Pero sigo siendo el Rey

Con “Luis Miguel. La serie”, con guión de Daniel Krau­ze y direc­ción de Hum­ber­to Hino­jo­sa, Tele­mun­do y Net­flix logra­ron lo que nadie había podi­do has­ta aho­ra: que la estre­lla mexi­ca­na reve­la­ra su his­to­ria a cora­zón abier­to. Su estreno, récord en strea­ming pero con opi­nio­nes diver­sas, pro­po­ne varias lec­tu­ras: mien­tras para las fans del can­tan­te sig­ni­fi­ca acer­car­se al hom­bre detrás del mito; para el res­to de la audien­cia, la posi­bi­li­dad de cono­cer la tra­yec­to­ria de uno de los artis­tas lati­nos vivos más impor­tan­tes de la his­to­ria. Pero para quien, sin duda, es una valio­sa opor­tu­ni­dad –tan­to lite­ral como meta­fó­ri­ca­men­te- es para el pro­pio Luis Miguel, quien logra ilu­mi­nar su ima­gen con luces de neón tras los rumo­res que daban cuen­ta del final de su carre­ra. A lo lar­go de 13 capí­tu­los, esta serie pro­ta­go­ni­za­da por Die­go Bone­ta y basa­da en entre­vis­tas al ‘Sol de Méxi­co’, mues­tra dis­tin­tas eta­pas de su mis­te­rio­sa vida: su derro­te­ro pro­fe­sio­nal, amo­res, exce­sos y manías; así como su pasión por la músi­ca. Tras el lan­za­mien­to el 23 de abril, cada capí­tu­lo está dis­po­ni­ble en Net­flix los domin­gos a las 23.

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