Los extorsionadores les hacen creer a sus víctimas que tienen a un familiar secuestrado o herido para hacerles pagar importantes sumas de dinero.

Esta prác­ti­ca se ini­cia con una lla­ma­da tele­fó­ni­ca pue­de ser a un celu­lar o a un telé­fono fijo comu­ni­can­do que ha ocu­rri­do un acci­den­te de trán­si­to; que lo deben lle­var al hos­pi­tal y nece­si­tan sus datos. Quie­nes lla­man pue­den iden­ti car­se como per­so­nal poli­cial o del hos­pi­tal, en alguno de los casos. En otro de los casos, sim­ple­men­te ave­ri­guan el nom­bre de uno de los miem­bros de la fami­lia, lue­go lla­man al domi­ci­lio dicien­do que este está secues­tra­do y que a cam­bio quie­ren dine­ro.
La mejor for­ma de pre­ve­nir un supues­to secues­tro, es des­orien­tan­do al secues­tra­dor y hacer evi­den­te su pro­pia men­ti­ra. Para esto, lo ideal es res­pon­der a sus pre­gun­tas con otras pre­gun­tas. Por ejem­plo: ¿Está Rosa?, ¿Qué Rosa? O si le dicen que tie­nen a su hijo, pre­gun­tar por otro nom­bre dife­ren­te al real, con lo que que­da­rá paten­ta­do el inten­to de enga­ño.
Es impor­tan­te ubi­car tele­fó­ni­ca­men­te a sus fami­lia­res y cono­ci­dos, pidien­do ayu­da para poder hallar a las posi­bles víc­ti­mas en el menor tiem­po. Asi­mis­mo, tra­te de cor­tar la comu­ni­ca­ción cuan­tas veces sea lla­ma­do. El pedi­do de cla­ves de tar­je­tas tele­fó­ni­cas es rea­li­za­do mayo­ri­ta­ria­men­te por dete­ni­dos en cár­ce­les, que las usan para seguir come­tien­do el deli­to o como mone­da alter­na­ti­va den­tro del penal.