CUANDO LAS HOJAS SE SONROJAN

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Estamos en el momento más algido de esta época del año, donde el otoño se nos muestra en todo su esplendor.  

Es imposible retener la emoción cuando uno contempla cualquiera de nuestros paisajes otoñales. La humedad va calando y la hojarasca cubre el suelo, castaños y olivos maduran. Tractores y maquinarias ya se encuentran bajo el resguardo de los galpones, las bodegas están repletas de mosto, los viñedos se han reservado para sí mismos los amarillos, los rojos y los ocres en despedida a la ya pasada temporada, extendiéndose en los viñedos una infinidad de gamas de colores que invaden nuestra vista.

Para muchos amantes de la naturaleza se trata de uno de los paisajes más bellos que existen: el momento del año en el que la vid, cumplida ya su labor productora, se despide demostrando al paseante hasta qué punto la viticultura es un arte más allá del vino.

Te invitamos a que una mañana cuando el sol cae e ilumina vides y alamos, calentando con su tibio abrigo a nuestros cuerpos que se hayan embebidos entre tanta abundancia de sentidos, aromas y sabores, recorramos esos caminos que nos llevan a los pies de los colosos del oeste. Y junto al fuego que asa suculenta carne, escuchemos una oda a toda esa belleza que se nos presenta, sublime y efímera… No es lo mismo el otoño en mendoza, esa es una gran verdad.

Y en ese mismo momento en el que nos encontremos contemplando ese maravilloso cuadro, sería una picardía no destapar un gran vino que acompañe a ese prodigio llamado otoño.

Achaval Ferrer Malbec

Se trata de un monovarietal 100 % malbec que tiene una estancia de 9 meses en barrica francesa y una guarda de 10 años en cava. En boca se presenta potente y sin embargo es amable con gran presencia de fruta roja y especias, además en él se pueden apreciar sutiles toques a chocolate y tabaco. Este espécimen es perfecto para combinarlo con carnes fuertes o cordero.

Nos encontramos quizás en uno de los mejores momentos del año para apreciar la inmensa belleza que albergan nuestros paisajes. En uno de esos días que nos brinda el otoño, antes de que llegue el frío, los caminos que llevan hacia las viñas nos invitan a dejar que los sentidos se empapen de la complicidad de un entorno que nos llama al disfrute, al pensamiento y a los sabores. Y ese momento es el perfecto para descorchar un exquisito vino.

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