Te contamos que es y como proteger a nuestros niños de la dermatitis atópica.

Un pro­ble­ma en la piel de los chi­cos
Como el órgano más expues­to del cuer­po humano, la piel enfren­ta cons­tan­te­men­te fac­to­res de ries­go para su salud, en espe­cial duran­te los pri­me­ros años de vida, cuan­do es muy frá­gil. La Der­ma­ti­tis Ató­pi­ca es una de estas afec­cio­nes cutá­neas, típi­ca de lac­tan­tes y niños peque­ños que pue­de resul­tar moles­ta e influ­ye en su cali­dad de vida. Carac­te­ri­za­da por lesio­nes con enro­je­ci­mien­to, pru­ri­to inten­so y rese­que­dad en dife­ren­tes par­tes del cuer­po, pue­de dar­se de mane­ra excep­cio­nal en adul­tos, pero en gene­ral es pro­pia de los niños.
Sue­le mani­fes­tar­se lue­go de los 6 meses de vida y tien­de a mejo­rar, por sí sola, alcan­za­dos los 6 ó 7 años de edad. Los niños ató­pi­cos sufren una come­zón inten­sa que los lle­va a ras­car­se y a des­en­ca­de­nar así sus lesio­nes. Con fre­cuen­cia, estas apa­re­cen don­de se doblan los codos y detrás de las rodi­llas, pero tam­bién pue­den dar­se en las manos, los pies, bra­zos y pier­nas, el cue­ro cabe­llu­do, la cara o detrás de las ore­jas, lle­gan­do a veces a cubrir gran par­te del cuer­po. Esta situa­ción se vuel­ve difí­cil de sopor­tar para los que la pade­cen y para sus padres que ven a su hijo ras­car­se sin poder dete­ner­se.
Evo­lu­cio­na, por lo gene­ral, hacia la des­apa­ri­ción total de las recaí­das, aun­que el pro­ce­so depen­de de la gra­ve­dad ini­cial del cua­dro y en oca­sio­nes pue­de pro­lon­gar­se duran­te varios años. En los casos seve­ros, la mejo­ría sue­le ser len­ta y devie­ne por lo gene­ral en un adul­to de piel muy seca.
La cla­ve: el cui­da­do de la piel
Lo más impor­tan­te es rea­li­zar un correc­to cui­da­do de la piel, por lo que la higie­ne es fun­da­men­tal, jun­to a otras medi­das gene­ra­les que res­tau­ran la hume­dad y gra­si­tud cutá­nea, redu­cien­do así el pru­ri­to y el enro­je­ci­mien­to que cau­sa la Der­ma­ti­tis Ató­pi­ca. El baño dia­rio es el fac­tor cla­ve: sua­vi­za y apor­ta fle­xi­bi­li­dad, cal­ma la irri­ta­ción y dis­mi­nu­ye la seque­dad. Tie­ne que ser cor­to (no más de 5 minu­tos) y con agua tibia (de 32º a 33ºC).
En cuan­to a los jabo­nes, deben evi­tar­se los comu­nes, ya que sólo aumen­tan la des­hi­dra­ta­ción. Es pre­fe­ri­ble reem­pla­zar­los por otros a base de ave­nas. Y cuan­do el niño sale del agua, de inme­dia­to hay que humec­tar todo su cuer­po. En este paso, las cre­mas o leches son la opción más acer­ta­da y pue­den apli­car­se varias veces al día. Lo mejor es recu­rrir a opcio­nes tera­péu­ti­cas tópi­cas que estén espe­cial­men­te for­mu­la­das para cubrir las defi­cien­cias que pre­sen­tan este tipo de pie­les. Por últi­mo, el seca­do tam­bién tie­ne que rea­li­zar­se con cui­da­do, sin ras­par la piel, para no irri­tar­la.
Pre­ve­nir agra­van­tes
A los fines de mejo­rar la cali­dad de vida del niño ató­pi­co, resul­ta esen­cial hacer todo lo posi­ble para impe­dir que se ras­que o se fro­te la piel, algo que con­tri­bu­ye direc­ta­men­te a pro­lon­gar y agra­var las lesio­nes. En este sen­ti­do, hay que man­te­ner sus uñas cor­tas y lim­pias, para redu­cir el daño que lle­guen a cau­sar­se y tam­bién pre­ve­nir infec­cio­nes.
La ves­ti­men­ta más ade­cua­da es la de algo­dón y se des­acon­se­jan los teji­dos sin­té­ti­cos, así como usar lana direc­ta­men­te sobre el cuer­po, por ser muy irri­tan­te. La ropa tie­ne que lavar­se con pro­duc­tos sua­ves y lue­go enjua­gar­se muy bien. En lo que res­pec­ta a los ali­men­tos, si bien algu­nos pue­den ser agra­van­tes, no es bueno que los chi­cos ten­gan una die­ta res­tric­ti­va, ya que esto sólo aumen­ta su ansie­dad y pue­de deri­var en casos de des­nu­tri­ción.
Ade­más de seguir con rigor estas pau­tas, es impor­tan­te evi­tar otros fac­to­res gene­ra­les que poten­cian la afec­ción, como por ejem­plo las emo­cio­nes inten­sas, nega­ti­vas o posi­ti­vas que muchas veces des­en­ca­de­nan el ecce­ma; el con­tac­to con deter­mi­na­dos aler­ge­nos, como alfom­bras, muñe­cos de pelu­che o ani­ma­les; y el mane­jo de ele­men­tos irri­tan­tes, del tipo de los jabo­nes, deter­gen­tes, per­fu­mes y otros quí­mi­cos.
Gra­cias a estas ruti­nas de higie­ne y cui­da­do de la piel, los niños con Der­ma­ti­tis Ató­pi­ca y sus fami­lias pue­den con­tro­lar los efec­tos más des­agra­da­bles de la enfer­me­dad y lle­var ade­lan­te una vida abso­lu­ta­men­te nor­mal, a la espe­ra de que el paso del tiem­po final­men­te haga des­apa­re­cer los ecce­mas por com­ple­to.
Nota Gen­ti­li­za de Far­ma­cias Mori