La ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración para resolver problemas humanos.

El velcro

El pri­mer éxi­to de la bio­mi­mé­ti­ca fue en 1941, cuan­do el inge­nie­ro Geor­ge de Mes­tral se plan­teó el por qué de las semi­llas que se aga­rra­ban a la ropa; y encon­tró que se debía a unos gan­chos que recu­bren su super­fi­cie. Así nació el vel­cro, cuyo nom­bre deri­va de los tér­mi­nos fran­ce­ses velours (ter­cio­pe­lo) y cro­chet (gan­cho).

Más resistentes

Un equi­po de la Uni­ver­si­dad de Cali­for­nia, ha ana­li­za­do cómo el pája­ro car­pin­te­ro amor­ti­gua el gol­pe­teo en su crá­neo; logran­do con­ce­bir un sis­te­ma de amor­ti­gua­ción para micro­dis­po­si­ti­vos capaz de sopor­tar has­ta 60.000 gra­mos. Este avan­ce per­mi­ti­rá que las cajas negras de los avio­nes resis­tan mejor los impac­tos. Por el momen­to la cabe­za de estas aves ya ha ser­vi­do para dise­ñar diver­sos sis­te­mas de pro­tec­ción, como los cas­cos para ciclis­tas o mon­ta­ñis­tas.

Más respetuosas con el entorno

Un cla­ro ejem­plo de la ins­pi­ra­ción en la natu­ra­le­za es el cen­tro comer­cial East­ga­te, en Zim­ba­bue, dise­ña­do por Mick Pear­ce, cuen­ta con un inge­nio­so sis­te­ma de refri­ge­ra­ción basa­do en la for­ma en los nidos de ter­mi­tas. Ade­más el ras­ca­cie­los Swiss Re de Lon­dres, posee un meca­nis­mo de ven­ti­la­ción que emu­la la anato­mía de las espon­jas mari­nas y anémo­nas.
Dece­nas de exper­tos en todo el mun­do bus­can solu­cio­nes simi­la­res a par­tir de la con­fi­gu­ra­ción anató­mi­ca de la natu­ra­le­za, lo cual da una idea de la impor­tan­cia que está cobran­do esta dis­ci­pli­na.