Entrevistamos a Facundo Manes, reconocido neurólogo argentino.  

El cere­bro humano es la estruc­tu­ra más com­ple­ja del uni­ver­so. Tan­to que se pro­po­ne el desafío de enten­der­se a sí mis­mo. El cere­bro dic­ta toda nues­tra acti­vi­dad men­tal -des­de pro­ce­sos incons­cien­tes, como res­pi­rar, has­ta los pen­sa­mien­tos filo­só­fi­cos más ela­bo­ra­dos- y con­tie­ne más neu­ro­nas que las estre­llas exis­ten­tes en la gala­xia”. Así comien­za el libro “Usar el cere­bro”, de Facun­do Manes, y él, como neu­ro­cien­tí­fi­co, inten­ta enten­der­lo. Por­que cono­cer el cere­bro, ade­más, per­mi­te com­pren­der el órgano que nos hace huma­nos, cui­dar­lo y así vivir mejor.
Facun­do Manes es un neu­ró­lo­go argen­tino reco­no­ci­do mun­dial­men­te que logró que en el país del psi­co­aná­li­sis, las neu­ro­cien­cias estén “en boca de todos”: escri­bió un libro que lle­va ago­ta­das 15 edi­cio­nes, lle­nó tea­tros y salas de todo el país (inclu­si­ve en la ciu­dad de Men­do­za), cuen­ta con cien­tos de miles de segui­do­res en redes socia­les, escri­be notas en diver­sos medios de comu­ni­ca­ción masi­vos nacio­na­les e hizo pro­gra­mas de tele­vi­sión con impac­tan­te rating.  Y no sólo eso, tam­bién publi­có más de 170 con­tri­bu­cio­nes cien­tí­fi­cas ori­gi­na­les en las revis­tas de neu­ro­cien­cia, neu­ro­lo­gía y psi­quia­tría más pres­ti­gio­sas del mun­do, se doc­to­ró en la Uni­ver­si­dad de Cam­brid­ge y es rec­tor de la Uni­ver­si­dad Fava­lo­ro.
Pero para cono­cer a una per­so­na­li­dad que a los 46 años logró tan­to, con­vie­ne empe­zar por el prin­ci­pio.
¿Cómo fue­ron tus comien­zos? ¿Dón­de se des­per­tó tu pasión por la medi­ci­na?
Nací en 1969 en el par­ti­do de Quil­mes, en el conur­bano bonae­ren­se. Cuan­do era muy chi­co, nos muda­mos con mi fami­lia a Arro­yo Dul­ce, un peque­ño pue­blo de cam­po de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires, don­de tuve mi pri­mer con­tac­to con la medi­ci­na, ya que en la mis­ma casa mi padre ejer­cía como médi­co rural. Mi infan­cia y ado­les­cen­cia trans­cu­rrió en Sal­to (tam­bién en la pro­vin­cia de Bue­nos Aires).
Cuan­do ter­mi­né el secun­da­rio, me mudé a la Ciu­dad para estu­diar Medi­ci­na en la Uni­ver­si­dad de Bue­nos Aires. Lue­go de gra­duar­me, via­jé al exte­rior para per­fec­cio­nar mi for­ma­ción en diver­sos ins­ti­tu­tos y labo­ra­to­rios de Esta­dos Uni­dos e Ingla­te­rra.
¿Qué te lle­vó a vol­ver al país?
En 2001, en un tiem­po en el que muchos argen­ti­nos emi­gra­ban en medio de las tur­bu­len­cias socia­les y polí­ti­cas, deci­dí regre­sar al país. Esa deci­sión estu­vo mar­ca­da por el deseo de intro­du­cir y desa­rro­llar aquí las neu­ro­cien­cias cog­ni­ti­vas y para com­pro­me­ter­me con las nece­si­da­des y desafíos de mi comu­ni­dad. En 2005, recor­dé las pala­bras de mi tutor en Cam­brid­ge, quien me ense­ñó que sólo se nece­si­tan cua­tro pare­des y gran­des cien­tí­fi­cos aden­tro para gene­rar cono­ci­mien­to de pri­mer nivel. Así nació el Ins­ti­tu­to de Neu­ro­cien­cias Cog­ni­ti­vas (INECO), el cual hoy es líder en publi­ca­cio­nes ori­gi­na­les en su área en Amé­ri­ca Lati­na.
Ade­más, con­ti­nué el deseo de René Fava­lo­ro de ligar los estu­dios de cere­bro y cora­zón a tra­vés de la crea­ción del Ins­ti­tu­to de Neu­ro­cien­cias de la Fun­da­ción Fava­lo­ro, que brin­da aten­ción de cali­dad en neu­ro­lo­gía y psi­quia­tría a muchí­si­mas per­so­nas.
¿Cuá­les crees que han sido tus apor­tes más impor­tan­tes en el cam­po de la medi­ci­na?
Qui­zás, uno de las más repre­sen­ta­ti­vos fue iden­ti­fi­car las áreas pre­fron­ta­les rela­cio­na­das con el pro­ce­so de toma de deci­sio­nes en huma­nos, los meca­nis­mos neu­ra­les de la agre­sión (jun­to con el Dr. Cal­der) y el rol de la ínsu­la en los pro­ce­sos cog­ni­ti­vos y emo­cio­na­les.
¿Cómo me expli­ca­rías lo que son las neu­ro­cien­cias?
Las neu­ro­cien­cias son una rama de la cien­cia que estu­dia la orga­ni­za­ción y el fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma ner­vio­so y cómo los dife­ren­tes ele­men­tos del cere­bro inter­ac­túan y dan ori­gen a la con­duc­ta de los seres huma­nos. En estas déca­das hemos apren­di­do más sobre el fun­cio­na­mien­to del cere­bro que en toda la his­to­ria de la huma­ni­dad. Este abor­da­je cien­tí­fi­co es mul­ti­dis­ci­pli­na­rio y tie­ne impac­to sobre las diver­sas esfe­ras huma­nas como la edu­ca­ción, la polí­ti­ca, la eco­no­mía, etc. Asi­mis­mo, la rele­van­cia de estos estu­dios está dada por­que per­mi­ten abor­dar las pato­lo­gías men­ta­les (por ejem­plo, la depre­sión es la prin­ci­pal cau­sa de dis­ca­pa­ci­dad entre per­so­nas de entre 35 y 50 años o el Alz­hei­mer que hoy está con­si­de­ra­do como una epi­de­mia). Como está vis­to, una de las pasio­nes de Facun­do Manes es el estu­dio del cere­bro humano. La otra, (ade­más de su fami­lia, es casa­do y padre de dos hijos- y sus ami­gos), es la Argen­ti­na. Así, en cada char­la, en cada entre­vis­ta, en cada colum­na de opi­nión, sos­tie­ne que la rique­za de un país se mide por el valor del capi­tal humano, la edu­ca­ción, la cien­cia y la tec­no­lo­gía, y que allí está la base del desa­rro­llo social. Y así es.
Por Caro­li­na Pif­fa­ret­ti,
MKT & Comu­ni­ca­ción DALVIAN SA