Argen­ti­na es, des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co, un peque­ño bar­co que nave­ga en el ancho mar de la eco­no­mía mun­dial. Somos “peque­ños” por­que no tene­mos capa­ci­dad para alte­rar las con­di­cio­nes de la eco­no­mía mun­dial con nues­tras accio­nes u omi­sio­nes. Nues­tro com­por­ta­mien­to no alte­ra las tasas de inte­rés inter­na­cio­na­les, ni la for­ta­le­za o debi­li­dad de las prin­ci­pa­les mone­das (dólar, euro, yen, yuan), ni los pre­cios de los com­mo­di­ties, ni el volu­men de comer­cio mun­dial ni la liqui­dez de los mer­ca­dos finan­cie­ros inter­na­cio­na­les.

Para noso­tros, las con­di­cio­nes del “ancho mar” son un dato, una infor­ma­ción que nos vie­ne dada y que no pode­mos alte­rar. Si hay cal­ma es bueno, si hay vien­to de cola aun mejor, pero si hay tor­men­ta habrá que cubrir­se o sufrir las con­se­cuen­cias. Es por eso que lo que suce­da en la eco­no­mía mun­dial nos impor­ta, como a cual­quier capi­tán de bar­co le deben inte­re­sar de ante­mano las con­di­cio­nes meteo­ro­ló­gi­cas para el mar en que nave­ga­rá, espe­cial­men­te cuan­do sabe que no está en sus manos modi­fi­car­las.

¿Cómo está hoy el “ancho mar” de la eco­no­mía mun­dial? ¿Pre­sen­ta con­di­cio­nes favo­ra­bles o des­fa­vo­ra­bles para la nave­ga­ción? Ana­li­zan­do algu­nas macro­va­ria­bles mun­dia­les fun­da­men­ta­les es posi­ble dar­se una idea:

· El cre­ci­mien­to mun­dial se ha esta­bi­li­za­do en valo­res cer­ca­nos al 4%, una tasa mode­ra­da­men­te bue­na. Chi­na e India lo siguen lide­ran­do, pero la bue­na noti­cia es que ya no hay tasas nega­ti­vas en Euro­pa y que EEUU mues­tra soli­dez y con­ti­nui­dad. Sig­ni­fi­ca que a nues­tros poten­cia­les com­pra­do­res les está yen­do bien, bue­na noti­cia para cual­quier ven­de­dor.

Las con­di­cio­nes del “ancho mar” son un dato, una infor­ma­ción que nos vie­ne dada y que no pode­mos alte­rar. Si hay cal­ma es bueno, si hay vien­to de cola aun mejor, pero si hay tor­men­ta habrá que cubrir­se o sufrir las con­se­cuen­cias.

· El volu­men de comer­cio mun­dial sigue su sen­da ascen­den­te sin pri­sa y sin pau­sa, a pesar de las ren­ci­llas comer­cia­les entre EEUU, Euro­pa y Chi­na. Impli­ca que, inclu­so con barre­ras comer­cia­les, el mun­do sigue abier­to e inter­cam­bian­do pro­duc­tos y ser­vi­cios.

· La liqui­dez mun­dial, que cre­ció con fuer­za duran­te la cri­sis de 2008 y 2009 (pre­ci­sa­men­te como ins­tru­men­to para con­tra­rres­tar­la), ha comen­za­do a decre­cer muy gra­dual­men­te. Otra bue­na noti­cia: hay dine­ro en el mun­do y no va a des­apa­re­cer en el cor­to pla­zo. En par­te pue­de com­pen­sar esto la noti­cia de que ese dine­ro es más caro, ya que las tasas de inte­rés suben, pero la subida aún es len­ta y para nues­tra Región (y para Argen­ti­na en par­ti­cu­lar) a menu­do la dis­po­ni­bi­li­dad de fon­dos ha sido más rele­van­te que su cos­to.

· Los pre­cios de com­mo­di­ties sufrie­ron un ajus­te lue­go de los dos “boom” ocu­rri­dos entre 2003 y 2007 y entre 2010 y 2012. Han que­da­do esta­bi­li­za­dos en valo­res “altos” res­pec­to de los regis­tros y pare­cen haber­se ubi­ca­do en un piso tem­po­ral. Ade­más, los corres­pon­dien­tes a ali­men­tos, que son los que la mayo­ría de los paí­ses de la Región expor­tan al mun­do, mues­tran siem­pre menos osci­la­cio­nes.

· Final­men­te, el balan­ce de inver­sión extran­je­ra direc­ta sigue sien­do posi­ti­vo para Amé­ri­ca Lati­na. El flu­jo ha caí­do leve­men­te en los últi­mos años pero no lo ha hecho en for­ma sig­ni­fi­ca­ti­va.

En sín­te­sis, el “ancho mar”, aun­que nun­ca exen­to de algu­na tur­bu­len­cia, se mues­tra en rela­ti­va cal­ma para nave­gar. No hay “vien­to de cola a favor”, pero tam­po­co tor­men­ta a la vis­ta. Se pue­de manio­brar y bus­car la ruta hacia el puer­to que desee­mos lle­gar.

Sin embar­go, es nece­sa­rio acla­rar algo: este no es el mar en que nave­ga Argen­ti­na.

Pero… ¿aca­so no es el mis­mo mar en que nave­gan todos? En reali­dad, la dife­ren­cia no está en el mar, sino en los bar­cos. No todos son igua­les, no todos están en las mis­mas con­di­cio­nes de nave­ga­ción, algu­nos están mejor pre­pa­ra­dos que otros, mejor cui­da­dos. Enton­ces, si bien es cier­to que el mar es el mis­mo, no todos “lo per­ci­ben” igual y lo que para unos es una bri­sa de fren­te para otros se trans­for­ma en un vien­to hura­ca­na­do y lo que para unos es una sim­ple llu­via para otros pue­de repre­sen­tar una tor­men­ta. Con un bar­co moderno, bien pre­pa­ra­do y con una tri­pu­la­ción bien dis­pues­ta y entre­na­da, es posi­ble enfren­tar el mar y su olea­je con cal­ma y sin sobre­sal­tos, inclu­so apro­ve­char las bue­nas con­di­cio­nes de vien­to y los ban­cos de peces. Con un bar­co dete­rio­ra­do, mal man­te­ni­do y una tri­pu­la­ción des­ga­na­da o sin moti­va­ción, lo bueno no pue­de apro­ve­char­se y el mal tiem­po pue­de pro­vo­car inclu­so el nau­fra­gio.

En mate­ria eco­nó­mi­ca, esa dife­ren­cia entre los bar­cos se apro­xi­ma a tra­vés del indi­ca­dor de ries­go país. Si bien es un indi­ca­dor “finan­cie­ro”, que mues­tra la dife­ren­cia en el ren­di­mien­to de los bonos del país y los de EEUU (con­si­de­ra­dos de bajo o nulo ries­go), su lec­tu­ra nos per­mi­te infe­rir qué tan orde­na­da “hacia aden­tro” está la eco­no­mía del país, situa­ción que el mun­do per­ci­be y que mani­fies­ta explí­ci­ta­men­te a tra­vés de la acep­ta­ción o repu­dio de sus ins­tru­men­tos de deu­da en mone­da extran­je­ra. Así, paí­ses macro­eco­nó­mi­ca­men­te des­equi­li­bra­dos (usual­men­te, con des­equi­li­brios exter­nos y fis­ca­les per­sis­ten­tes) ten­drán un mayor “ries­go país”, lo que impli­ca que el mun­do los obser­va­rá con mayor des­con­fian­za y será reti­cen­te a pres­tar­les dine­ro o a inver­tir en ellos.

Argen­ti­na en par­ti­cu­lar nave­ga hoy este “ancho mar en rela­ti­va cal­ma” con un bar­co vie­jo, des­ven­ci­ja­do y poco con­fia­ble. Las repa­ra­cio­nes de los últi­mos dos años no han sido sufi­cien­tes, pero aun así, su gobierno ha deci­di­do hacer­se a la mar.

Argen­ti­na en par­ti­cu­lar nave­ga hoy este “ancho mar en rela­ti­va cal­ma” con un bar­co vie­jo, des­ven­ci­ja­do y poco con­fia­ble. Las repa­ra­cio­nes de los últi­mos dos años no han sido sufi­cien­tes, pero aun así, su gobierno ha deci­di­do hacer­se a la mar.

El grá­fi­co mues­tra cómo en los últi­mos tres meses el indi­ca­dor de ries­go para Argen­ti­na se ha sepa­ra­do del regis­tro de los diez paí­ses más gran­des de Amé­ri­ca Lati­na. En tal sen­ti­do el país, por sus des­equi­li­brios macro­eco­nó­mi­cos (fis­cal, mone­ta­rio y externo), nave­ga en des­ven­ta­ja res­pec­to de sus veci­nos, a quie­nes el mun­do pre­fe­ri­rá en caso de tener que ele­gir des­ti­nos de finan­cia­mien­to o inver­sio­nes. En el mis­mo grá­fi­co se obser­va que entre 2009 y 2015 la dife­ren­cia entre los bar­cos era mayor, en con­tra de Argen­ti­na. Es cier­to, pero de acuer­do al esque­ma eco­nó­mi­co impe­ran­te en ese enton­ces, el país no nave­ga­ba en el ancho mar, per­ma­ne­cía en el mue­lle, ais­la­do de lo que suce­día en la eco­no­mía mun­dial. No hacía fal­ta repa­rar el bar­co pues no había inten­ción de nave­gar. Y se lo dejó dete­rio­rar…

Esta sepa­ra­ción (para mal) del ries­go argen­tino res­pec­to del res­to com­pli­ca sin duda su desem­pe­ño macro­eco­nó­mi­co y fre­na el poten­cial flu­jo de inver­sio­nes, sobre todo cuan­do el nue­vo gobierno ha “abier­to las puer­tas de la eco­no­mía” y bus­ca finan­ciar sus des­equi­li­brios con fon­dos del exte­rior. Los inver­so­res y pres­ta­mis­tas exter­nos no están dis­pues­tos a finan­ciar tales des­equi­li­brios, temien­do que (la his­to­ria nos con­de­na) si lo hacen,  los des­equi­li­brios per­sis­ti­rán y se debi­li­ta­rán los esfuer­zos por corre­gir­los. La correc­ción debe ser pre­via, el bar­co debe arre­glar­se antes de salir a nave­gar.

Pero para ter­mi­nar vea­mos tam­bién el vaso medio lleno, aun­que el esce­na­rio sea hipo­té­ti­co: si (y solo “si”) Argen­ti­na logra repa­rar su bar­co, poner a pun­to sus moto­res y recu­pe­rar la con­fian­za de su pro­pia tri­pu­la­ción, el ancho mar está en cal­ma, lis­to para ser nave­ga­do. No hay vien­to a favor, pero tam­po­co hay tor­men­ta, lo cual a estas altu­ras, es un buen augu­rio y una pers­pec­ti­va alen­ta­do­ra.

Mg. Ale­jan­dro Tra­pé
Eco­no­mis­ta, Direc­tor de la Carre­ra de Eco­no­mía y Pro­fe­sor de la Facul­tad de Cien­cias Eco­nó­mi­cas (UNC).  Socio Direc­tor de A+C con­sul­to­res.

Blog:
www.aletrape.blogspot.com.ar

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