SEBASTIAO SALGADO

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Creó un instituto que lleva plantados más de dos millones de ejemplares. Su trabajo trascendió fronteras y es inspiración de nuevos proyectos que buscan revivir las tierras deforestadas para mejorar el ecosistema.

Él es un fotógrafo sociodocumental y fotorreportero nacido en Aimorés – Brasil. Ha viajado a más de 100 países por sus proyectos fotográ cos. Considerado el mejor fotógrafo de los comienzos del siglo XXI, ha recibido numerosos premios internacionales. Pero su compromiso con la sociedad no queda sólo ahí, reforestó y devolvió la vida al bosque donde creció.

Era 1994, y acababa de regresar de una misión periodística muy traumática sobre el genocidio en Ruanda para hacerse cargo de las tierras de su familia en Minas Gerais. Al regresar encontró que los árboles habían sido talados y que la vida salvaje había desaparecido. Solamente alrededor de un 0,5% de la tierra estaba cubierta por árboles. En

ese momento él quedó devastado. Entonces su esposa tuvo una gran idea, reforestar el bosque. Y al hacerlo, los insectos, pájaros y peces regresaron; el bosque volvió a la vida. Allí Salgado y su familia establecieron

el Instituto Terra y llevan plantados más de 2 millones de árboles, transformando el ambiente. Al hacerlo, encontró una respuesta al cambio climático, como así también inspiración creativa.

Hay un solo ser que puede transformar el CO2 en oxígeno para poder detener el cambio climático, un árbol. Por esta razón se necesitan bosques de árboles nativos; no es un proceso sencillo, se necesita recoger las semillas en la misma región que se plantan. Y si se plantan árboles en bosques a los que no pertenecen, los animales no vendrán y el bosque estará en silencio. Es por eso que se debe llevar un trabajo continuo y a largo plazo por el bien de todos.

Cooperar para salvar al mundo

Sebastião unió esfuerzos para promover la reforestación de especies nativas con dos obispos procedentes de las zonas más pobres del continente negro, Tanzania y Uganda.

El Obispo Fredrick Shoo, apodado el obispo árbol, vive a los pies del Monte Kilimanjaro en Tanzania. Su diócesis ha sido devastada por la disminución constante de las lluvias, la degradación del suelo y los ríos. Se cree que esto está relacionado con los campos de nieve y glaciares en disminución en la montaña más alta de África y con los bosques seriamente degradados que han sido talados para cultivos o para hacer carbón vegetal.

Hoy movilizan a la comunidad, especialmente a la juventud y los miembros de la iglesia, para que planten la mayor cantidad posible de árboles. Afortunadamente gracias al esfuerzo realizado han podido revivir miles de hectáreas asu antiguo estado, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

Hacia el norte de esta región, un obispo anglicano de Bunyoro Kitara, trabaja en los distritos de Uganda occidental quienes presentan una realidad similar a la que se vive en Tanzania. La realidad del cambio climático es que a quienes más golpea es a los pobres y vulnerables. Los deja entre dos opciones: la supervivencia o el desarrollo. La gente no tiene opción, más que talar un árbol para llevar de comer a su mesa. Es por esta razón que las personas han aprovechado los árboles, invadiendo además humedales y ríos.

Es por eso que Kyamanywa comenzó a plantar árboles para revivir la tierra hace un poco más de 10 años. Organizando a mujeres y jóvenes empezaron a cultivar sin sustancias químicas, construyeron escuelas ecológicas para enseñarles a los niños y plantaron árboles en 19 hectáreas de tierra de la iglesia, a modo de ejemplo. de esta manera convencieron a otros para que se unieran. Hoy la gente puede ver

el impacto de la plantación de árboles. A medida que regresan los árboles, mejoran las lluvias y cuando hay tormentas, no arrasan más las poblaciones. Los animales y la vida salvaje están de regreso. La gente se siente mejor. Todo crece.

Los seres humanos, no somos indispensables. Si desaparecemos, la naturaleza continuará, pero si la naturaleza desapare- ce, entonces ninguno de nosotros sobrevivirá. Es por este motivo que es tan importante difundir estas acciones y empezar a colaborar para que no queden solamente ahí, de nosotros depende el futuro de la Humanidad.

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