Sin duda algu­na, los niños brin­dan una feli­ci­dad inmen­sa. Su inocen­cia, ocu­rren­cias y su mane­ra ale­gre de ver la vida hacen que nues­tros días bri­llen más. Pero esas mis­mas cua­li­da­des los cie­gan de ver el peli­gro de sus accio­nes, y por eso, en un abrir y cerrar de ojos ocu­rren los acci­den­tes. Ellos no entien­den de pro­fun­di­dad, no cono­cen el peli­gro, ni saben de las con­se­cuen­cias. Sola­men­te quie­ren aga­rrar el jugue­te que está den­tro del agua, quie­ren dar­se un cha­pu­zón como siem­pre lo han hecho, o sim­ple­men­te tie­nen una pisa­da en fal­so.

Nada reemplaza la supervisión de un adulto y todas las piscinas deben contar con cerco perimetral de protección.

Como papás, abue­los y tíos qui­sié­ra­mos tener­los con un segu­ro cons­tan­te para que nada apa­gue esa luz. Y aun­que no sea fácil pro­te­ger­los todo el tiem­po, si hay muchas cosas que pode­mos hacer para mini­mi­zar los ries­gos, sobre todo cuan­do habla­mos de acci­den­tes acuá­ti­cos.

El dato es real y alar­man­te. El aho­ga­mien­to es la pri­me­ra cau­sa de muer­te acci­den­tal en niños peque­ños en Argen­ti­na. Por eso, debe­mos tomar todas las pre­cau­cio­nes.

La pri­me­ra capa de pro­tec­ción es la super­vi­sión de un adul­to. Cons­tan­te­men­te, debe­mos estar pen­dien­tes de nues­tros niños, sobre todo si hay una pis­ci­na o pla­ya cer­ca. Es impor­tan­te que­siem­pre haya un adul­to pen­dien­te del niño, y que ese adul­to esté cons­cien­te de esa res­pon­sa­bi­li­dad.

Si el niño logra esca­par de la mira­da del adul­to, enton­ces debe encon­trar­se con la segun­da capa de pro­tec­ción que son las rejas o cer­co alre­de­dor de la pis­ci­na. Siem­pre debe haber barre­ras físi­cas para que se le haga difí­cil lle­gar al agua. No deben poner­se sillas o jugue­tes cer­ca que le sir­van al niño como esca­le­ra para tras­pa­sar el cer­co, ni jugue­tes den­tro del agua que lla­men su aten­ción.

Pero cuan­do la segun­da barre­ra de pro­tec­ción tam­bién falla y el niño lle­ga al agua solo, es úni­ca­men­te él quien pue­de hacer algo en ese momen­to para sobre­vi­vir. Es por eso que la ter­ce­ra barre­ra de pro­tec­ción es ense­ñar­les a nues­tros hijos habi­li­da­des de auto-res­ca­te acuá­ti­co.

Un exce­len­te pro­gra­ma con este obje­ti­vo es Infant Swi­ming Resour­se (ISR), espe­cia­li­za­do en desa­rro­llar des­tre­zas de super­vi­ven­cia acuá­ti­ca y pre­ve­nir el aho­ga­mien­to. Se lle­va a cabo en cla­ses de diez minu­tos dia­rios, cin­co días por sema­na, de lunes a vier­nes. Las cla­ses son indi­vi­dua­li­za­das y brin­da­das por ins­truc­to­res cer­ti­fi­ca­dos anual­men­te en Esta­dos Uni­dos. ISR toma en con­si­de­ra­ción el desa­rro­llo de cada alumno, con­si­de­ran­do tam­bién la die­ta dia­ria, sue­ño, acti­vi­dad físi­ca, entre otras cosas impor­tan­tes para que cada cla­se sea segu­ra. Ade­más, edu­ca a los padres sobre la segu­ri­dad en el agua y las medi­das de pre­cau­ción.

BEBÉS DE 6 A 12 MESES: apren­den a man­te­ner la res­pi­ra­ción bajo el agua, girar sobre su espal­da y flo­tar sin ayu­da.

NIÑOS DE 1 A 6 AÑOS: apren­den una secuen­cia que con­sis­te en man­te­ner la res­pi­ra­ción bajo el agua, nadar con su cabe­za deba­jo y con los ojos abier­tos, girar sobre su espal­da para flo­tar, des­can­sar y res­pi­rar, y vol­tear­se nue­va­men­te para seguir nadan­do has­ta que lle­guen al bor­de de la pis­ci­na para salir o sean res­ca­ta­dos por un adul­to.

Pre­ven­ción del aho­ga­mien­to
3 barre­ras de pro­tec­ción:

  1. Super­vi­sión
  2. Barre­ras físi­cas
  3. Cla­ses de auto-res­ca­te acuá­ti­co, como las ense­ña­das por ISR

Pasos de ISR para la segu­ri­dad
Con el fin de ase­gu­rar que ofre­ce­mos a cada estu­dian­te la lec­ción más segu­ra posi­ble, ISR cuen­ta con los siguien­tes pro­to­co­los:

  1. El pro­ce­so de regis­tro inter­na­cio­nal (RET)
  2. Hoja BUDS dia­ria (die­ta, sue­ño movi­mien­to intes­ti­na­les y uri­na­rios)
  3. Con­tro­les de fati­ga por tem­pe­ra­tu­ra duran­te la cla­se
  4. Perio­do de des­can­so post-lec­ción
  5. Estric­tas nor­mas de higie­ne den­tro y alre­de­dor de la pis­ci­na

Pro­ce­so inter­na­cio­nal de regis­tro
Todos los niños ins­crip­tos en el pro­gra­ma ISR deben pasar por el regis­tro inter­na­cio­nal, moni­to­rea­do por el equi­po médi­co de ISR, que cons­ta de enfer­me­ras espe­cia­li­za­das y un pedia­tra.

ISR pide a los papás la siguien­te infor­ma­ción:

  • His­to­rial médi­co fami­liar.
  • Hitos del desa­rro­llo del niño.
  • Con­di­cio­nes actua­les de salud, pro­ble­mas de desa­rro­llo y medi­ca­men­tos.

¿Cómo sur­gió?

La idea de ISR sur­gió en 1966 cuan­do su fun­da­dor, el Dr. Har­vey Bar­nett, fue tes­ti­go de la tra­ge­dia que sig­ni­fi­có que el hijo de un vecino se aho­ga­ra en Flo­ren­cia, Esta­dos Uni­dos. En ese momen­to se com­pro­me­tió a hacer todo lo posi­ble para garan­ti­zar que ni un niño más se aho­ga­ra. Bar­nett comen­zó ense­ñan­do a nadar a los niños de su barrio. Mien­tras lo hacía, obser­va­ba cómo res­pon­dían a cier­tos tipos de pro­ce­di­mien­tos, la rapi­dez con que apren­dían algu­nas téc­ni­cas y qué tipo de comu­ni­ca­ción era más efi­caz. Lue­go comen­zó a fil­mar sus cla­ses y de este modo comen­zó a desa­rro­llar una téc­ni­ca que podía uti­li­zar­se inclu­so con infan­tes no ver­ba­les. Este fue el ini­cio de las inves­ti­ga­cio­nes de lo que es hoy ISR, una meto­do­lo­gía paten­ta­da y cien­tí­fi­ca­men­te com­pro­ba­da para ense­ñar a bebés des­de los seis meses has­ta niños de seis años de edad a nadar, sal­van­do sus vidas en caso de un acci­den­te.

Para más infor­ma­ción:

www.infantswim.com / www.isrargentina.com.ar

Danie­la Mora­les – Ins­truc­to­ra de ISR

E-mail: d.morales@infantswim.com

Telé­fono: 2616120864

Direc­ción: F. Froe­bel 3601 Villa Nue­va Guay­ma­llén.

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