La infan­cia es una eta­pa de cam­bios y apren­di­za­jes cons­tan­tes. A lo lar­go de la niñez, explo­ra­mos nues­tro entorno y nues­tro cuer­po. El afue­ra y el aden­tro nos brin­dan herra­mien­tas que cons­tru­yen nues­tra rela­ción con los demás y con noso­tros mis­mos. En este momen­to de la vida, sole­mos nutrir­nos de lo que nos ense­ñan la fami­lia, la escue­la y, even­tual­men­te, el depor­te y/o el arte. Sin embar­go, podría­mos poten­ciar nues­tro auto­co­no­ci­mien­to si con­si­de­rá­ra­mos la medi­ta­ción.

Medi­tar, según la maes­tra de reiki Fer­nan­da Civit, impli­ca “entrar en un esta­do de con­cien­cia ple­na pre­sen­te a cada segun­do”. Entre los niños, la téc­ni­ca más difun­di­da es el mind­ful­ness, que bus­ca “ense­ñar­les a estar en con­tac­to con su cuer­po y con­si­go mis­mos”. Gra­cias a ello, logran enfo­car su men­te en lo que hacen, inde­pen­dien­te­men­te de la natu­ra­le­za de la tarea que están desa­rro­llan­do.

Medi­tar es una herra­mien­ta de auto­co­no­ci­mien­to y de auto­sa­na­ción. A tra­vés de la medi­ta­ción, uno pue­de acce­der a aspec­tos de uno mis­mo que des­co­no­cía y ayu­dar­se a sanar des­de ese esta­do de con­cien­cia”, expli­có la espe­cia­lis­ta. El reiki, en cam­bio, es “un camino de sana­ción a tra­vés de la trans­mi­sión de ener­gía”. Este pue­de ser prac­ti­ca­do tan­to en uno como en otras per­so­nas, ani­ma­les, plan­tas o ali­men­tos.

Los chi­cos que viven en la ciu­dad se encuen­tran expues­tos a múl­ti­ples estí­mu­los, entre la tec­no­lo­gía, la tele­vi­sión y atrac­ti­vos como los cen­tros comer­cia­les. Es por ello que tie­nen mayo­res difi­cul­ta­des para con­cen­trar­se. Con ellos es esen­cial comen­zar a tra­ba­jar en la rela­ja­ción, a fin de que logren “estar muy cons­cien­tes y dar­se cuen­ta de que son per­fec­tos como son”, seña­ló Fer­nan­da. A medi­da que se avan­za, se incor­po­ran las visua­li­za­cio­nes y los man­da­las. Los niños tam­bién apren­den sobre cha­kras y a can­tar man­tras.

Los bene­fi­cios de la medi­ta­ción son más noto­rios en los niños. “A par­tir de los tres años, se les modi­fi­ca el ADN por medi­tar. Bási­ca­men­te, están mucho más foca­li­za­dos y con­cen­tra­dos, y tie­nen mejor auto­es­ti­ma por­que tie­nen mayor auto­con­trol”, des­cri­bió la maes­tra de reiki. Tam­bién se vuel­ven per­so­nas que no luchan con­tra sus emo­cio­nes, ya que las ana­li­zan antes de actuar y pue­den con­tro­lar el estrés.

Los chi­cos no solo están conec­ta­dos con una emo­ción, sino que tam­bién la pue­den lle­var a un plano men­tal y mate­rial muy rápi­da­men­te”.

Otras de las ven­ta­jas que brin­da es “tener mucha más empa­tía que los demás”. “Un niño que ha empe­za­do a medi­tar des­de chi­qui­to tie­ne un res­pe­to dis­tin­to por las per­so­nas, las plan­tas y cual­quier ser vivien­te. Tie­ne una for­ma de ver la vida real­men­te dife­ren­te. Ade­más, tie­ne un mane­jo de la ener­gía dis­tin­to, no solo de la pro­pia, sino tam­bién de la del entorno”, expli­có la maes­tra de reiki.

Dadas las posi­bi­li­da­des que brin­da esta prác­ti­ca, en Esta­dos Uni­dos, Ingla­te­rra y Chi­le ya comen­zó a imple­men­tar­se en las escue­las. “En mate­rias muy pesa­das, como mate­má­ti­ca o físi­ca, hacen medi­tar a los alum­nos 15 minu­tos o media hora antes de empe­zar la cla­se. Con esto, ellos mis­mos logran entrar en un esta­do de rela­ja­ción y foca­li­zar mejor su aten­ción a la hora de cap­tar”, seña­ló. Los cole­gios que pro­mue­ven la medi­ta­ción con­si­guen ade­más dis­mi­nuir el bull­ying.

Como decía Gand­hi, si a todos los niños de 8 años les ense­ñá­ra­mos a medi­tar, en una sola gene­ra­ción aca­ba­ría la vio­len­cia”.

Rena­cer con la res­pi­ra­ción

Res­pi­rar es la base de todo méto­do de medi­ta­ción. “Los yoguis dicen que mori­mos y nace­mos con cada res­pi­ra­ción que damos”, des­ta­có Fer­nan­da. Tenien­do en cuen­ta esto, plan­teó la impor­tan­cia de ense­ñar­le a un niño que algo tan sen­ci­llo como inha­lar y exha­lar “pue­de cal­mar sus emo­cio­nes y su men­te, y per­mi­tir­le cono­cer real­men­te qué le pasa”.

Si un chi­co está en medio de un berrin­che y uno le dice ‘res­pi­rá’, en lugar de lar­gar­se a llo­rar, gri­tar y tirar todo, va a tran­qui­li­zar­se por medio de la res­pi­ra­ción. Al res­pi­rar, se vuel­ve a con­cen­trar en lo que es impor­tan­te, deja de llo­rar y vuel­ve a tomar con­cien­cia y con­trol de sí mis­mo”, expli­có la maes­tra de reiki.

Median­te la res­pi­ra­ción, pode­mos empe­zar a foca­li­zar qué es lo real que hace nues­tro cuer­po”.

Fer­nan­da Civit

Maes­tra de reiki
Face­book: Umbral de Luz

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