La piel es un órgano vital que cum­ple una fun­ción pro­tec­to­ra con­tra los agen­tes exter­nos. Con­si­de­ra­da como el de mayor super­fi­cie (has­ta 2 m2) y el de mayor peso (has­ta 4Kg), mere­ce un cui­da­do muy espe­cial.

Hoy se aso­cia la salud de la piel con la belle­za, pero una piel sana impli­ca mucho más que tener un buen aspec­to, ya que es fun­da­men­tal para una vida salu­da­ble. Un correc­to cui­da­do des­de la juven­tud nos per­mi­te man­te­ner­la sana a tra­vés del tiem­po, para ello es fun­da­men­tal que los pro­duc­tos que se uti­li­cen lim­pien, hidra­ten, nutran y pro­te­jan de mane­ra ópti­ma.

 El cui­da­do de la piel es, sin duda, un pun­to cla­ve para mejo­rar el bien­es­tar de las muje­res. Por eso, es impor­tan­te saber que cada zona de nues­tro cuer­po tie­ne carac­te­rís­ti­cas pro­pias, por lo que debe­mos adop­tar un tra­ta­mien­to espe­cí­fi­co para cada par­te, res­pe­tan­do, siem­pre sus par­ti­cu­la­ri­da­des.

Tener una piel radian­te y sana requie­re de cier­tos cui­da­dos esen­cia­les y cons­tan­cia para rea­li­zar el tra­ta­mien­to, uti­li­zar pro­duc­tos ade­cua­dos a la edad y tipo de piel y cui­dar­se de las agre­sio­nes exter­nas (con­ta­mi­na­ción, stress, taba­co, horas sin dor­mir) que pro­vo­can un efec­to noci­vo.

Cada zona de nues­tro cuer­po tie­ne carac­te­rís­ti­cas pro­pias, por lo que debe­mos adop­tar un tra­ta­mien­to espe­cí­fi­co para cada par­te, res­pe­tan­do, siem­pre sus par­ti­cu­la­ri­da­des.

En el mes de la mujer, com­par­ti­mos algu­nas reglas indis­pen­sa­bles para que tu piel man­ten­ga la elas­ti­ci­dad, fres­cu­ra y luz­ca radian­te todo el año.

-Se requie­re un cui­da­do para cada tipo de piel
Ele­gir pro­duc­tos ade­cua­dos para tu tipo de piel. La piel seca tie­ne dife­ren­tes nece­si­da­des que la piel gra­sa.

Pres­tar aten­ción a las zonas más sen­si­bles
Algu­nas par­tes del ros­tro (con­torno de ojos, labios, etc.) tie­nen una piel espe­cial­men­te fina y frá­gil por lo que requie­re de cui­da­dos espe­cia­les.

-El cui­da­do de la piel comien­za con la lim­pie­za.

El ros­tro es una de las par­tes más expues­ta al sol, a la con­ta­mi­na­ción, al vien­to, etc. por lo que nece­si­ta que lo lim­pie­mos de for­ma ade­cua­da.  El pri­mer paso de todo tra­ta­mien­to son las ruti­nas de lim­pie­za dia­ria (1 o 2 veces al día) con gel de lim­pie­za, agua mis­ce­lar o toa­llas dema­qui­llan­tes; suma­do a una sua­ve exfo­lia­ción, una o dos veces a la sema­na, para eli­mi­nar las impu­re­zas y recu­pe­rar un tono uni­for­me.

 La hidra­ta­ción

Es muy impor­tan­te cui­dar dia­ria­men­te la hidra­ta­ción de la piel, median­te tra­ta­mien­tos ade­cua­dos que suma­dos a una inges­ta de agua ade­cua­da ase­gu­ra­rá que la piel se man­ten­ga sua­ve, hidra­ta­da y en bue­nas con­di­cio­nes.

Pro­tec­ción solar duran­te todo el año.

Las con­se­cuen­cias direc­tas de la fal­ta de cui­da­do son: el enve­je­ci­mien­to cutá­neo pre­ma­tu­ro (man­chas y arru­gas), poros dila­ta­dos, aumen­to del núme­ro de luna­res y cán­cer de piel.

Está con­fir­ma­do que la luz que emi­ten las compu­tado­ras y las pan­ta­llas led pro­du­cen una radia­ción tér­mi­ca que alte­ra los mela­no­ci­tos pro­du­cien­do man­chas cono­ci­das como melas­ma.

-Evi­tar agre­sio­nes exter­nas
La con­ta­mi­na­ción, el taba­co, el estrés, los cam­bios de tem­pe­ra­tu­ra, el vien­to, la expo­si­ción al sol, la trans­pi­ra­ción y el con­tac­to pro­lon­ga­do con el agua de mar y el clo­ro de la pile­ta hacen que la piel pier­da su elas­ti­ci­dad, tona­li­dad natu­ral, pier­da el bri­llo, se tor­ne áspe­ra, tiran­te y frá­gil.  Inclu­so favo­re­cen el desa­rro­llo de arru­gas.

Para con­tra­rres­tar los fac­to­res urba­nos que inci­den en la piel, exis­ten pro­duc­tos cos­mé­ti­cos y cre­mas que con­tie­nen anti­oxi­dan­tes, los cua­les pue­den ser posi­ti­vos para fre­nar el enve­je­ci­mien­to.
Cre­mas, serums y geles que con­ten­gan un alto por­cen­ta­je de agua ter­mal, áci­do hia­lu­ró­ni­co, mine­ra­les y sus­tan­cias cal­man­tes e hidra­tan­tes der­ma­to­ló­gi­ca­men­te tes­tea­das, son los idea­les a la hora de ele­gir los pro­duc­tos de uso dia­rio con efec­to anti enve­je­ci­mien­to.

La Repa­ra­ción de noche.

Lue­go de lim­piar y toni­fi­car la piel, pre­pa­ra­mos nues­tro ros­tro para des­can­sar apli­can­do una cre­ma humec­tan­te o bien un pro­duc­to anti-age que serán los encar­ga­dos de nutrir­la en pro­fun­di­dad mien­tras dor­mi­mos. La cla­ve es ele­gir el pro­duc­to ade­cua­da para cada tipo de piel.

El correc­to des­can­so noc­turno es la mejor mane­ra de rever­tir los daños cau­sa­dos por los radi­ca­les libres, que dan como resul­ta­do la oxi­ge­na­ción celu­lar. Ade­más de recar­gar ener­gía y repa­rar los múscu­los, mien­tras dor­mi­mos, se repa­ran y crean nue­vos teji­dos y célu­las.

Die­ta equi­li­bra­da y ejer­ci­cio.

Ejer­ci­tar­nos regu­lar­men­te en con­jun­to con una die­ta rica en anti­oxi­dan­tes, ver­du­ras, legum­bres y acei­te de oli­va, ade­más de evi­tar al máxi­mo el alcohol, nutre la piel con oxí­geno, mien­tras que sudar nos ayu­da a eli­mi­nar toxi­nas y retra­sar el enve­je­ci­mien­to de la piel.

 Los bene­fi­cios inme­dia­tos de un buen cui­da­do se tra­du­cen en una piel más sua­ve, más lumi­no­sa y, a lar­go pla­zo, esa humec­ta­ción ade­cua­da, evi­ta­rá el dete­rio­ro natu­ral del enve­je­ci­mien­to y crea­rá un micro­cli­ma favo­ra­ble para que la piel man­ten­ga cier­ta elas­ti­ci­dad, favo­re­cien­do la gene­ra­ción de fibras de colá­ge­nos y elas­ti­na.

Una com­ple­ta ruti­na de cui­da­dos dia­rios es cla­ve para evi­tar el enve­je­ci­mien­to pre­ma­tu­ro. Lo impor­tan­te es la per­se­ve­ran­cia y rea­li­zar con­sul­tas médi­cas para que sea el pro­fe­sio­nal quien orien­te y eva­lúe su pro­pues­ta de cui­da­do, según la edad y nece­si­dad.

Dra. Fer­nan­da Guar­dia

Médi­ca Der­ma­tó­lo­ga en Cerros Salud (M.P. 10.806)

Jefa de tra­ba­jos prác­ti­cos de la cáte­dra de Der­ma­to­lo­gía de la Uni­ver­si­dad de Men­do­za.

Miem­bro de la Socie­dad Argen­ti­na de Der­ma­to­lo­gía.

Miem­bro del Cole­gio Ibe­ro-Lati­noa­me­ri­cano de Der­ma­to­lo­gía.

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