Conocé a una familia que prácticamente vio crecer a nuestro barrio, ellos con su simpleza y sinceridad nos cuentan su experiencia en estos 29 años conviviendo con nosotros.

Ellos son los pri­me­ros de 3 gene­ra­cio­nes de habi­tan­tes de Dal­vian. Su fami­lia está for­ma­da por sus hijos Sebas­tián, Fede­ri­co, el arqui­tec­to que hace las casas de toda la fami­lia, Sabri­na y Celes­te que es dise­ña­do­ra de inte­rio­res y que a pesar de no vivir en el barrio com­par­te todo su gru­po de ami­gos en Dal­vian. Ade­más son orgu­llo­sos abue­los de 5 nie­tos.

Su historia

Lle­ga­mos al barrio en mayo del ’88 con los chi­cos y la más peque­ña de nues­tros hijos nació en esta casa. En el momen­to en el que nos muda­mos, no había nada, era sólo esta casa en la man­za­na. Así que vimos cre­cer a barrio – comien­za a rela­tar Osval­do.
Ele­gi­mos venir acá debi­do a que yo tenía de 3 meses de emba­ra­za­da y tres niños ya. El mayor de nues­tros hijos nece­si­ta­ba vivir en un lugar que no tuvie­ra tan­ta tie­rra, arbo­la­do… Bus­ca­mos mucho, al cono­cer Dal­vian nos enamo­ra­mos del lugar y acá esta­mos hace 29 años- agre­ga Bety.
Así que acá tra­ji­mos a toda la fami­lia, a mi madre y a mis hijos que hoy en día tie­nen sus hijos; así que somos tres gene­ra­cio­nes las que hemos habi­ta­do en este barrio. Es más, el mayor que es arqui­tec­to, cons­tru­yó su casa y la de mi madre cuan­do mi padre falle­ció y por esa mis­ma casa que le dise­ñó a mi madre ganó un pre­mio. Des­pués se casa­ron mis otros hijos y tam­bién se vinie­ron a vivir acá, menos la más chi­ca a la cual tra­ta­mos de que ven­ga a vivir jun­to a noso­tros-pro­si­gue Osval­do.

Hobbies y Pasiones

Ella guar­da una voca­ción, la pin­tu­ra. Ocu­pa sus días en crear fan­tás­ti­cos cua­dros, los cua­les ha expues­to en varios luga­res como en DOSSA. A Bety le gus­ta tan­to el esti­lo abs­trac­to como el pai­sa­jis­mo.
Osval­do tie­ne la pasión de ense­ñar, con 44 años de docen­cia ense­ñó has­ta hace poco en la carre­ra de Cien­cias Eco­nó­mi­cas siguien­do los pasos de su padre. Admi­ra el tra­ba­jo de ense­ñar debi­do a que uno debe man­te­ner­se actua­li­za­do y en com­ple­to feed­back con las nue­vas gene­ra­cio­nes. Ade­más es con­ta­dor públi­co y tra­ba­ja jun­to a uno de sus hijos.

El recuerdo de Don Alfredo

Él en el momen­to que nos muda­mos era el comi­sa­rio, el admi­nis­tra­dor y todo lo que hicie­se fal­ta. Gra­cias a Don Alfre­do, Dal­vian pudo ser lo que es. Era una per­so­na muy rec­ta, no le impor­ta­ba tu con­di­ción ni nada de eso. Él era fron­tal en cuan­to al tra­to y le gus­ta­ban las cosas bien hechas, por suer­te esa pre­mi­sa se man­tu­vo a tra­vés del tiem­po -Nos comen­ta en inti­mi­dad Osval­do.

Experiencias en Dalvian

Me gus­ta estar acá, ten­go a mis hijos y mi nie­tos cer­ca, los cui­do, nos jun­ta­mos todos los nes de sema­na. Y pese a que todos se han ido de casa este sigue sien­do el lugar de reunión. Cuan­do nos fui­mos de vaca­cio­nes los chi­cos se iban a reunir y vinie­ron todos acá ese día, es el lugar de encuen­tro fami­liar-argu­men­ta Bety.
Gra­cias a Dios se vive muy bien en el barrio, pese a todo lo que ocu­rre afue­ra. Es mun­do apar­te, acá se prio­ri­za el orden y la lim­pie­za. He cono­ci­do otros barrios pri­va­dos pero este se sigue des­ta­can­do a tra­vés del tiem­po. Ade­más los veci­nos son muy bue­nos, toda­vía nos segui­mos vien­do con aque­llos que empe­za­ron a cons­truir su casa a la par de la nues­tra- agre­ga Osval­do.
Muchos de nues­tros ami­gos se muda­ron a Dal­vian por nues­tra reco­men­da­ción; nos pre­gun­ta­ban cómo vivia­mos, cómo era y yo les decía que me iban a sacar de acá cuan­do mue­ra. Mi sue­gra que era una per­so­na mayor, ama­ba el barrio, le gus­ta­ba a salir a cami­nar sola con sus perri­tos. Ade­más a ella le encan­ta­ban las rosas y esta­ba en el club de jar­di­ne­ría; con Don Naran­jo cui­da­ba, desin­fec­ta­ba, poda­ba y dis­fru­ta­ba de sus rosa­les.
Para mí lo que lo dife­ren­cia de los demás barrios es la cali­dad de los ser­vi­cios, tenés el Club Hou­se, el gim­na­sio, Sofía don­de me jun­to con mis ami­gas a tomar el té y fes­te­jar los cum­plea­ños, el cen­tro de salud con los chi­cos que están siem­pre dis­pues­tos a solu­cio­nar nues­tras inquie­tu­des. Ya casi no vamos a com­prar al cen­tro de Men­do­za, sólo por trá­mi­tes. Acá lo tene­mos todo – nos cuen­ta Bea­triz.
Ellos son Osval­do y Bea­triz Ins­chaus­pe dos veci­nos de Dal­vian con mucha his­to­ria, lle­ga­ron hace 29 años en bus­ca de una mejor cali­dad de vida y con­si­guie­ron mucho más.