Esta­mos en tiem­pos tur­bu­len­tos. La incer­ti­dum­bre, el temor, a veces la rabia, se ins­ta­lan como com­pa­ñe­ros de camino y nos gene­ran males­tar y estrés. Nada de esto cam­bia la situa­ción. Muy por el con­tra­rio, la empeo­ra. Nues­tro cere­bro, ante la posi­bi­li­dad de “per­der”, saca todas sus armas de super­vi­ven­cia. Ges­tio­nar nues­tro opti­mis­mo revier­te la situa­ción y nos pone en la mejor dis­po­si­ción para trans­for­mar nues­tra reali­dad, para pen­sar con cla­ri­dad y lle­var­nos a una posi­ción mucho más ven­ta­jo­sa.
Nues­tras expec­ta­ti­vas son deci­si­vas en este pro­ce­so. ¿Qué pen­sa­mos? ¿Qué cree­mos que pasa­rá? ¿Cómo vemos el futu­ro? Esto gene­ra­rá un círcu­lo suma­men­te espe­ran­za­dor o, por el con­tra­rio, un pano­ra­ma pesi­mis­ta. ¿Cómo es este cir­cui­to?

Y el resul­ta­do, lógi­ca­men­te, refuer­za las expec­ta­ti­vas futu­ras. Así ter­mi­na­mos sien­do pro­fe­tas de nues­tro pro­pio des­tino, modi­fi­can­do con nues­tro enfo­que inte­rior el entorno en el que vivi­mos. “No vemos las cosas como son”, dice el Tal­mud, “vemos las cosas como somos”. Si nues­tra expec­ta­ti­va es que lo que vie­ne es mejor, nues­tra pre­dis­po­si­ción para ello la acom­pa­ña­rá, actua­re­mos en con­se­cuen­cia y a eso le segui­rán mejo­res resul­ta­dos.

No vemos las cosas como son”, dice el Talmud, “vemos las cosas como somos”. Si nuestra expectativa es que lo que viene es mejor, nuestra predisposición para ello la acompañará, actuaremos en consecuencia y a eso le seguirán mejores resultados.

Por otra par­te, la Real Aca­de­mia Espa­ño­la dice que ges­tio­nar es “hacer dili­gen­cias con­du­cen­tes al logro de un nego­cio o de un deseo cual­quie­ra”. Apli­ca­do al opti­mis­mo, si que­re­mos de ver­dad gene­rar estas expec­ta­ti­vas posi­ti­vas que con­du­cen a resul­ta­dos mejo­res, nece­si­ta­mos hacer cosas con­cre­tas enfo­ca­das en ello. No sir­ve la mera inten­ción, hay que orga­ni­zar un pro­gra­ma espe­cí­fi­co y lle­var­lo a cabo.

Ges­tio­nar el opti­mis­mo requie­re actuar den­tro de un plan orga­ni­za­do cuyo obje­ti­vo fun­da­men­tal es pro­mo­ver la visión posi­ti­va del resul­ta­do. Que todos y cada uno mire­mos hacia ade­lan­te con la cer­te­za de que lo mejor está por venir y así con­tri­bu­yan a con­se­guir­lo. ¿Cómo pode­mos hacer­lo?

El libro Ges­tión del Opti­mis­mo de Mari­ta Abraham pro­po­ne diez pila­res para trans­for­mar los pro­pó­si­tos en resul­ta­dos con­cre­tos. En base a este mode­lo, suge­ri­mos cosas con­cre­tas que pue­des hacer en tu vida y en tu orga­ni­za­ción para trans­for­mar la quí­mi­ca actual:

· Encuen­tra la satis­fac­ción per­so­nal

Cada día tie­nes que encon­trar momen­tos que refuer­cen tu bien­es­tar y con­tri­bu­yan a tu equi­li­brio per­so­nal. Dedí­ca­te tu “momen­to del día”, un espa­cio ínti­mo, tuyo, de unos diez a quin­ce minu­tos. Dedí­ca­lo a pen­sar, a leer, a tomar una rica infu­sión, a cami­nar o a hacer algo que te gus­te y te dé satis­fac­ción.

· Pien­sa en posi­ti­vo y escrí­be­lo

Haz pla­nes, regis­tra nue­vas ideas, iden­ti­fi­ca opor­tu­ni­da­des. Cuan­do ten­gas que enfren­tar­te a un pro­ble­ma difí­cil, tra­ta de pen­sar en las sali­das y solu­cio­nes. Reúne a tu equi­po y gene­ren tor­men­tas de ideas ante cada difi­cul­tad.

· Par­ti­ci­pa en comu­ni­ca­cio­nes edi­fi­can­tes

Siem­pre hay bue­nas noti­cias para con­tar. Aún en medio de cri­sis se pue­de y se debe bus­car un men­sa­je posi­ti­vo. Fren­te al mie­do y al pre­sa­gio de que lo que vie­ne es malo, el ser humano entra en un espi­ral de pre­ser­va­ción, bus­can­do cui­dar­se y pro­te­ger­se. Nece­si­ta­mos sacar­lo de allí abrien­do la puer­ta a la espe­ran­za, con pala­bras entu­sias­tas y un len­gua­je cor­po­ral que sea en sí mis­mo un ejem­plo de que “todo esta­rá bien”. Hay que eli­mi­nar las pala­bras “bom­ba” como “cri­sis” y “pro­ble­mas” reem­pla­zán­do­las por otras que induz­can a pen­sar en solu­cio­nes y posi­bi­li­da­des. ¡Rehú­sa a entrar en dis­cu­sio­nes esté­ri­les y con­ver­sa­cio­nes nega­ti­vas!

· Da retro­ali­men­ta­cio­nes enri­que­ce­do­ras.

Hay que cen­trar­se en el refuer­zo posi­ti­vo a cada cola­bo­ra­dor y per­so­nas de tu entorno. En lugar de “no me gus­ta este infor­me”, decir “Gra­cias por tu infor­me, pre­fie­ro que su exten­sión sea de máxi­mo tres pági­nas y el tipo de letra más gran­de”. Hay que ofre­cer reco­no­ci­mien­to a cada per­so­na, resal­tan­do su valor per­so­nal y demos­tran­do el res­pe­to que se tie­ne por ella, siem­pre mirán­do­le a los ojos mien­tras le hablas.

· Fomen­tar los valo­res de equi­po cons­tru­ye terreno fér­til para el opti­mis­mo.

El tra­ba­jo ocu­pa gran par­te de la jor­na­da e inclu­so… ¡la mejor par­te! Se pasa con los com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo más tiem­po que con la pro­pia fami­lia. Por eso un entorno posi­ti­vo, con rela­cio­nes sanas, es fun­da­men­tal para el opti­mis­mo. Se debe bus­car gene­rar con­fian­za, cone­xión y cohe­sión, rea­li­zan­do acti­vi­da­des que pro­mue­van el cono­ci­mien­to mutuo y la siner­gia posi­ti­va. Hay que incluir en el plan anual jue­gos y diná­mi­cas gru­pa­les, talle­res de cons­truc­ción de equi­po, con­fe­ren­cias moti­va­cio­na­les, reunio­nes orien­ta­das a par­ti­ci­par en temas que for­ta­lez­can al equi­po.

· ¡Des­ta­ca los logros con ener­gía!

¡Todos nece­si­tan endor­fi­nas! Per­so­nas moti­va­das pue­den pen­sar el futu­ro y pen­sar­se a sí mis­mos en él. Son capa­ces de dise­ñar los resul­ta­dos que todos quie­ren, ins­ta­lan­do el con­cep­to proac­ti­vo de “creer para ver” en lugar del “ver para creer”. Incor­po­rar la ale­gría modi­fi­ca la acti­tud y gene­ra espa­cios com­par­ti­dos que alien­tan la espe­ran­za hacia lo nue­vo y lo mejor. Bus­ca los logros del año y resál­ta­los. Men­cio­ne a los “héroes” que tuvie­ron exce­len­te actua­ción y pré­mia­los. Deja un men­sa­je de fuer­za y plan­tea los obje­ti­vos del nue­vo año con pasión y enfo­que.

Gestionar el optimismo significa pensar en grande, conectar con la visión trascendente y objetivos ambiciosos, pero actuar en pequeño, en cada detalle.

Locu­ra es hacer siem­pre lo mis­mo y espe­rar resul­ta­dos dis­tin­tos, dijo Eins­tein. Es el momen­to de un cam­bio con la pre­dis­po­si­ción de vivir cada día ple­na­men­te, cons­cien­te, pre­sen­te y PROTAGONISTA. Ges­tio­nar el opti­mis­mo sig­ni­fi­ca pen­sar en gran­de, conec­tar con la visión tras­cen­den­te y obje­ti­vos ambi­cio­sos, pero actuar en peque­ño, en cada deta­lle.

Cada día pue­de ejer­ci­tar­se la elec­ción de ser feliz, de asig­nar tiem­po a las cosas que ver­da­de­ra­men­te impor­tan. La Ges­tión del Opti­mis­mo es un nue­vo modo de diri­gir y lide­rar, influ­yen­do en el otro para que sea lo mejor que pue­de ser y con­tri­bu­ya al éxi­to de todos apor­tan­do su valor per­so­nal. Requie­re visión posi­ti­va del futu­ro, rea­lis­mo para tra­du­cir­la en el pre­sen­te, éti­ca para incluir a todos y cora­je para per­se­ve­rar en el día a día.

 Mari­ta Abraham

Es Con­fe­ren­cis­ta inter­na­cio­nal, Con­sul­to­ra y Neu­ro­coach. Con­du­ce pro­ce­sos de trans­for­ma­ción orga­ni­za­ti­va y direc­ti­va con exce­len­tes resul­ta­dos. Es la auto­ra del libro “Ges­tión del Opti­mis­mo”. Con­tac­ta con Mari­ta en www.maritaabraham.com. Sus­cri­bi­te a su pági­na de You­tu­be Mari­taOp­ti­mis­mo.

marita@maritaabraham.com

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