Duran­te la tem­po­ra­da vera­nie­ga debe­mos pen­sar en el dis­fru­te de todos los miem­bros de la fami­lia, inclui­das nues­tras ama­das mas­co­tas, que en esta épo­ca pro­pi­cia para jugar al aire libre, requie­ren de cui­da­dos para com­ba­tir el calor,  man­te­ner­se en for­ma y gozar de un esta­do de salud ópti­mo.

VIAJAR SEGUROS
Si te vas de vaca­cio­nes y dejas a tu perro/gato en casa, recor­da que la sole­dad no es bue­na. El sufri­rá mucho estrés, pues no enten­de­rá que regre­sa­rás pron­to y pen­sa­rá que des­apa­re­cis­te. Para evi­tar­lo, pedi­le a un vecino o parien­te cono­ci­do por tu mas­co­ta que lo visi­te dia­ria­men­te y le otor­gue afec­tos y cui­da­dos. Tam­bién pue­de pasar las vaca­cio­nes en otro hogar cono­ci­do. En ese caso es impor­tan­te que lle­ve su pla­to, cucha, jugue­tes y ali­men­to, para que no le cues­te sen­tir­se como en casa.
Si los acom­pa­ña en el via­je,  recor­da lle­var: los pape­les per­ti­nen­tes que pida la adua­na, la libre­ta sani­ta­ria al día, pipe­tas, sus poci­llos, cucha, ali­men­to, agua fres­ca y en el caso de los gatos, su are­ni­ta. No debes rea­li­zar el via­je de corri­do, sino con para­das cada tan­to, así pue­de hacer sus nece­si­da­des y esti­rar las patas.
GOLPES DE CALOR
Tan­to en la pla­ya como en pro­vin­cias calu­ro­sas como la nues­tra, es impor­tan­te no expo­ner a nues­tras mas­co­tas al sol en horas pico (10hr /17hr) pues pue­de pro­du­cir­se un gol­pe de calor, que si no se tra­ta a tiem­po pue­de cau­sar­les la muer­te. Mucho cui­da­do con las razas bra­qui­ce­fa­lias (nariz cha­ta) como el pequi­nés, bóxer o el bul­dog.
Para pre­ve­nir­lo, bajo nin­gún moti­vo hay que dejar­los ence­rra­dos en el auto o ata­dos al rayo del sol. El vehícu­lo alcan­za tem­pe­ra­tu­ras muy ele­va­das y si nues­tra mas­co­ta no pue­de refres­car­se pue­de ser fatal. Ellos regu­lan su calor cor­po­ral a tra­vés del jadeo, del sudor que se eli­mi­na por las almoha­di­llas de las patas y los gatos a tra­vés del lami­do. Siem­pre lle­var agua fres­ca y lim­pia, apro­ve­char las zonas de som­bra, mojar­le las patas, ali­men­tar­los a la maña­na tem­prano y a la noche, duran­te las horas de sol, solo lo jus­to y nece­sa­rio.
PELAJE
Muchos pien­san que rapar a los perros en verano es ayu­dar­los a refres­car­se. Sin embar­go no es así. El pelo fun­cio­na como ais­lan­te tér­mi­co tan­to en invierno como en verano y pro­te­ge a la piel de los rayos del sol. Los perros que sue­len mudar el pelo dos veces al año, en pri­ma­ve­ra y oto­ño, no deben ser pela­dos. Lo reco­men­da­ble es cepi­llar­los mucho y muy bien, para ayu­dar­los a eli­mi­nar el pelo muer­to de la tem­po­ra­da ante­rior y per­mi­tir el paso del pelo nue­vo más fino.
INTOXICACIONES E INGESTAS NOCIVAS
Duran­te las vaca­cio­nes aumen­ta el núme­ro de turis­tas, por lo tan­to aumen­ta la can­ti­dad de basu­ra y obje­tos extra­ños que pode­mos encon­trar en luga­res públi­cos ¡Estar aler­ta! Pues los pichi­chos son de olfa­tear y pro­bar todo lo que encuen­tran a su paso. Pue­den into­xi­car­se o las­ti­mar­se seria­men­te. La solu­ción es pasear­los con correa. Con res­pec­to a su ali­men­ta­ción, lle­var la comi­da habi­tual, no inno­var con ali­men­tos dife­ren­tes ni dar­les comi­da pre­pa­ra­da, por­que se des­com­po­ne fácil­men­te. Lo mis­mo con el agua, no dejar­los beber si sos­pe­cha­mos que son aguas no pota­bles, pue­de pro­du­cir­le dia­rrea o en el peor de los casos into­xi­ca­ción. Si están en la pla­ya, que no beban del océano y mucho cui­da­do! Pue­den aho­gar­se debi­do al can­san­cio o algu­na corrien­te, no hay que dejar­los ale­jar­se de la cos­ta. Man­te­ner las ore­jas secas des­pués del cha­pu­zón, el agua acu­mu­la­da pue­de pro­du­cir­les oti­tis y, final­men­te, cepi­llar­les el pelo para qui­tar la sal mari­na.
Siem­pre con­sul­ta con un vete­ri­na­rio ante cual­quier duda que sur­ja, él sabrá orien­tar­te y ayu­dar­te.  Si tomas todas estas pre­cau­cio­nes vos y tu mas­co­ta dis­fru­ta­rán de un exce­len­te verano jun­tos, es la mejor for­mar de demos­trar­le todo el amor que le tenés y lo agra­de­ci­do que estas por su amis­tad y com­pa­ñía. Siem­pre te devol­ve­rá ese cari­ño mul­ti­pli­ca­do.