Con el arri­bo de la Cuar­ta Revo­lu­ción Indus­trial, la estruc­tu­ra social se ha reor­ga­ni­za­do a par­tir de un sis­te­ma de rela­cio­nes que no es esqui­vo de la alfa­be­ti­za­ción digi­tal. Ello ha dado paso al sur­gi­mien­to de una nue­va cla­se, el ciber­pro­le­ta­ria­do o aglo­ta­ria­do. Este últi­mo pare­cie­ra pro­yec­tar un retro­ce­so en la socie­dad, ya que impli­ca un retorno “a la épo­ca feu­dal, don­de pre­va­le­cía una lógi­ca de cas­tas, en la que los due­ños de las tie­rras pasa­ron a ser hoy los due­ños del algo­rit­mo”, advir­tió Pablo.

Según expli­có el espe­cia­lis­ta, “quie­nes poseen el códi­go son quie­nes domi­nan y tie­nen el poder, mien­tras se pier­de la lógi­ca de cla­ses socia­les y la opor­tu­ni­dad de ascen­so social. El que no esté pre­pa­ra­do ter­mi­na­rá rele­ga­do a con­ver­tir­se en un caba­llo de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial. Será la trac­ción a san­gre de una apli­ca­ción, como ocu­rre hoy con los sis­te­mas de envíos o trans­por­te. El que pone el cuer­po es la per­so­na, mien­tras quien da las órde­nes es la apli­ca­ción”.

Recon­ver­sión del para­dig­ma edu­ca­ti­vo

En un mun­do don­de man­da la inme­dia­tez, la pre­gun­ta que tene­mos que hacer­nos es cuá­les son los roles de gene­rar cono­ci­mien­to con rigor, del esfuer­zo, del pro­gre­so y de la edu­ca­ción”, plan­teó el empren­de­dor. Para dar res­pues­ta a este inte­rro­gan­te y refle­xio­nar sobre los desafíos que tie­ne la Argen­ti­na por delan­te, resul­ta menes­ter con­si­de­rar, en pri­mer lugar, las carac­te­rís­ti­cas del mode­lo edu­ca­ti­vo vigen­te en el país.

Me gus­ta repre­sen­tar a la escue­la públi­ca argen­ti­na pen­sa­da des­de la pro­mul­ga­ción de la Ley 1.420 como una abue­la gran­de. La nor­ma —sos­tu­vo Aris­ti­za­bal— no tie­ne más de 135 años de exis­ten­cia y, en sus ini­cios, era con­tex­tual a la era indus­trial”. En el paso de la era rural a esta últi­ma, “los jóve­nes ingre­sa­ban a un sis­te­ma que los for­ma­ba para que pudie­ran salir de esta ins­ti­tu­ción capa­ci­ta­dos para un con­tex­to en el cual era valo­ra­da la ope­ra­ti­vi­dad. De ahí sur­ge mi posi­ción ‘dime qué matriz de gene­ra­ción tie­nes y te diré qué edu­ca­ción exi­ge la socie­dad’”.

Dime qué matriz de gene­ra­ción tie­nes y te diré qué edu­ca­ción exi­ge la socie­dad”.

El espe­cia­lis­ta indi­có que “el gran mode­lo que supi­mos cons­truir hoy se encuen­tra cues­tio­na­do acá y glo­bal­men­te, dado que las habi­li­da­des que se requie­ren en esta era digi­tal y del cono­ci­mien­to han cam­bia­do, y no así los pro­ce­sos de apren­di­za­je y ense­ñan­za”. Des­de su pun­to de vis­ta, el desafío actual es “tra­ba­jar en los apren­di­za­jes fun­da­men­ta­les, como apren­der a ser, a vivir jun­tos, a cono­cer, a apren­der, a aumen­tar (IA) y a crear. Todos estos apren­di­za­jes acon­te­cen des­de una dia­léc­ti­ca entre las habi­li­da­des cog­ni­ti­vas bási­cas, supe­rio­res, socio­emo­cio­na­les, tec­no­ló­gi­cas”.

Coti­nuan­do con su aná­li­sis ante­rior, Pablo des­ta­có que “tene­mos que tener en cuen­ta que nos cen­trá­ba­mos en lo curri­cu­lar, en lo adqui­ri­do” y que “el ver­da­de­ro cam­bio se pro­du­ci­rá cuan­do nos cen­tre­mos en el alumno y cons­tru­ya­mos un apren­di­za­je per­so­na­li­za­do y que per­mi­ta dar­le valor al pro­ce­so de adqui­si­ción tan­to o más que a lo adqui­ri­do”.

La edu­ca­ción no se pue­de pen­sar con mode­los cor­to­pla­cis­tas y uni­la­te­ra­les. Se requie­re un pen­sa­mien­to inte­gral, que con­vo­que a los dife­ren­tes acto­res que for­man par­te del eco­sis­te­ma edu­ca­ti­vo”.

Con­si­de­ran­do el esta­do actual del sis­te­ma edu­ca­ti­vo, ¿qué recur­sos y solu­cio­nes pue­den imple­men­tar­se hoy por hoy exi­to­sa­men­te en el país? ¿Cuá­les deman­da­rán un desa­rro­llo pre­vio?

La eta­pa de la edu­ca­ción ini­cial es cla­ve para sen­tar las bases de lo que los estu­dian­tes tran­si­ta­rán duran­te su pro­ce­so de apren­di­za­je, por lo que refor­zar la pro­gra­ma­ción en ese nivel es fun­da­men­tal. Por otro lado, diná­mi­cas como el apren­di­za­je basa­do en pro­yec­tos y el aula inver­ti­da son herra­mien­tas que pue­den ayu­dar al docen­te a apro­ve­char mejor el tiem­po en cla­se.

CONCEPTOS

El apren­di­za­je basa­do en pro­yec­tos pue­de enten­der­se como una estra­te­gia didác­ti­ca que invo­lu­cra al estu­dian­te en el desa­rro­llo de un pro­yec­to com­ple­jo, des­ti­na­do a solu­cio­nar pro­ble­mas reales. Ello per­mi­te soli­di­fi­car y arti­cu­lar los cono­ci­mien­tos adqui­ri­dos.

Como su nom­bre lo indi­ca, el aula inver­ti­da pre­ten­de inter­cam­biar los momen­tos y roles del mode­lo de ense­ñan­za tra­di­cio­nal. Aquí, se pro­po­ne que los con­te­ni­dos sean ana­li­za­dos y estu­dia­dos por el alumno en casa median­te herra­mien­tas mul­ti­me­dia. Así, la cla­se pue­de des­ti­nar­se a la eje­cu­ción de acti­vi­da­des prác­ti­cas, a tra­vés de la cola­bo­ra­ción y méto­dos inter­ac­ti­vos de tra­ba­jo.

Un cam­bio que debe­mos incor­po­rar en la edu­ca­ción es dejar de pen­sar la escue­la como un puen­te al mun­do labo­ral y fomen­tar en ella el espí­ri­tu empren­de­dor, que, como lo veo yo, es un espí­ri­tu de arro­jo, curio­si­dad y explo­ra­ción, es una habi­li­dad socio­emo­cio­nal. Esto se va a lograr si se le per­mi­te al estu­dian­te crear, ima­gi­nar, desa­rro­llar su poten­cial y apli­car­lo a un pro­ce­so de pro­duc­ción. No se tra­ta solo de hacer, sino de que el niño y el joven pue­dan mate­ria­li­zar el cono­ci­mien­to adqui­ri­do e inno­ven gene­ran­do pro­duc­tos e, inclu­so, ponien­do en valor sus crea­cio­nes.

 

Los niños y ado­les­cen­tes argen­ti­nos for­man par­te de la pobla­ción de nati­vos digi­ta­les. ¿Garan­ti­za esta con­di­ción que sepan cómo uti­li­zar la tec­no­lo­gía en bene­fi­cio de su pro­pio apren­di­za­je?

Saber uti­li­zar un dis­po­si­ti­vo no impli­ca tener pen­sa­mien­to crí­ti­co sobre él ni enten­der cuál pue­de ser un uso apro­pia­do. En ese sen­ti­do, los adul­tos, las fami­lias, los docen­tes somos quie­nes tene­mos que guiar el víncu­lo que esta­ble­cen con la tec­no­lo­gía para que no que­den atra­pa­dos en su tela­ra­ña. Si no, en vez de uti­li­zar el celu­lar, el celu­lar los ter­mi­na­rá usan­do a ellos.

Tene­mos que apli­car un Aiki­do en la edu­ca­ción, apro­ve­char la fuer­za del opo­nen­te, en este caso, la tec­no­lo­gía, como una fuen­te que poten­cie y enri­quez­ca el apren­di­za­je. Por eso, des­ta­co entre los apren­di­za­jes fun­da­men­ta­les ya men­cio­na­dos  el apren­der a aumen­tar (IA). Los huma­nos tene­mos una inte­li­gen­cia bio­ló­gi­ca que pode­mos o no aumen­tar con la inte­li­gen­cia arti­fi­cial para poder des­ple­gar nues­tro poten­cial de ser. Enton­ces, la inte­li­gen­cia arti­fi­cial va gene­rar una huma­ni­dad aumen­ta­da o una peque­ña huma­ni­dad aumen­ta­da, y una gran huma­ni­dad redu­ci­da.

En línea con la pre­gun­ta ante­rior, ¿cómo se han adap­ta­do los docen­tes que for­man par­te de la pobla­ción de inmi­gran­tes digi­ta­les a los cam­bios que ha intro­du­ci­do la tec­no­lo­gía en la edu­ca­ción?

Esta es la pri­me­ra gene­ra­ción de adul­tos que apren­de sobre nue­vas herra­mien­tas a la par de los niños y jóve­nes. Tene­mos que refle­xio­nar de qué mane­ra esta­mos esta­ble­cien­do el víncu­lo con la tec­no­lo­gía. La tec­no­lo­gía, en tan­to medio, posi­bi­li­ta que se pue­da tener un buen o mal uso, tan­to para enri­que­cer tan­to la ense­ñan­za como el apren­di­za­je. Nos per­mi­te tra­ba­jar colabora­ti­va­men­te y cocons­truir cono­ci­mien­to.

Cuan­to más se pre­pa­ren, inves­ti­guen y des­cu­bran lo que pue­de enri­que­cer las diná­mi­cas áuli­cas en su dis­ci­pli­na, los docen­tes podrán incor­po­rar de for­ma más orgá­ni­ca sus posi­bi­li­da­des. Así, podrán ayu­dar a sus alum­nos a aumen­tar su apren­di­za­je con el uso de la tec­no­lo­gía.

Saber uti­li­zar un dis­po­si­ti­vo no impli­ca tener pen­sa­mien­to crí­ti­co sobre él ni enten­der cuál pue­de ser un uso apro­pia­do.

¿Qué bene­fi­cios ofre­ce un aula vir­tual en com­pa­ra­ción con una físi­ca? ¿Qué aspec­tos de la segun­da no pue­den ser reem­pla­za­dos o supe­ra­dos por la pri­me­ra?

El aspec­to que no pue­de ser reem­pla­za­do es el del docen­te como guía y faci­li­ta­dor. Más allá de eso, el aula vir­tual per­mi­te, por un lado, desa­rro­llar la esca­la­bi­li­dad, es decir, que un mis­mo cono­ci­mien­to pue­da ser des­ple­ga­do en un núme­ro mayor de per­so­nas, inclu­so en dife­ren­tes terri­to­rios. Por el otro lado, brin­da per­so­na­li­za­ción y tra­za­bi­li­dad.

El estu­dian­te pue­de tomar una cla­se en cual­quier momen­to y lugar, y repa­sar­la las veces que lo nece­si­te. El docen­te, por su par­te, pue­de hacer un segui­mien­to más exhaus­ti­vo a par­tir de la tec­no­lo­gía, ade­más de con­tar con herra­mien­tas que enri­quez­can su cla­se y con­tri­bu­yan a su cre­ci­mien­to pro­fe­sio­nal. A pesar de esto, y exis­tien­do la posi­bi­li­dad de incluir un gra­fo social —socio­gra­ma de las comu­ni­da­des onli­ne—, el emer­gen­te del aula y la inte­li­gen­cia cola­bo­ra­ti­va que allí ocu­rren no pue­den ser reem­pla­za­dos por un con­tex­to vir­tual.

Pablo Aris­ti­za­bal
Licen­cia­do en Admi­nis­tra­ción
Pro­fe­sor en la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires
Fun­da­dor de Com­pe­tir Edtech

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