Eduar­do Hoff­mann nació en Men­do­za en 1957 y, des­de enton­ces, su des­tino estu­vo escri­to: el arte ocu­pa­ría un lugar pro­ta­gó­ni­co en su vida. Su infan­cia fue influen­cia­da por los pin­ce­les, acua­re­las y pape­les de su tío y su ado­les­cen­cia estu­vo sig­na­da por ese hado irre­me­dia­ble: una enfer­me­dad lo ale­jó del rugby y lo empu­jó al dibu­jo. Lo que en un prin­ci­pio pare­cía un reme­dio a la desa­zón, se trans­for­mó rápi­da­men­te en una voca­ción: la pin­tu­ra.

Duran­te su juven­tud se for­mó en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Cuyo con quien fue su gran men­tor, Zdrav­ko Duc­me­lic, y via­jó por el mun­do. En 1984 resi­dió en Bra­sil; un año más tar­de se ins­ta­ló en París, don­de fue aco­gi­do por Julio Le Parc y pasó tem­po­ra­das en Madrid y en Ale­ma­nia. Su pres­ti­gio­sa y prós­pe­ra carre­ra lo ha lle­va­do a expo­ner en las prin­ci­pa­les ferias de arte inter­na­cio­na­les y sus pin­tu­ras han sido subas­ta­das en Christie’s, Sotheby’s y Phi­llips de Pury. Su talen­to ha alcan­za­do la Quin­ta de Oli­vos y ha ador­na­do las pare­des de la casa de Máxi­ma Zorre­guie­ta.

Hoy, ya cons­ti­tui­do en uno de los íco­nos men­do­ci­nos del arte abs­trac­to en todo el glo­bo, com­par­te con revis­ta ÚNICO algu­nas refle­xio­nes sobre el arte y su vida.

¿Cuál es el rol del arte en el mun­do actual según tu visión?

Según las exi­gen­cias his­tó­ri­cas, el rol del arte se ha ido trans­for­man­do. Des­de aque­llos tiem­pos de encar­gos, con temas recu­rren­tes natu­ra­lis­tas, reli­gio­sos, his­tó­ri­cos -tiem­pos en que el gran públi­co acep­ta­ba ese tipo de arte por­que cono­cía lo que se esta­ba repre­sen­tan­do-, has­ta el deve­nir de la foto­gra­fía y el docu­men­to fide­digno, el arte como repre­sen­ta­ción o rela­to que­dó exi­mi­do de tal fin. Lue­go, el artis­ta, al no tener la pre­sión por res­pon­der a un encar­go del “pro­tec­tor” o al refe­ren­te tex­tual, pro­gre­si­va­men­te dio paso al arte con­tem­po­rá­neo, don­de el gran públi­co muchas veces, al encon­trar­se “fue­ra”, se sin­tió agre­di­do.

Por otro lado, lo que en algún momen­to fue un ges­to artís­ti­co intui­ti­vo (y soli­ta­rio) de avan­za­da fren­te al cual el públi­co esta­lla­ba tiran­do sillas y toma­ta­zos, más tem­prano que tar­de la his­to­ria lo inclu­yó como tra­di­cio­nal y clá­si­co. No es que el arte se ade­lan­te, sino que a algu­nos les cues­tan más los nue­vos len­gua­jes, y de nin­gu­na mane­ra por “nove­do­so” es arte, y para esto Oscar Wil­de afir­ma­ba: “El arte jamás ha de inten­tar ser popu­lar. El públi­co es el que ha de inten­tar ser artís­ti­co”.

En lo per­so­nal, con­si­de­ro que la pala­bra rol es con­di­cio­nan­te, creo que el arte es un enig­ma que hay que des­ci­frar y ese con­jun­to de incóg­ni­tas cons­tan­tes es el impul­so en mi tra­ba­jo. No pien­so en “a quien le pue­da ser útil”, anhe­lo que en prin­ci­pio sea nece­sa­rio para mí, que soy el que más cono­ce sobre mi obra.

Creo que el arte es un enig­ma que hay que des­ci­frar y ese con­jun­to de incóg­ni­tas cons­tan­tes es el impul­so en mi tra­ba­jo.

En otro orden de cosas, la tra­ge­dia huma­na es mucho más cruel y evi­den­te que cual­quier repre­sen­ta­ción artís­ti­ca, ade­más hay quie­nes ver­da­de­ra­men­te arries­gan  su vida, enton­ces la repre­sen­ta­ción de la injus­ti­cia des­de un sillón cómo­do no nos redi­me de nues­tro nar­ci­sis­mo. Te pon­go un ejem­plo, Edvard Munch, en su céle­bre “El Gri­to”, cuen­ta una his­to­ria ins­pi­ra­da en una momia de un museo, des­pués le puso el títu­lo y pasó lo que pasó, esa pin­tu­ra es más impor­tan­te por lo que sig­ni­fi­có para la his­to­ria del arte, aun­que haya sido un buen recur­so de impac­to. Hay tra­ba­jos en el arte que tie­nen una sin­cro­ni­ci­dad con lo que está suce­dien­do.

El rol del artis­ta, ¿sería enton­ces expli­car su arte?

Te con­tes­to con pala­bras de San­to Tomás: “Si me pre­gun­tas sobre el amor no sé nada, pero si no me pre­gun­tas sobre el amor lo sé todo”.

Si el arte no tie­ne un rol defi­ni­do, ¿qué suce­de con la afir­ma­ción “El arte mejo­ra al mun­do”?, ¿cuál es tu pos­tu­ra con res­pec­to a esta afir­ma­ción?

Si yo con­tes­ta­ra de for­ma afir­ma­ti­va a tu pre­gun­ta, me esta­ría inclu­yen­do dis­pa­ra­ta­da­men­te en esa espe­cie; pero sí con­si­de­ro a Cha­plin, Piaz­zo­lla, Pes­soa, Picas­so, The Beatles, des­cen­dien­tes de ese “tron­co fami­liar rupes­tre” que se remon­ta al paleo­lí­ti­co, esos artis­tas que como otros miles han cola­bo­ra­do a mejo­rar las cosas.

Se te sue­le cali­fi­car como un repre­sen­tan­te del arte abs­trac­to. ¿Te sen­tís cómo­do con ese rótu­lo? ¿Creés en el “enca­si­lla­mien­to” de un artis­ta den­tro de una deter­mi­na­da corrien­te?

Los rótu­los con que se ha deno­mi­na­do a los movi­mien­tos artís­ti­cos, en su gran mayo­ría, se ori­gi­na­ron iró­ni­ca­men­te. No conoz­co una mani­fes­ta­ción más com­ple­ja y abs­trac­ta que las Pirá­mi­des de Gui­za y ya pasa­ron 5 mil años, o las pin­tu­ras en las pie­dras de Las­caux y Altamira…aquí más aún: 40 mil años.

Pres­cin­dir de la reali­dad exte­rior para aden­trar­nos en la intui­ción es la evo­lu­ción esen­cial, tan­to en el artis­ta como en el arte, y es una cla­ra defi­ni­ción de “abs­trac­to”. Pero al mis­mo tiem­po, cómo trans­mi­tir esto, cómo expli­car lo que no es una ver­dad cien­tí­fi­ca. En este tiem­po hete­ro­gé­neo y ver­ti­gi­no­so del arte, es muy difí­cil cla­si­fi­car, cuan­do que­rés acor­dar, “pasa el que sigue”.       

En tu ado­les­cen­cia pasas­te del rugby al dibu­jo; de un depor­te físi­co de impac­to, al arte del dibu­jo, un len­gua­je expre­si­vo que, según los teó­ri­cos, impli­ca cier­ta ele­va­ción espi­ri­tual. Mirán­do­lo en retros­pec­ti­va, ¿cómo vivis­te esa tran­si­ción?, ¿hubo un cam­bio sus­tan­cial en tu mane­ra de ver las cosas?

En mi ado­les­cen­cia tuve una serie de des­ma­yos en la mon­ta­ña, por con­si­guien­te mis padres acu­die­ron al bio­quí­mi­co que, exa­mi­nan­do mi bazo me dijo: “Lo tenés muy gran­de, te lo pue­den gol­pear y que­dar ahí…”. Aun­que seguí jugan­do, des­de ese día jugué cada vez peor y de ser un juga­dor titu­lar indis­cu­ti­ble pasé a estar en el ban­co de suplen­tes, has­ta desin­te­grar­me.

Dibu­jar, en ese momen­to, fue un acto refle­jo de sobre­vi­ven­cia. Aun­que esa tran­si­ción fue­se pau­la­ti­na, igual­men­te tuvo muchos pun­tos en común con el rugby, como la dis­ci­pli­na y la per­sis­ten­cia, que son dos com­po­nen­tes fun­da­men­ta­les tan­to en uno como en el otro. Asi­mis­mo, en un prin­ci­pio mis pin­tu­ras las desa­rro­lla­ba como ejer­ci­cio físi­co: dibu­ja­ba y pin­ta­ba tan­to cuan­to le pudie­ra deman­dar a mi mano y que me res­pon­die­ra; pasa­ba horas, días y meses en una mis­ma pin­tu­ra. Lo que no sabía  en ese momen­to es que esta­ba for­jan­do la aten­ción en la mira­da, no por esto hay garan­tías de que una aten­ción aler­ta nos per­mi­ta un resul­ta­do artís­ti­co, pero lo reco­mien­do, es una bue­na for­ma de acti­var el pre­sen­te.

En rela­ción a la pre­gun­ta ante­rior, ¿qué papel jugó tener un tem­prano acer­ca­mien­to a la enfer­me­dad en tu  juven­tud?

En prin­ci­pio sen­tí lo peor y me tor­tu­ra­ba el cómo les iba a blan­quear esto a mis compañeros…y, de hecho, no lo con­fe­sé has­ta gran­de­ci­to, por una cues­tión de machis­mo y orgu­llo. Igual­men­te, siem­pre que pude, le esca­pé a la mar­ti­ri­za­ción. Para­dó­ji­ca­men­te, más ade­lan­te en el tiem­po, sen­tí que en ese tran­ce trau­má­ti­co la vida, por pri­me­ra vez y noto­ria­men­te, se ponía de mi lado.

Has men­cio­na­do que tu tía fue la musa ins­pi­ra­do­ra de tus pri­me­ros tra­ba­jos. ¿Qué influen­cia tuvo tu tío Rubén Ale­jan­dro (Bebe) en esta ini­cia­ción?

Mi tía Beba fue mi pri­mer mode­lo feme­nino. Con mi tío Bebe, ade­más de ser el her­mano de mi padre, éra­mos veci­nos: fue en su casa que cono­cí las pas­ti­llas de acua­re­las, los pape­les impor­ta­dos y los pin­ce­les de mar­ta, que pro­vo­ca­ron en mí una fas­ci­na­ción que per­sis­te has­ta hoy. Mi tío acep­ta­ba nues­tra com­pa­ñía, siem­pre que no jodié­ra­mos con mi her­mano, y para tener­nos entre­te­ni­dos cuan­do íba­mos al par­que con él, nos dosi­fi­ca­ba papel y acua­re­las. Mis pape­les pin­ta­dos eran peo­res que los de mi her­mano, has­ta algu­nos pasa­dos de negro, los cua­les yo jus­ti­fi­ca­ba inven­tan­do his­to­rias de un bos­que que­ma­do; eso, siem­pre que no tuvie­ra algún tes­ti­go cer­ca, y como la mayo­ría de los bos­ques no están que­ma­dos, para los pró­xi­mos tuve que rever­tir y esfor­zar­me.

En un prin­ci­pio mis pin­tu­ras las desa­rro­lla­ba como ejer­ci­cio físi­co: dibu­ja­ba y pin­ta­ba tan­to cuan­to le pudie­ra deman­dar a mi mano y que me res­pon­die­ra; pasa­ba horas, días y meses en una mis­ma pin­tu­ra.

Una vez afir­mas­te: “Si yo le pon­go un nom­bre, limi­to y sub­es­ti­mo al espec­ta­dor” y des­de enton­ces tus obras son nume­ra­das. ¿No has vuel­to a sen­tir la ten­ta­ción de “orien­tar” a la gen­te para la inter­pre­ta­ción de tu obra?

No le pon­go títu­lo jus­ta­men­te para no con­di­cio­nar al espec­ta­dor, y recu­rro a Fer­nan­do Pes­soa cuan­do dice que pre­fie­re el arte en el cual no está todo dicho.

¿Cuál es tu pos­tu­ra fren­te a la libre inter­pre­ta­ción del arte?

Liber­tad en la per­cep­ción de cada uno, mul­ti­pli­ca­da por 7.000 millo­nes de ADN dis­tin­tos, y si el vere­dic­to es des­de el cono­ci­mien­to, será más obje­ti­vo.

Hace unos meses se inau­gu­ró el Museo Car­los Alon­so en la Man­sión Stop­pel y han abier­to varias gale­rías pri­va­das, entre otras pro­pues­tas cul­tu­ra­les nue­vas. Con­si­de­ran­do que en una entre­vis­ta afir­mas­te que “en Men­do­za no exis­te un mer­ca­do de arte, solo hay algu­nos con­su­mi­do­res for­tui­tos y muy pocas fami­lias altruis­tas”, ¿cómo ves las situa­ción del arte en Men­do­za hoy?

Sí, es posi­ble que exis­ta una mayor volun­tad de crear espa­cios para el arte, pero no es sufi­cien­te. Mien­tras los men­do­ci­nos con­ti­nue­mos cre­yen­do que el arte es un con­jun­to de caren­cia­dos que hay que pro­te­ger, no vamos a nin­gún lado. Así, segui­re­mos sien­do tes­ti­gos de algu­nos espas­mos parro­quia­les.

Al mis­mo tiem­po, insis­ti­ría con la ley de mece­naz­go, en la cual los empre­sa­rios ricos pue­dan des­gra­var sus impues­tos en pro­yec­to cul­tu­ra­les y así esta­ble­cer los cimien­tos para una ciu­dad de inte­rés cul­tu­ral. Qui­zás no lo vere­mos noso­tros -como les pasó a los que plan­ta­ron las pri­me­ras cepas de mal­bec en este terru­ño excep­cio­nal y que hoy nos dis­tin­guen en el mun­do-, sin embar­go es un exce­len­te ejem­plo a seguir.

Con­for­mo una fami­lia de hijos y nie­tos que me emo­cio­na que­rer­los tan­to, una mujer bella, inte­li­gen­te y noble como pocas y ami­gos que por su inte­gri­dad y cali­dad me con­vier­ten en un pri­vi­le­gia­do.

En una entre­vis­ta de hace apro­xi­ma­da­men­te 2 años, hablas­te de una asig­na­tu­ra pen­dien­te que tenías con Men­do­za… El pro­yec­to de “el canas­to de toto­ra” como arqui­tec­tu­ra para una gale­ría de arte de 12 mura­les. ¿Cómo pro­si­guió ese sue­ño?

Es un sue­ño inte­rrup­tus pero no me di por ven­ci­do, por­que, si yo reca­pi­tu­lo en pers­pec­ti­va des­de mis pri­me­ras líneas a la actua­li­dad, es muy espe­ran­za­dor. Eti­mo­ló­gi­ca­men­te, “Hoff­mann” sig­ni­fi­ca hom­bre espe­ran­za­do.

¿Qué sig­ni­fi­ca para vos “Bodas de papel” actual­men­te?

Hay 8 obras en total de esa épo­ca, las cua­les pin­té entre los 17 y 23 años. Algu­na se la roba­ron, como “Detrás de la Esce­na” (Pre­mio Nacio­nal a meno­res de 21 años y com­pra­da por el Ban­co de Bos­ton), otra como “La coci­na de Rodeo” nun­ca más la pude ver, y las que están en el Museo Fader, rogue­mos que se encuen­tren en buen esta­do. “Bodas de Papel” y estas pin­tu­ras tem­pra­nas me pro­vo­can una gran ter­nu­ra… Un chi­co empe­ci­na­do en ser pin­tor… Ade­más, per­mí­tan­me decir que están bien pin­ta­das.

Des­de lo pro­fe­sio­nal, tu amplia y exi­to­sa tra­yec­to­ria te con­fir­man como un artis­ta rea­li­za­do; pero los lec­to­res quie­ren cono­cer un poco más del Eduar­do Hoff­mann en lo per­so­nal. ¿Cuá­les son tus deseos o pro­yec­tos a rea­li­zar?

Des­de que me conoz­co como pin­tor, siem­pre me tuvo entre­te­ni­do la pasión; aho­ra pare­cie­ra que todo es más fac­ti­ble de rea­li­zar y debi­do a esa posi­bi­li­dad es que me voy ponien­do desafíos de una esca­la supe­rior; es simi­lar a lo que ocu­rre con otras pro­fe­sio­nes.

Y en lo per­so­nal no pro­yec­to mucho por­que soli­to lo que me pasa es supe­ra­dor. Con­for­mo una fami­lia de hijos y nie­tos que me emo­cio­na que­rer­los tan­to, una mujer bella, inte­li­gen­te y noble como pocas y ami­gos que por su inte­gri­dad y cali­dad me con­vier­ten en un pri­vi­le­gia­do; y como si fue­ra poco mis vie­jos vivi­tos y colean­do.

Final­men­te: ¿dirías que ser pin­tor te ha hecho una per­so­na feliz? ¿Cuá­les son los pro y los con­tra de la vida del artis­ta?

Que insó­li­to esto de la feli­ci­dad, fija­te lo que pasa­ba aho­ra en el Mun­dial de fút­bol: en el mis­mo ins­tan­te la mitad era feliz y la otra no. Debo con­fe­sar­te que en deter­mi­na­dos momen­tos sien­to el pla­cer de estar en mi lugar, aun­que es fugaz.

No he cono­ci­do muchas per­so­nas feli­ces, al con­tra­rio: han sido muy pocas. Me pare­ce que son casos ais­la­dos y gené­ti­cos, te pue­de tocar o no, aun con las des­gra­cias que pue­dan suce­der­les como a cual­quier mor­tal, per­ma­ne­cen feli­ces, y no me refie­ro a impos­tar feli­ci­dad, son autén­ti­ca­men­te feli­ces. Sin embar­go, lo que no he lle­ga­do a cono­cer en mi lar­ga vida son per­so­nas feli­ces que hagan arte; al menos que la “dul­ce melan­co­lía” sea una cate­go­ría den­tro de la feli­ci­dad.

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