es una cons­truc­ción del día a día”. “Noso­tros somos los úni­cos en la espe­cie que, cuan­do nace­mos, nece­si­ta­mos huma­ni­zar­nos bajo el cui­da­do del otro”, agre­gó.

Según expli­có la médi­ca, la mater­ni­dad con­tem­po­rá­nea no se vive del mis­mo modo que años atrás. En épo­cas pasa­das, no muy dis­tan­tes en el tiem­po, por cier­to, la mis­ma se desa­rro­lla­ba en el seno del hogar. Sin embar­go, la mujer ha logra­do con­quis­tar nue­vos espa­cios en la socie­dad y, por ende, en el exte­rior. Ello la ha lle­va­do a ejer­cer la crian­za en el afue­ra. “Esa mujer en el afue­ra gana y pier­de. Gana para sí con­fian­za y capa­ci­dad de desa­rro­llo. Si no tie­ne con­ten­ción fami­liar, pier­de lo que la tri­bu le va a ense­ñan­do”, sos­tu­vo.

En este nue­vo esce­na­rio, don­de la mater­ni­dad pue­de con­cre­tar­se por dife­ren­tes vías, Susa­na remar­có que la crian­za aún debe cons­truir­se a par­tir de “dos cabe­zas y cua­tro manos”. En otras pala­bras, a pesar de que una per­so­na deci­da tener un hijo en soli­ta­rio, pre­ci­sa de alguien que cum­pla la fun­ción pater­na, más allá de quién sea la figu­ra que la ejer­za. “El bebé nece­si­ta de la mujer, pero a la vez va a nece­si­tar de alguien más que haga de sos­tén de ese víncu­lo. Esa sería la tria­da com­pues­ta por el papá, por la socie­dad, por una ami­ga, por una pare­ja homo­se­xual”, expli­có.

En línea con lo ante­rior, la espe­cia­lis­ta en lac­tan­cia pre­ci­só que una madre nece­si­ta estar bien ali­men­ta­da, tener horas de sue­ño y reci­bir apor­te hídri­co en can­ti­dad y cali­dad, para tener leche. Sin embar­go, estas con­di­cio­nes no sue­len ser cum­pli­das si está fati­ga­da. Por tal moti­vo, es impor­tan­te que esa mujer cuen­te con el apo­yo de alguien que com­pren­da que debe sos­te­ner­la y velar por su bien­es­tar.

El fac­tor emo­cio­nal de la lac­tan­cia

Según expli­có Susa­na, “la posi­bi­li­dad de gene­rar vida es un hecho bio­ló­gi­co, emo­cio­nal, psi­co­ló­gi­co, men­tal y social”. Par­tien­do de esta con­cep­ción, ubi­có la lac­tan­cia den­tro de los dos pri­me­ros ámbi­tos. “Todas las muje­res podría­mos dar de mamar si no tuvié­ra­mos una ciru­gía mama­ria en la que nos hubie­ran cor­ta­do los con­duc­tos. Por lo tan­to, la aga­lac­tia, es decir, la fal­ta de leche, es prác­ti­ca­men­te impo­si­ble”, plan­teó. “Pero ¿por qué ocu­rre que a algu­nas muje­res no les sale leche y a otras sí? Por­que lo emo­cio­nal está influ­yen­do, con la pues­ta en valor de lo que ocu­rre hor­mo­nal­men­te den­tro de la mujer”, indi­có.

Esto últi­mo da paso a la con­si­de­ra­ción del com­po­nen­te bio­ló­gi­co, ya que “en la mater­ni­dad se jue­gan varias hor­mo­nas. Prin­ci­pal­men­te, en la lac­tan­cia tene­mos la pro­lac­ti­na y la oxi­to­ci­na”. La pri­me­ra es res­pon­sa­ble de la mamo­gé­ne­sis, eta­pa en la que las mamas cre­cen y que tie­ne lugar duran­te los dos pri­me­ros tri­mes­tres del emba­ra­zo. En el ter­ce­ro, la mis­ma pro­du­ce la lac­to­gé­ne­sis, que pre­pa­ra al cuer­po para la sali­da de la leche.

La oxi­to­ci­na, por su par­te, es cono­ci­da como la hor­mo­na del víncu­lo, ya que actúa sobre el mun­do de las emo­cio­nes. Esta secre­ción de la hipó­fi­sis es la res­pon­sa­ble de pro­du­cir en la madre una sen­sa­ción de relax y feli­ci­dad. Ello con­tri­bu­ye al desa­rro­llo de la unión materno-filial y a pro­lon­gar la lac­tan­cia.

Es un mis­te­rio de la natu­ra­le­za que las muje­res expe­ri­men­ten un desa­rro­llo emo­cio­nal para pre­pa­rar la lle­ga­da de un hijo”.

Sin embar­go, “si una mamá está angus­tia­da duran­te el emba­ra­zo y el par­to, pue­de que naz­ca el bebé y que no le sal­ga la leche por que el estrés inhi­bió la sali­da de la oxi­to­ci­na”, seña­ló la pedia­tra. Como con­se­cuen­cia de ello, emo­cio­nal y psi­co­ló­gi­ca­men­te, esa mujer no esta­rá en las mejo­res con­di­cio­nes para la crian­za. “Pue­de some­ter­se a todos los méto­dos para sos­te­ner la lac­tan­cia, pero hay una par­te de ella que no va a poder sos­te­ner­la si no logra supe­rar esa situa­ción adver­sa que la aque­ja”, advir­tió.

Para que se pro­duz­ca el meca­nis­mo que per­mi­te dar de mamar con total liber­tad y ple­na satis­fac­ción, la mujer debe estar en una situa­ción emo­cio­nal esta­ble”.

El fluir de la leche mater­na es muy sen­si­ble al impac­to de diver­sos fac­to­res inhi­bi­do­res. Pese a ello, el meca­nis­mo pue­de reac­ti­var­se. “La relac­ta­ción es posi­ble has­ta los pri­me­ros tres meses de vida del bebé. Des­pués del ter­cer mes, cuan­do el niño ya son­ríe y expe­ri­men­ta su pri­mer nivel de inte­gra­ción psí­qui­ca, es más difí­cil, por­que el bebé ya sabe a qué mun­do se enfren­ta”, expli­có la pedia­tra espe­cia­li­za­da en lac­tan­cia.

Con res­pec­to al com­po­nen­te social de la lac­tan­cia, Susa­na hizo hin­ca­pié en las pre­sio­nes que ejer­ce la socie­dad sobre la mater­ni­dad. “El deber ser de una mamá es ‘ten­go que dar­le la leche al bebé’”, advir­tió. La pre­sen­cia de este man­da­to pro­vo­ca que el momen­to de dar de mamar deja de ser pla­cen­te­ro. “Todo lo que en la men­te sea impo­si­ción no flu­ye. Para fluir emo­cio­nal­men­te, tene­mos que estar con­ten­tos con lo que vamos a hacer”, ase­gu­ró.

Diez pasos hacia una feliz lactancia natural
La Organización Mundial de la Salud y UNICEF establecieron que todos los servicios de maternidad y atención a los recién nacidos deberán:

1 · Dis­po­ner de los pro­ce­di­mien­tos ins­ti­tu­cio­na­les nece­sa­rios para garan­ti­zar que la aten­ción se brin­de de mane­ra con­sis­ten­te y éti­ca.

2 · Ase­gu­rar­se de que el per­so­nal ten­ga los cono­ci­mien­tos, la com­pe­ten­cia y las habi­li­da­des sufi­cien­tes para apo­yar la lac­tan­cia mater­na.

3 · Dis­cu­tir la impor­tan­cia y el mane­jo de la lac­tan­cia mater­na con muje­res emba­ra­za­das y sus fami­lias.

4 · Facili­tar el con­tac­to direc­to e inin­te­rrum­pi­do piel con piel y el apo­yo a las madres para ini­ciar la lac­tan­cia tan pron­to como sea posi­ble des­pués del naci­mien­to.

5 · Apo­yar a las madres para ini­ciar y man­te­ner la lac­tan­cia mater­na y mane­jar las difi­cul­ta­des comu­nes.

6 · No pro­por­cio­nar­les a los recién naci­dos ali­men­ta­dos con leche mater­na nin­gún ali­men­to o líqui­do que no sea leche mater­na, a menos que esté médi­ca­men­te indi­ca­do.

7 · Per­mi­tir que las madres y sus bebés per­ma­nez­can jun­tos y prac­ti­quen el alo­ja­mien­to con­jun­to las 24 horas del día.

8 · Apo­yar a las madres para que reco­noz­can y res­pon­dan a las seña­les de ali­men­ta­ción de sus bebés.

9 · Acon­se­jar a las madres sobre el uso y los ries­gos de ali­men­ta­ción con bibe­ro­nes, teti­nas y chu­pe­tes.

10 · Coor­di­nar el alta para que los padres y sus bebés ten­gan acce­so opor­tuno a asis­ten­cia y aten­ción con­ti­nua.

Sim­bio­sis mater­no­fi­lial

Si noso­tros qui­sié­ra­mos que una mamá pue­da dis­fru­tar de la mater­ni­dad des­de el pri­mer momen­to, tene­mos que tra­ba­jar en el emba­ra­zo todas aque­llas situa­cio­nes que la ponen en esta­do de aler­ta”, sos­tu­vo Susa­na. “¿Qué es más impor­tan­te para el bebé? ¿Que la madre le dé la teta o que la madre lo tome con amor y pla­cer y sien­ta que él es fru­to de su cuer­po, del amor con su pare­ja o de como hubie­ra que­ri­do con­ce­bir­lo? El bebé nece­si­ta del pla­cer de la mamá”, refle­xio­nó.

El pla­cer tie­ne que cir­cu­lar entre el bebé y la mamá”.

La prio­ri­dad máxi­ma de un niño es sen­tir­se sos­te­ni­do al nacer. En este sen­ti­do, la médi­ca expli­có: “Lo que más le angus­tia al bebé recién naci­do es el paso de la situa­ción ideal en el vien­tre de la mamá, don­de esta­ba pro­te­gi­do por la pla­cen­ta, a la situa­ción real en la que sien­te que la gra­ve­dad le pesa. Es por esta situa­ción que el bebé nece­si­ta estar con­te­ni­do inme­dia­ta­men­te en el abra­zo. ¿Qué hace la mamá al abra­zar al bebé? Le devuel­ve la pared del úte­ro que per­dió”.

¿Por qué es impor­tan­te la lac­tan­cia?

La lac­tan­cia mater­na, en pri­mer lugar, apor­ta los nutrien­tes nece­sa­rios para el cre­ci­mien­to del bebé has­ta los pri­me­ros seis meses de vida. En segun­do lugar, otor­ga los áci­dos gra­sos esen­cia­les, que inci­den en el desa­rro­llo cere­bral. En ter­cer lugar, brin­da la posi­bi­li­dad de encon­trar­se con otra piel. Por últi­mo, con­tri­bu­ye al sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co del niño.

Toman­do en con­si­de­ra­ción los apor­tes de la medi­ci­na basa­da en la evi­den­cia, la pedia­tra remar­có que “la pri­me­ra hora del bebé con su mamá es fun­da­men­tal para que esta­blez­can un víncu­lo sóli­do, que es el que le va a dar la con­fian­za y la segu­ri­dad nece­sa­rias para su futu­ro”. En esa pri­me­ra hora de vida, se pro­du­ce el ape­go, “una mira­da que des­pués no se repi­te”. La mis­ma res­pon­de al hecho de que nues­tra espe­cie “está pre­pa­ra­da para que el adul­to se enamo­re del bebé y el bebé se enamo­re del adul­to”.

Para que un desa­rro­llo emo­cio­nal sea ade­cua­do y que la men­te fun­cio­ne sana­men­te, el bebé nece­si­ta dos pila­res: con­fian­za y segu­ri­dad. Esto se logra a tra­vés del sos­tén”.

En línea con lo ante­rior, des­ta­có la impor­tan­cia de lograr que la madre se encuen­tre con­te­ni­da en la sala de par­to. “No se pue­de eva­dir la posi­bi­li­dad de que una mamá pue­da estar con su bebé”, enfa­ti­zó. Si no se garan­ti­zan estas con­di­cio­nes y “la mamá está para­li­za­da o no está for­ta­le­ci­da, pasi­va­men­te, aca­ba sien­do obje­to de quie­nes la atien­den, en lugar de ser suje­to. Ella tie­ne que ser la pro­ta­go­nis­ta del par­to”.

Si la mujer se sien­te un obje­to, pue­de suce­der que esa pasi­vi­dad le jue­gue en con­tra al momen­to de ama­man­tar”, advir­tió Susa­na, ya que pue­de inhi­bir­se la sali­da de la leche. Sin embar­go, los incon­ve­nien­tes tam­bién pue­de pro­du­cir­se por situa­cio­nes ten­sio­nan­tes que ocu­rran lue­go de dar a luz. El modo de hacer­le fren­te a este fenó­meno es pre­pa­rar a la mamá para que conoz­ca los cam­bios hor­mo­na­les que atra­ve­sa­rá y “hacer una pelí­cu­la de pro­tec­ción alre­de­dor de ella”.

Susa­na Luce­ro de De Gae­tano
Matrí­cu­la 2581
Médi­ca pedia­tra
Psi­co­ana­lis­ta de pare­ja, gru­po y fami­lia
Magís­ter en Salud Mater­noin­fan­til
Magís­ter en Bio­éti­ca
lucerochany@gmail.com

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