Estuvimos junto a unos de los primeros residentes de Dalvian. Ellos nos contarán el por qué eligieron vivir acá, sobre sus vidas, su familia y mucho más. Conocelos en esta nota.

Visi­ta­mos a una de las pri­me­ras fami­lias que habi­ta­ron nues­tro barrio, nos abrie­ron las puer­tas de su her­mo­sa casa, reci­bién­do­nos con una gran son­ri­sa en sus ros­tros y dis­pues­tos a que cono­cié­ra­mos todo sobre su fami­lia, sus vidas en una muy entre­te­ni­da entre­vis­ta.
Ella es arqui­tec­ta, pro­fe­sión com­par­ti­da con sus dos hijos varo­nes y él for­jó una gran carre­ra en el rubro de de la bio­quí­mi­ca. Ante­rior­men­te tra­ba­jó en el hos­pi­tal Len­ci­nas y actual­men­te tie­ne un labo­ra­to­rio ubi­ca­do en Godoy Cruz. Lilia­na Cle­ment y Manuel Rico Moret­ti, son padres de 3 hijos (Luis, Manuel Igna­cio y María Sol) ade­más son abue­los de dos nie­tos (Bau­ti y Jus­ti­na). Ellos son unos de los pri­me­ros habi­tan­tes de Dal­vian, lle­ga­ron a prin­ci­pios de los 80 atraí­dos por la ubi­ca­ción y la natu­ra­le­za del barrio. Deci­die­ron que­dar­se y for­ma­ron una her­mo­sa fami­lia. Hoy nos cuen­tan cómo es vivir aquí y cómo era antes.

Cómo llegaron a Dalvian

Vivía­mos en un lugar ple­na­men­te cén­tri­co, tenía­mos en ese momen­to dos varo­nes ado­les­cen­tes, con las impli­can­cias que eso tie­ne y lue­go nació nues­tra hija. Cuan­do empe­za­mos a lle­var­los a las casas de sus ami­gos ubi­ca­das en zonas resi­den­cia­les nos dimos cuen­ta que cuan­do esta­ban en esos sitios dis­fru­ta­ba­mos mucho más los domin­gos por­que sabía­mos que ellos esta­ban segu­ros don­de esta­ban y podía­mos des­preo­cu­par­nos un poco. Enton­ces allí sur­gió la idea de mudar­nos a Cha­cras de Coria. Pero el moti­vo prin­ci­pal por lo que ele­gi­mos a Dal­vian fue el cole­gio que se encuen­tra fren­te a Dal­vian, Maris­tas, al cual ya asis­tía el mayor de los chi­cos.
Nues­tra hija menor nació en diciem­bre de 1982, mis­mo año en el que se colol­có la pie­dra fun­da­men­tal del nue­vo cole­gio Maris­tas. Ahí es cuan­do nos dimos cuen­ta que no era lejos, nos que­da­ba cer­ca de nues­tros res­pec­ti­vos tra­ba­jos. Acá habían muy pocas casas, vein­te o trein­ta a lo sumo; eran las pri­me­ras cons­truc­cio­nes lla­ma­das Casas Dal­vian.
La nues­tra fue la pri­mer casa de cons­truc­ción tra­di­cio­nal, yo sien­do arqui­tec­ta dise­ñé una casa al esti­lo de la cam­pi­ña fran­ce­sa. Algo ale­ja­do de lo que hace­mos nor­mal­men­te en Cle­ment & Rico arqui­tec­tos (empre­sa en la tra­ba­ja Lilia­na jun­to a sus hijos que tam­bién son arqui­tec­tos) que se des­ta­ca por su esti­lo moderno-nos cuen­ta Lilia­na.
A su vez diji­mos: “ Los chi­cos van a estar enfren­te, ellos pue­den ir cami­nan­do tran­qui­los al cole­gio y noso­tros nos move­mos en auto”. En ese momen­to no exis­tía la ave­ni­da que está hoy en día y fren­te al barrio tam­po­co había nada.- agre­ga Manuel.
Cuan­do se cons­tru­yó esta casa, nos rodea­ba un cerro y don­de actual­men­te se encuen­tra el club hou­se había una can­cha de fút­bol que había hecho Daniel con Fredy, y nos jun­ta­mos todos los sába­dos a jugar a la pelo­ta. Tirá­ba­mos las pie­dras a fue­ra de la can­cha para acon­di­cio­nar­la y así poder jugar; ima­gi­na­te cuan­to a cre­ci­do el barrio. Hoy está todo par­qui­za­do, tene­mos un Club her­mo­so.
En ese momen­to éra­mos muy jóve­nes, yo esta­ba en mis trein­ta y era un gran esfuer­zo cons­truir nues­tro hogar. Recuer­do que Don Alfre­do se para­ba en su camio­ne­ta a ver cómo pro­gre­sa­ba la cons­truc­ción y le decía­mos “No sé cuán­do la ire­mos a ter­mi­nar” él nos res­pon­día “Qué­de­se tran­qui­lo, la va a poder ter­mi­nar”.
Alfre­do era un gran hom­bre, fue un com­pa­ñe­ro y un ami­go que siem­pre estu­vo. En el momen­to que nece­si­tá­ba­mos algo, él nos ayu­da­ba con lo nece­sa­rio comen­ta Manuel.

La familia siempre unida

La vida de nues­tra fami­lia está muy liga­da a Dal­vian; los chi­cos siem­pre tuvie­ron su vida por estos alre­de­do­res, con la como­di­dad y tran­qui­li­dad que eso con­lle­va. De los tres hijos, el úni­co que se encuen­tra casa­do vive acá en el barrio y los otros están espe­ran­do aho­rrar lo sufi­cien­te para venir a vivir tam­bién con noso­tros.
Ade­más la vida acá es otra cosa, estás a 5 minu­tos de todo. El venir para acá fue muy impor­tan­te para nues­tras vidas, noso­tros tra­ba­já­ba­mos y sabía­mos que podía­mos dejar a nues­tros niños y estar tran­qui­los que todo iba a estar bien. Ade­más com­par­tían un lugar en común con sus ami­gos y com­pa­ñe­ros de escue­la. Así se fue gene­ran­do un gran sen­ti­do de per­te­nen­cia con este barrio.

Un día de su vida

Ambos con­cuer­dan que para ellos es muy impor­tan­te man­te­ner- se acti­vos. Por eso Manuel se encuen­tra de pie des­de las seis de la maña­na para ir a tra­ba­jar al labo­ra­to­rio y Lilia­na ade­más de cui­dar a los nie­tos, se encar­ga de ayu­dar a sus hijos en el estu­dio de arqui­tec­tu­ra, teje, cose, hace pila­tes en Club Hou­se don­de tam­bién dis­fru­ta de las reunio­nes con sus ami­gas.

Por qué elegimos Dalvian

Deci­di­mos venir acá prin­ci­pal­men­te por el lugar, nos gus­tó des­de que vimos al barrio por pri­me­ra vez. No vini­mos a bus­car segu­ri­dad, lo ele­gi­mos por su gen­te, por el con­tac­to con la natu­ra­le­za y la tran­qui­li­dad que se vive acá a pocos minu­tos de Men­do­za. Es más, aún se pue­de ver algún que otro zorri­to cami­nan­do por las calles- nos dice Manuel.
Así tam­bién, el poder estar tra­ba­jan­do con­cen­tra­do en tus tareas sin nin­gu­na preo­cu­pa­ción sobre cómo esta­rán los chi­cos, es muy impor­tan­te para el buen vivir. Esa fue la sen­sa­ción des­de el pri­mer día que nos muda­mos. Hoy en día si nos toca­ra cam­biar de vida, no sabría­mos dón­de ir. Hoy se fue­ron nues­tros hijos, pero no podría­mos des­pren­der­nos de esta casa, que ya se nos hace muy gran­de para noso­tros dos, pero nos sen­ti­mos muy cómo­dos acá-agre­ga Lilia­na.
En un momen­to el señor Rico nos dice “Escu­chá, ¿qué oís?” Real­men­te no se escu­cha­ba nada, sólo el leve mur­mu­llo de la tv en el cuar­to con­ti­guo y el tri­nar de las aves que visi­tan el hogar de esta fami­lia. “Es por eso que esta­mos acá” nos dice Manuel. Es tal el silen­cio que hay que a las seis de la maña­na que pue­do escu­char el pri­mer avión que des­pe­ga del Plu­me­ri­llo. Y ni decir­te que hemos per­di­do las lla­ves de la casa por­que no las usa­mos, si nos vamos de via­je o algo avi­sa­mos en la guar­dia y lis­to. Hay veces que ha que­da­do algu­na ven­ta­na o puer­ta abier­ta y hemos lle­ga­do encon­trán­do­nos con una cin­ta pues­ta de la guar­da que dice que ellos la han cerra­do, ¿qué más que­rés? Tene­mos mucha rela­ción con nues­tros veci­nos y con algu­nos pro­vee­do­res. Somos muy ami­gos del dia­rie­ro Luis, él es extra­or­di­na­rio, hace 35 años que vie­ne a esta casa. Recuer­do que hace mucho yo me ponía a afi­nar una rural Dod­ge cuan­do él pasa­ba, me ayu­da­ba o me hacía com­pa­ñía a la noche mien­tras yo esta­ba meti­do con ese auto. – agre­ga Manuel.
El dia­rie­ro, el pana­de­ro, Don Naran­jo entre otros muchos, son per­so­nas que siem­pre estu­vie­ron acá y cómo no vas a con ar en ellos. Es una cosa muy lin­da de amis­tad y con anza que gene­ra este barrio-con­clu­ye Lilia­na.
De esta for­ma cerró una muy ame­na char­la con dos per­so­nas que vie­ron cre­cer a Dal­vian. Manuel y Lilia­na nos con­ta­ron cómo lle­ga­ron a este barrio, su his­to­ria, sus gus­tos y sus vidas. Así pudi­mos cono­cer a dos pio­ne­ros, dos per­so­nas que for­ja­ron su vida, que eli­gie­ron vivir aquí y lo segui­rán hacien­do.