Por Lic. Maria Victoria Forlizzi | sabornaturalmza@gmail.com

La obe­si­dad ha deja­do de ser una epi­de­mia para con­ver­tir­se, según la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud (OMS), en una “pan­de­mia”. Es decir, es una “enfer­me­dad epi­dé­mi­ca que se extien­de a muchos paí­ses o que ata­ca a casi todos los indi­vi­duos de una loca­li­dad o región”. De entre dichos indi­vi­duos, los más vul­ne­ra­bles son los niños.

Nues­tra ali­men­ta­ción, cada vez menos salu­da­ble, el esti­lo de vida, muy seden­ta­rio, y otros moti­vos englo­ba­dos en el con­cep­to “entorno obe­so­gé­ni­co”, expli­can en gran medi­da las actua­les tasas de obe­si­dad en la infan­cia. Los niños con exce­so de peso tie­nen más posi­bi­li­da­des de pade­cer diver­sas enfer­me­da­des y ade­más sue­len sufrir más recha­zo y estig­ma­ti­za­ción social que los niños con un peso nor­mal. No menos sig­ni­fi­ca­ti­vo es que ten­drán serias difi­cul­ta­des para dis­mi­nuir su peso si entran en la edad adul­ta con obe­si­dad. De ahí la impor­tan­cia de hacer­le fren­te a tiem­po.

Que mejor que lograr que nues­tros niños man­ten­gan un peso ade­cua­do des­de niños, que tener que salir a bus­car la die­ta mági­ca cuan­do ya somos adul­tos.

Los peque­ños cam­bios son pode­ro­sos,  por ello a con­ti­nua­ción les damos algu­nos con­se­jos:

Ade­más de los pun­tos ante­rio­res, para pre­ve­nir la ganan­cia exce­si­va de peso con­vie­ne limi­tar el núme­ro de veces que los niños comen en res­tau­ran­tes de comi­da rápi­da y, en para­le­lo, pro­mo­ver las comi­das en fami­lia. Esto últi­mo no solo pre­vie­ne la obe­si­dad, tam­bién ejer­ce bene­fi­cios psi­co­so­cia­les. Todo ello sin olvi­dar que las escue­las u otros ambien­tes edu­ca­ti­vos cer­ca­nos al niño pue­den pre­ve­nir de for­ma efi­caz esta pato­lo­gía.

CONSEJOS

Ser­vir racio­nes ade­cua­das para la edad del niño.

Tener en el hogar una varie­dad de hor­ta­li­zas, fru­tas y cerea­les inte­gra­les

Esco­ger leche y pro­duc­tos lác­teos bajos en gra­sa.

Pro­mo­ver el con­su­mo de legum­bres y fru­tos secos.

Reti­rar de la vis­ta del niño las ten­ta­cio­nes ricas en calo­rías. Ofre­cér­se­las de vez en cuan­do.

Fomen­tar la acti­vi­dad físi­ca. El míni­mo de tiem­po dia­rio que debe­rían dedi­car los niños ascien­de  a 60 minu­tos.

La bebi­da de elec­ción para cal­mar la sed debe ser el agua.

Se debe limi­tar el con­su­mo de azú­car, ama­sa­dos y, sobre todo, bebi­das azu­ca­ra­das (“refres­cos”).

Res­trin­gir a no más de 2 horas dia­rias el tiem­po que los niños dedi­can a ver tele­vi­sión, jugar a video­jue­gos o a nave­gar por Inter­net.