Las emociones juegan un rol vital en nuestro día a día, saber cómo manejarlas tiene un papel muy importante en nuestra realización personal.

 Con inte­li­gen­cia emo­cio­nal nos refe­ri­mos a nues­tra capa­ci­dad para diri­gir­nos con efec­ti­vi­dad a los demás y a noso­tros mis­mos, de conec­tar con nues­tras emo­cio­nes, de ges­tio­nar­las, de auto­mo­ti­var­nos, de fre­nar los impul­sos y de ven­cer las frus­tra­cio­nes para lograr una mejor vida.

Si pen­sa­mos dete­ni­da­men­te en la tras­cen­den­cia de nues­tras emo­cio­nes en nues­tra vida dia­ria nos dare­mos cuen­ta rápi­da­men­te que son muchas las oca­sio­nes en que éstas influ­yen deci­si­va­men­te en nues­tra vida, aun­que no nos demos cuen­ta para lograr estar más en con­trol sobre nues­tra vida hay que saber cua­les son ele­men­tos que debe­mos tra­ba­jar para mejo­rar la for­ma en la que vivi­mos:
Auto­con­cien­cia emo­cio­nal
Es reco­no­cer cómo nues­tro esta­do aními­co afec­ta al com­por­ta­mien­to, cuá­les son nues­tras capa­ci­da­des y cuá­les son nues­tros pun­tos débi­les. Debe­mos saber exac­ta­men­te qué nos ocu­rre en el cuer­po y qué sen­ti­mos. Este es el pri­mer paso y sólo se da cuan­do la infor­ma­ción afec­ti­va entra en el sis­te­ma per­cep­ti­vo.
Auto­rre­gu­la­ción
Nos per­mi­te refle­xio­nar y domi­nar nues­tros sen­ti­mien­tos o emo­cio­nes, para no dejar­nos lle­var por ellos cie­ga­men­te, es saber detec­tar las diná­mi­cas emo­cio­na­les, saber cuá­les son efí­me­ras y cuá­les son dura­de­ras.
Auto­mo­ti­va­ción
Enfo­car las emo­cio­nes hacia obje­ti­vos y metas nos per­mi­te man­te­ner la moti­va­ción y esta­ble­cer nues­tra aten­ción en las metas en vez de en los obs­tácu­los.
Empa­tía
El reco­no­cer las emo­cio­nes y sen­ti­mien­tos de los demás es el pri­mer paso para com­pren- der e iden­ti car­nos con las per­so­nas que los expre­san.
habi­li­da­des socia­les
Es saber tra­tar y comu­ni­car­se con aque­llas per­so­nas que nos resul­tan sim­pá­ti­cas o cer­ca- nas, pero tam­bién con aque­llas con las que natu­ral­men­te no tene­mos a nidad.
IE en empre­sas
Se ha des­cu­bier­to que una de las cla­ves del éxi­to comer­cial y de la ven­ta de sus pro­duc­tos está en el gra­do en que sus tra­ba­ja­do­res son capa­ces de reco­no­cer y con­tro­lar sus emo­cio­nes, así como las de sus clien­tes. Es casi impen­sa­ble con­ce­bir un comer­cial de ven­tas que carez­ca de habi­li­da­des en el tra­to con los clien­tes, un empre­sa­rio sin moti­va­ción para la direc­ción de su com­pa­ñía o un nego­cia­dor que no sepa capaz de con­tro­lar sus impul­sos y emo­cio­nes.
En lo ante­rior­men­te men­cio­na­do radi­ca la impor­tan­cia de tomar cons­cien­cia sobre nues­tras emo­cio­nes y cómo in uen­cian en nues­tra vida tan­to afec­ti­va como labo­ral.