Hoy en día se nos plan­tea un desafío enor­me, enten­dien­do que las Orga­ni­za­cio­nes nece­si­tan ser crea­ti­vas e inno­va­do­ras para afron­tar los cam­bios que esta­mos vivien­do, tan­to en el mer­ca­do como en las per­so­nas. Mi con­se­jo es que, en lugar de pen­sar qué debe­ría­mos hacer para ser más crea­ti­vos, cam­bie­mos la pre­gun­ta, por­que no creo que exis­ta nadie que sea crea­ti­vo con ocho reunio­nes dia­rias y cin­cuen­ta mails en su ban­de­ja de entra­da. Tene­mos que apren­der a prio­ri­zar y ser inno­va­do­res, eso es lo que va a mar­car la dife­ren­cia en nues­tras ven­tas y nos va a poner en una situa­ción de ven­ta­ja fren­te a nues­tros com­pe­ti­do­res… Yo deja­ría de correr y empe­za­ría a orga­ni­zar espa­cios don­de se fomen­te la pau­sa, la cola­bo­ra­ción y, por tan­to, la crea­ti­vi­dad y la inno­va­ción.

El Coaching, esa herra­mien­ta que tan­tos resul­ta­dos nos ha dado pri­me­ro en lo depor­ti­vo y lue­go en lo eje­cu­ti­vo, nos da la mano para enten­der y encon­trar nue­vos resul­ta­dos des­de las per­so­nas. En mi humil­de opi­nión, todas las orga­ni­za­cio­nes debe­rían con­tar con un Coach como agen­te de cam­bio, que ayu­de a con­ver­tir la empre­sa en ese espa­cio don­de las nue­vas gene­ra­cio­nes pue­dan desa­rro­llar todo su talen­to. El Coach no es la per­so­na que saca lo mejor de cada uno, sino que es quien edi­fi­ca espa­cios, crea puen­tes de comu­ni­ca­ción, brin­da la faci­li­dad de emo­cio­nar­se y poder sen­tir que se está vivo y, como con­se­cuen­cia,  faci­li­ta el buen desem­pe­ño, el hacer las cosas con sen­ti­do más allá del eco­nó­mi­co. Estos efec­tos son, sola­men­te, el resul­ta­do de esa alta auto­es­ti­ma, de ese espa­cio que res­pi­ra con­fian­za y que gene­ra con­duc­tas pre­vi­si­bles y sanas.

Pro­ce­sos cla­ves. Dis­tin­tas visio­nes.

Selec­ción de per­so­nal

Ya hace varios años que las cam­pa­ñas publi­ci­ta­rias de las mejo­res com­pa­ñías no solo están orien­ta­das a los clien­tes para gene­rar ven­tas, sino tam­bién a las per­so­nas de “a pie”, para lla­mar al talen­to. Es decir, inten­tan comu­ni­car que la empre­sa tie­ne un cli­ma labo­ral envi­dia­ble, con toda una serie de bene­fi­cios para los emplea­dos, y esto sir­ve para que los mejo­res de cada espe­cia­li­dad lla­men a tu puer­ta y quie­ran tra­ba­jar en tu orga­ni­za­ción. Apple, con Ste­ve Jobs al fren­te, fue un cla­ro ejem­plo de cómo, a tra­vés de entre­vis­tas, videos en You­tu­be, se expli­ca­ba al mun­do lo fan­tás­ti­co que era tra­ba­jar en dicha com­pa­ñía; el impac­to fue tan gran­de que los mejo­res gra­dua­dos de las mejo­res uni­ver­si­da­des del mun­do que­rían entrar a for­mar par­te de la fami­lia Apple.

Ese maravilloso plano, donde se creen que nosotros los líderes estamos por encima de nuestros colaboradores, cuando en realidad estamos debajo porque dependemos de ellos”

Actual­men­te, en la selec­ción de per­so­nal, la expe­rien­cia y el cono­ci­mien­to téc­ni­co han deja­do lugar al entu­sias­mo y el buen humor, como las prin­ci­pa­les habi­li­da­des. La serie­dad y el pro­fe­sio­na­lis­mo mal enten­di­dos dejan lugar a per­so­nas con inte­li­gen­cia emo­cio­nal, tac­to y con­fian­za cie­ga en sus equi­pos. Es la úni­ca mane­ra sos­te­ni­ble de desa­rro­llar equi­pos que, hoy más que nun­ca, nece­si­tan de la cola­bo­ra­ción y siner­gia para lle­gar a los resul­ta­dos que los clien­tes cada día más infor­ma­dos y exi­gen­tes nos piden.

Tra­ba­jar en equi­po

Hace algu­nos años me cita­ron, jun­to a once com­pa­ñe­ros, a una reunión con nues­tro Geren­te de Zona, quien nos expli­có que nos habían ele­gi­do a noso­tros de una lar­ga lis­ta para que de allí se selec­cio­na­ra al pró­xi­mo Res­pon­sa­ble de Ope­ra­cio­nes de la empre­sa. Era, sin duda, el lugar soña­do por todos, así que pue­den ima­gi­nar las mira­das entre noso­tros. La regla era bien cla­ra: aquel que en su nego­cio logra­se un mayor resul­ta­do eco­nó­mi­co en los pró­xi­mos seis meses, sería pro­mo­cio­na­do, un medi­dor total­men­te obje­ti­vo. Así es que mis once com­pa­ñe­ros salie­ron de la sala con esa mira­da deter­mi­nan­te de quie­nes tie­nen sola­men­te una cosa en la cabe­za y estu­vie­ron los siguien­tes meses tra­ba­jan­do sin parar; recuer­do que lle­ga­ban antes al tra­ba­jo, al medio día se que­da­ban, se iban los últi­mos a la noche, en el momen­to del cie­rre y, al ter­mi­nar el perio­do esta­ble­ci­do ¿die­ron un mejor resul­ta­do?, pues fue algo mejor, aun­que cabe des­ta­car que, bajo ese rit­mo de los dos últi­mos meses, las deci­sio­nes no habían sido tan cla­ri­vi­den­tes ni de tan­to impac­to.

Yo tuve la gran suer­te de cono­cer a un pro­fe­sor en el Más­ter de Recur­sos Huma­nos el cual reali­cé en IQS Bar­ce­lo­na y que cam­bió mi visión de las cosas, uno de esos pro­fe­so­res que te que­dan gra­ba­dos en la memo­ria por lo mucho que te impac­ta­ron al cono­cer­los. Pues bien, él me había con­ven­ci­do que la úni­ca mane­ra de con­se­guir un resul­ta­do mayor al del res­to era un buen equi­po, que no había nin­gún indi­vi­duo en el mun­do capaz de supe­rar a un equi­po de tra­ba­jo bien coor­di­na­do, así que yo me que­dé en la sala de reunio­nes espe­ran­do que todos salie­ran y cuan­do estu­ve a  solas con mi geren­te, le pre­gun­té si yo podía ele­gir a la per­so­na que cubri­ría mi pues­to si yo fue­ra el ele­gi­do. Mi geren­te se me que­dó miran­do y con voz refle­xi­va dijo: “Sí, lo veo jus­to, ade­lan­te”.

Lle­gué a la sucur­sal, ansio­so, con ganas de reunir­me con todos para dar­les la gran noti­cia: “Seño­res, si de aquí a seis meses con­se­gui­mos el mejor resul­ta­do, seré el pró­xi­mo Res­pon­sa­ble de Ope­ra­cio­nes de la empre­sa”. Todos mis com­pa­ñe­ros me mira­ron y con cara de indi­fe­ren­cia me con­tes­ta­ron al uní­sono: “¿Y?”. Cla­ro, a ellos no les iba a cam­biar nada, y mi res­pues­ta fue inme­dia­ta: “Y… si yo con­si­go este pues­to, mi vacan­te será cubier­ta por aquel que con­si­ga con su par­ti­ci­pa­ción y entu­sias­mo un mejor resul­ta­do”. Las caras cam­bia­ron al segun­do, por supues­to que no para todos, ya que siem­pre habrá gen­te que no quie­re desa­rro­llar­se ni asu­mir más res­pon­sa­bi­li­da­des, pero una gran par­te del gru­po me indi­có, con la mira­da, las ganas y el inte­rés que tenía por dicho pues­to, así que nos pusi­mos manos a la obra. Lo pri­me­ro que pre­gun­té fue qué íba­mos a hacer y cómo íba­mos a lograr­lo. Eso fue sufi­cien­te para que las ideas no para­ran de fluir y cada vez eran mejo­res. Pasa­mos seis meses, para mí de los más diver­ti­dos que recuer­do, tra­ba­jan­do duro, en equi­po y suman­do diver­sión (menu­da fór­mu­la), todo has­ta con­se­guir el mejor resul­ta­do. Lo logra­mos, ya que un equi­po siem­pre será mejor que un indi­vi­duo.

El Coach es quien edifica espacios, crea puentes de comunicación, brinda la facilidad de emocionarse y poder sentir que se está vivo.

El Coaching

Vis­to todo esto, cabe pre­gun­tar­se cómo serán los nue­vos líde­res de las orga­ni­za­cio­nes, qué ten­drán en cuen­ta y qué les pedi­rán a sus equi­pos de tra­ba­jos, cómo se enten­de­rá el tra­ba­jo en equi­po… El Coaching nos da solu­ción a todas estas pre­gun­tas, ya que hoy en día el obje­ti­vo prin­ci­pal de cual­quier líder es redu­cir la rota­ción de per­so­nal, invo­lu­crar a su gen­te y com­pro­me­ter­la, pero las vie­jas mañas del lide­raz­go ya deja­ron de fun­cio­nar, ya que no se pue­de influir en per­so­nas inde­pen­dien­tes que piden paso y que quie­ren ser autó­no­mos y gene­ra­do­res de ideas. Hoy el líder debe saber ceder ese espa­cio, poten­ciar esas cua­li­da­des, gene­rar víncu­los don­de el tra­ba­jo en equi­po y la cola­bo­ra­ción sean la rece­ta para bus­car y encon­trar gran­des resul­ta­dos. Hoy el Coaching es la herra­mien­ta que solu­cio­na­rá el lide­raz­go en las nue­vas Orga­ni­za­cio­nes.

Oriol Caba­né

Coach y Con­sul­tor Inter­na­cio­nal

@oriolcabane/cabane.rovira@gmail.com

+5076468.2298

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