Si bien se dice que un vino mejora con el tiempo, no todos son aptos para el añejamiento y para que este se produzca es necesario tener en cuenta ciertas características a la hora de su guarda.

Todos los vinos evo­lu­cio­nan, pero no a todos les sien­ta igual de bien. Par­ta­mos del hecho que, si bien todos los vinos sufren una evo­lu­ción en bote­lla, no todos se bene cian de una lar­ga crian­za reduc­ti­va. Es más, la gran mayo­ría sufri­rían con el tiem­po una pér­di­da subs­tan­cial de los sabo­res aso­cia­dos a la fru­ta fres­ca, ade­más de desa­rro­llar unas notas des­agra­da­bles, inde­pen­dien­te­men­te de su correc­to alma­ce­na­je; por lo que, sal­vo indi­ca­ción con­tra­ria de la bode­ga, se reco­mien­da con­su­mir los vinos den­tro del año de embo­te­lla­do.
Pen­se­mos que son pocos los vinos que, por sus carac­te­rís­ti­cas, no solo resis­ten años en bote­lla, sino que ade­más alcan­zan el cenit de su poten­cial trans­cu­rri­dos un tiem­po apro­xi­ma­do de ocho a vein­te años. Ahí se encuen­tran los mag­ní­fi­cos ejem­plos de vinos for­ti­fi­ca­dos uno de ellos es el des­ta­ca­do Zuc­car­di Zeta. Un ver­da­de­ro home­na­je al ape­lli­do; este vino deja su impron­ta y carác­ter des­de la pri­me­ra cose­cha en 2002 y se con­vier­te en un ícono para la bode­ga. Es un vino que en guar­da mejo­ra con el pasar de los años.
Pero, ¿qué hace de un vino can­di­da­to a la eter­ni­dad? Cier­to es que no se sabe con cer­te­za quí­mi­ca qué ocu­rre duran­te la crian­za anae­ro­bi­ca del vino, es decir, qué sus­tan­cias o micro­or­ga­nis­mos pue­den sub­sis­tir e inci­dir en el vino sin pre­sen­cia de oxí­geno. Pero lo que sí se sabe con cer­te­za son las carac­te­rís­ti­cas que todo vino debe poseer para some­ter­se a un lar­go y exi­to­so letar­go en bote­lla:
. Un buen año en lo cli­má­ti­co, una bue­na aña­da.
. Una aci­dez ele­va­da.
. Gra­do alcohó­li­co sus­tan­cial.
. Nive­les ele­va­dos de tani­nos.
. Alta con­cen­tra­ción de azú­car, en el caso de los blan­cos.
Los sabo­res que le con eren a estos vinos su lar­ga crian­za pri­va­da de oxí­geno, sin duda se encuen­tran entre los más gra­ti­fi­can­tes y pla­cen­te­ros que un pala­dar pue­da expe­ri­men­tar. Vinos de tanino a nado, car­ga­dos de mati­ces y notas untuo­sas, de una com­ple­ji­dad aro­má­ti­ca de pri­mer orden, don­de el recuer­do de fru­ta madu­ra se mues­tra pre­sen­te en un mar de espe­cies, made­ras y fru­tos secos, ter­cio­pe­lo y ámbar. Pro­fun­dos y ple­nos, son vinos para el recuer­do.
Dicho lo ante­rior, debe­mos inci­dir en el hecho que un Gran Reser­va no siem­pre será mejor de por sí, que un vino del año o some­ti­do a una crian­za par­cial. Y res­pec­to a la pre­gun­ta tan recu­rren­te entre wine­lo­vers:  ¿Cuán­to tiem­po pue­do guar­dar el vino? Cabe recor­dar aho­ra los pun­tos de su correc­to alma­ce­na­je, sien­do la res­pues­ta más ele­men­tal aten­der a las reco­men­da­cio­nes que nos brin­da el ela­bo­ra­dor del vino a dis­fru­tar:
. Guar­dar las bote­llas en un lugar fres­co, oscu­ro y sin vibra­cio­nes.
. Expues­tos a una tem­pe­ra­tu­ra cons­tan­te de entre 10 y 15oC.
. Las bote­llas deben des­can­sar en posi­ción hori­zon­tal, de mane­ra que el cor­cho per­ma­nez­ca húme­do y garan­ti­ce el sella­do ade­cua­do.
. Luga­res como la coci­na no son idó­neos debi­do a sus cons­tan­tes cam­bios de tem­pe­ra­tu­ras y diver­si­dad de olo­res fuer­tes.
. Ale­jar las bote­llas de pro­duc­tos quí­mi­cos como disol­ven­tes, pin­tu­ras y simi­la­res.
Sea como fue­re, cada vino escon­de su magia detrás de la inten­ción y expe­rien­cia del ela­bo­ra­dor. De mane­ra que, en su juven­tud, el vino reivin­di­ca su inten­si­dad fru­tal; es atre­vi­do y expre­si­vo. Lue­go, la madu­rez le apor­ta sere­ni­dad y com­ple­ji­dad, ade­más de ese fac­tor tan seduc­tor que sólo los años apor­tan.