¿Atentado a nuestros derechos o una posibilidad para mejorar nuestras vidas? Estos implantes ya están en uso, cada uno deberá determinar qué futuro nos depara este tipo de tecnologías.

Como sali­do de una his­to­ria de Orwell, un micro­pro­ce­sa­dor del tama­ño de un grano de arroz es lo que lle­van implan­ta­do bajo la piel de sus manos los emplea­dos de la com­pa­ñía de már­ke­ting digi­tal New­Fu­sion. Tras varios años uti­li­zan­do las clá­si­cas tar­je­tas de iden­ti cación para char en la empre­sa, la rma bel­ga ha deci­di­do ade­lan­tar­se al futu­ro.
Los implan­tes tie­nen como obje­ti­vo sus­ti­tuir no sólo a las tra­di­cio­na­les tar­je­tas elec­tró­ni­cas, sino tam­bién a los iden­ti cado­res digi­ta­les y ocu­la­res, con­si­de­ra­dos has­ta aho­ra lo últi­mo en segu­ri­dad. Si bien pare­ce que estas tec­no­lo­gías sólo tie­nen aspec­tos posi­ti­vos ¿cua­les son sus posi­bi­li­da­des?
 

¿Podría tener consecuencias negativas?

Según los res­pon­sa­bles de esta idea, el vio­lar la pri­va­ci­dad del por­ta­dor no es posi­ble, dado que el chip colo­ca­do en el cuer­po de estos tra­ba­ja­do­res no incor­po­ra nin­gún GPS ni nin­gún otro sis­te­ma de geo­lo­ca­li­za­ción. Si bien de la mis­ma mane­ra sub­ra­yan que es inge­nuo pen­sar que nues­tra loca­li­za­ción y pri­va­ci­dad son segu­ras, alu­dien­do al ras­tro que vamos dejan­do des­de nues­tros telé­fo­nos móvi­les, tar­je­tas de cré­di­to o de las publi­ca­cio­nes en la red, cuan­do no a tra­vés de nues­tros movi­mien­tos regis­tra­dos en las miles de cáma­ras de segu­ri­dad colo­ca­das en las calles de las gran­des ciu­da­des.

 

controlar personas, controlar la diabetes

Sin embar­go, más allá de las posi­bi­li­da­des más pro­sai­cas, como la que ha lle­va­do a un gru­po de che­cos a inser­tar­se un chip sub­cu­tá­neo a modo de tar­je­ta de cré­di­to para uti­li­zar en deter­mi­na­dos comer­cios, pare­ce que la implan­ta­ción de nano­sen­so­res pue­de aca­bar tenien­do apli­ca­cio­nes mucho más rele­van­tes para la espe­cie huma­na. Un ejem­plo es el que ha lle­va­do a una empre­sa bri­tá­ni­ca a desa­rro­llar micro­chips que tie­nen como obje­ti­vo per­mi­tir a los dia­bé­ti­cos no tener que uti­li­zar insu­li­na.
Sea como fue­re, como era de espe­rar, la posi­bi­li­dad de que den­tro de un tiem­po todos los tra­ba­ja­do­res aca­ben con un micro­chip implan­ta­do en sus­ti­tu­ción de sus iden­ti cado­res per­so­na­les físi­cos ha gene­ra­do mucha polé­mi­ca. Muchos de los detrac­to­res de esta idea han plan­tea­do el hecho de una “inva­sión total de la inti­mi­dad” mien­tras que otros ven en esta tec­no­lo­gía in nitas posi­bi­li­da­des para la Huma­ni­dad.