Carlos Marcelo  Sicilia nos acompaña con “Su propio reportaje”

Empie­zo estos pen­sa­mien­tos con una pre­gun­ta: ¿ Esa dicha, esa feli­ci­dad con que la radio sedu­ce a quie­nes la ani­man es real? ¿O se tra­ta de una mera impre­sión, un deli­rio?

Cuan­do yo era chi­co (si, ya se: la Tie­rra esta­ba caliente…¡ufa!) mi Mamá escu­cha­ba en Radio del Esta­do ( hoy Nacio­nal) “Las Dos Cará­tu­las, el Tea­tro de la Huma­ni­dad”, un radio tea­tro que iba los domin­gos por la noche. Con el tiem­po apren­dí que las cará­tu­las eran, real­men­te, las care­tas de dra­ma y come­dia que se ponían los grie­gos para repre­sen­tar sus obras. Una con risa, la otra con cara de tris­te­za. Yo soy como un actor grie­go, y me zam­po la eter­na son­ri­sa para decir­le a mis oyen­tes lo que quie­ren escu­char. Por­que esta es la úni­ca ver­dad. Todos tie­nen un mam­bo tan com­pli­ca­do en sus cabe­zas que nie­gan nues­tra pro­pia opi­nión, si es muy adver­sa. No digo con esto que lo mío es “tine­lles­co”, pero tra­to de sua­vi­zar la línea que bajo, en una tarea que se pule segun­do a segun­do, a lo lar­go de los últi­mos 52 años (empe­cé en abril de 1963). Una vez, en una Fies­ta Cen­tral de la Ven­di­mia, me refe­rí a San­tos Hum­ber­to Giun­ta, falle­ci­do el año ante­rior. Fue­ron 10-15 segun­dos. Y siguió el acto. Un par de días des­pués, en la calle, me para un tipo y me dice:”…pero qué me calien­te lo de Giun­ta…” y siguió mas­cu­llan­do. Me dí cuen­ta que mi sen­ti­mien­to me había embos­ca­do. Por eso, cuan­do mi Vie­ja se murió, un sába­do, al lunes siguien­te me puse la care­ta y seguí ade­lan­te con lo que los oyen­tes que­rían escu­char (y que no era mi due­lo o dra­ma personal…o sea).

Dicen que la radio, por su invi­si­bi­li­dad, por su inme­dia­tez, posee una suer­te de magia, una espe­cie de fas­ci­na­ción sobre los oyen­tes. Con mi expe­rien­cia, mi anti­güe­dad en ese mun­do espe­cial ¿Cuál es mi idea al res­pec­to? Es que la radio es -usan­do un lugar reque­te­co­mún- el “esce­na­rio de la ima­gi­na­ción”. Todos ima­gi­nan su pro­pia reali­dad vir­tual. Creen que mi com­pa­ñe­ra de “Hola, País”, Patri­cia Ami­co, es un minón tipo Play­boy, y resul­ta ser una mucha­chi­ta de 1.55 con bue­na onda. Se apro­ve­cha esta res­pues­ta para bene­fi­cio de la radio, mar­can­do silen­cios, con gol­pes musi­ca­les, susu­rran­do en el micró­fono. Por­que es una comu­ni­ca­ción pri­va­da entre dos: el emi­sor, a la sazón, y el recep­tor, o sea cada uno de los que se con­for­man los cien­tos de miles de ñatos que nos sin­to­ni­zan que reci­be el men­sa­je como si fue­ra per­so­nal. E inclu­so a sabien­das de que el humo­ris­ta está repre­sen­tan­do un per­so­na­je (Rodri­go Gal­deano como Doña Pres­bi­cia), la ven como un per­so­na­je que exis­te en la reali­dad. ¡ SI has­ta nos man­dan men­sa­jes de tex­to que dicen… “es igua­li­ta a mi abue­la”…! Es una magia (nun­ca mejor usa­do tal voca­blo) que no ter­mi­na nun­ca.

Cuan­do apa­re­ció la tele­vi­sión, allá por años de María Cas­ta­ña, algu­nos ago­re­ros dije­ron que se venía el fin de la radio. No fue así: des­apa­re­cie­ron los cines, los de barrios, bellí­si­mos, algu­nos al aire libre y los clá­si­cos del cen­tro. Y la radio se poten­ció más aun ¿Por qué? Por­que no son com­pe­ti­ti­vos. Por­que pue­den lle­gar a com­ple­men­tar­se. Tan­to, que aho­ra en la tele, se tele­vi­san los ¡pro­gra­mas de radio! Lo ves en AM, Desa­yuno Ame­ri­cano, los pro­gra­mas de Fox Sports, y siguen los nom­bres. Tie­ne ade­más de la fas­ci­na­ción de la que hablé antes, la inme­dia­tez y la faci­li­dad de ser par­te de uno, ya sea en el celu­lar o antes, con la Spi­ca. Los cines se fue­ron murien­do por­que el cen­tro se murió, Se fue apa­gan­do y si no hay bri­llo, los bichi­tos de luz no revo­lo­tean. Ir al Gran Rex y des­pués a Capri, o al Ave­ni­da y des­pués jun­tar­se en el Cap Polo­nio sir­ve una, dos veces. Des­pués, se abu­rre uno. Las gran­des super­fi­cies como Malls o Shop­pings, con varie­dad de ofer­ta y cines del siglo 21 se trans­for­ma­ron en el faro del entre­te­ni­mien­to, y los bió­gra­fos con dos pelí­cu­las, mati­nee, fami­liar y noche… ¡se murie­ron, nomás!

Apren­dí en la Radio con Rena­to Lavag­na, con un tan­que que se lla­ma­ba “Lo impor­tan­te es Levan­tar­se”, a comien­zos de los 60, siem­pre des­ti­ló buen humor. Cuan­do hay, como exis­ten aho­ra, exce­len­tes imi­ta­do­res y cómi­cos, es for­zo­so que varias vér­te­bras de esa colum­na sean de comi­ci­dad.

Por otro lado, Nihuil tuvo y tie­ne, ade­más, nom­bres que son pesos media­nos en el perio­dis­mo, pero que ponen todo su esfuer­zo en la noti­cia. ¡ Que bueno sería que hoy me acom­pa­ña­ran, como antes, Miguel Páez Herre­ro, Fabián Calle (el me bau­ti­zó “Cacho­rro”), Dan­te di Loren­zo, Fer­nan­do Loren­zo, Alber­to Atien­za, Gus­ta­vo Sola­nes, mi her­mano Hora­cio, el fla­co Mon­tes de Oca, el Galle­go Bus­tos Herre­ra, Jor­ge Sosa…se me entur­bia el recuer­do.

Pero corres­pon­de que uno se mues­tre como real­men­te es, con sus acier­tos y erro­res, pero nun­ca actuan­do un papel, por­que, tar­de o tem­prano, si estás actuan­do mos­trás la hila­cha de tu ver­da­de­ro “yo”, y si quien te sigue te sor­pren­de en el fallo, todo lo cons­trui­do se des­mo­ro­na, y no te vol­vés a levan­tar más. Perio­dis­mo, movi­le­ros, humo­ris­tas, el con­duc­tor con la pól­vo­ra bien seca, ¡y vamos andan­do!…

Está nacien­do un nue­vo perio­dis­mo. Con­sis­te en la inter­ven­ción de los lec­to­res en los medios vir­tua­les. Cri­ti­can. Ana­li­zan. Cues­tio­nan a los redac­to­res. Cada tan­to escri­ben cró­ni­cas mejo­res que las pro­fe­sio­na­les. Esa varia­ble moder­na, la par­ti­ci­pa­ción, ingre­sa en las radios con la fuer­za que lo está hacien­do en inter­net.

Y en la Radio eso suce­de des­de hace ya muchí­si­mo tiem­po. No olvi­dar que la radio es un medio elec­tró­ni­co, y la nue­va comu­ni­ca­ción tie­ne esa base. Men­sa­jes de tex­to, Face­book, Twit­ter, emails y el clá­si­co oyen­te en el telé­fono, todos opi­nan, disien­ten, sugie­ren, bajan línea, gene­ran polé­mi­cas. Los apor­tes son reci­bi­dos de muy buen gra­do y se difun­den de inme­dia­to. A veces son tan­tos que sólo nom­bra­mos quie­nes nos lo envían, por­que no alcan­za el tiem­po. Y muchas veces toma­mos una de las ideas suge­ri­das para seguir la inves­ti­ga­ción y dar­le el toque más pro­fe­sio­nal.

Pero ¿qué es lo que el oyen­te de hoy requie­re de la radio?

Quie­re que esta sea su madre, padre, tutor, encar­ga­do, aman­te, maes­tra, pro­fe­so­ra, con­fe­sio­na­rio. Espe­ra todo. Y para noso­tros que somos una radio con audien­cia ABC1C2D1D2D3, o sea sin noche espe­cial, todo es impor­tan­te y todo se difun­de. Des­de la trans­mi­sión del Gran Pre­mio Patrón San­tia­go de burros, has­ta el repor­ta­je a Bruno Gel­ber. Des­de el Potro Rodri­go a la cien­tí­fi­ca en París que habla de los Husos Hora­rios. El oyen­te mere­ce nues­tra dedi­ca­ción abso­lu­ta, con res­pe­to, serie­dad, y nun­ca cre­yen­do que unos e las sabe todas, por­que más de una vez que­das des­co­lo­ra­do, ¿vis­te?

Por últi­mo, si no tra­ba­ja­ra más en la Radio, me des­en­chu­fo y me borro, como a Ter­mi­na­tor cuan­do lo revien­tan y se le va apa­gan­do el oji­to rojo has­ta que…fin de nues­tros ser­vi­cios. Muchas Gra­cias y Muy Bue­nas Noches…Por eso, cerré 30 años “Hola, País” y sigo aho­ra con una hora dia­ria, para repor­ta­jes a fon­do con repre­sen­tan­tes de la cul­tu­ra men­do­ci­na, y que bajo el títu­lo de “Per­so­na a Per­so­na” pon­go al aire de lunes a vier­nes des­de las 13…¡y has­ta que las velas no ardan!