La inves­ti­ga­do­ra esta­dou­ni­den­se Cynt­hia Brea­zel resu­mió el camino de la robó­ti­ca has­ta aho­ra en una sola fra­se: “La robó­ti­ca se ha ocu­pa­do más de la inter­ac­ción con las cosas que con las per­so­nas”. Sin embar­go, en los últi­mos años y en par­ti­cu­lar en lo que va del 2019, el camino de la robó­ti­ca pare­ce vol­ver­se más humano. Tal es así que los lla­ma­dos “robots emo­cio­na­les” empie­zan a hacer­se reali­dad en una tec­no­lo­gía cada vez más huma­ni­za­da o en una huma­ni­dad cada vez más tec­no­ló­gi­ca.

La robó­ti­ca se ha ocu­pa­do más de la inter­ac­ción con las cosas que con las per­so­nas

Al pare­cer, “El hom­bre bicen­te­na­rio” inter­pre­ta­da por Rob­bie Williams en 1999 ha deja­do de ser sola­men­te una fic­ción. La robó­ti­ca avan­za a pasos agi­gan­ta­dos en mate­ria de máqui­nas que logren enten­der y empa­ti­zar con las emo­cio­nes huma­nas. A prin­ci­pios de este año, la com­pa­ñía japo­ne­sa Groo­ve X lan­zó Lovot, un peque­ño robot que pare­ce una mas­co­ta y es capaz de cap­tar emo­cio­nes. Lovot posee una mira­da pro­fun­da que se asi­mi­la a la de un ser vivo. Pero ojo, que no todo lo que tie­ne que ver con avan­ces tec­no­ló­gi­cos está en Japón. En Gua­da­la­ja­ra, Méxi­co, un gru­po de exper­tos vie­ne desa­rro­llan­do des­de 2010 un peque­ño huma­noi­de lla­ma­do Mex One, capaz de per­ci­bir sen­sa­cio­nes a tra­vés de una serie de sen­so­res que se asi­mi­lan a los del dis­po­si­ti­vo Kin­nect que se uti­li­za para video­jue­gos.

Jun­to con Mex One, exis­ten otros dos robots lla­ma­dos Mari­sol e Ismael, pro­ve­nien­tes del depar­ta­men­to de inves­ti­ga­cio­nes cien­tí­fi­cas de la Uni­ver­si­dad de Gua­da­la­ja­ra, que poseen pro­gra­mas de reco­no­ci­mien­to visual que les per­mi­ten seguir con la cabe­za los movi­mien­tos de una per­so­na; se encar­gan de detec­tar for­mas geo­mé­tri­cas en el ros­tro de una per­so­na. Asi­mis­mo, en 2012 Jesús Sava­ge de la Uni­ver­si­dad Autó­no­ma de Méxi­co, creó el famo­so robot lla­ma­do Jus­ti­na, una máqui­na que pue­de reco­no­cer per­so­nas, ges­tos, ubi­car­se espa­cial­men­te e inter­ac­tuar con ellas. Jus­ti­na y los robots que devi­nie­ron lue­go de ella están car­ga­dos de algo­rit­mos capa­ces de detec­tar las emo­cio­nes a tra­vés del reco­no­ci­mien­to de expre­sio­nes cor­po­ra­les y facia­les que se corres­pon­den con un deter­mi­na­do sen­tir por el ser humano. Por ejem­plo, si el robot per­ci­be la boca del ser humano en for­ma de media­lu­na, con las comi­su­ras esti­ra­das, sabrá que está son­rien­do y que será un signo de feli­ci­dad. La infor­ma­ción ya la tie­ne car­ga­da en su sis­te­ma y, en fun­ción de esto, actúa.

Si bien los seres huma­nos somos úni­cos e irre­pe­ti­bles, exis­te cier­ta pre­dic­ti­bi­li­dad en nues­tro com­por­ta­mien­to: hemos logra­do con­cep­tua­li­zar nues­tro accio­nar, poner­le nom­bre a las cosas, y es por eso que pode­mos ser ana­li­za­dos muchas veces en nues­tro con­jun­to. Con toda esta infor­ma­ción pro­ve­nien­te de la psi­co­lo­gía del ser humano, la robó­ti­ca está cam­bian­do de sen­ti­do para poner­se al ser­vi­cio de las per­so­nas.

Máqui­nas con mira­da huma­na

Hay un obje­ti­vo prin­ci­pal que guía a la robó­ti­ca en el avan­ce de las máqui­nas con inte­li­gen­cia emo­cio­nal y es la com­pa­ñía. La crea­ción de robots emo­cio­na­les se debe en gran par­te a la inten­ción de com­ba­tir la sole­dad. Es por eso que, a prin­ci­pios de este año, la com­pa­ñía Groo­ve X creó a LOVOT que sig­ni­fi­ca amor y robot (love + robot). La com­pa­ñía japo­ne­sa se dedi­ca a explo­rar las rela­cio­nes entre los huma­nos y la robó­ti­ca. Es por eso que creó una cria­tu­ra capaz de com­pren­der las emo­cio­nes, sobre todo las de los más peque­ños. El prin­ci­pal moti­vo de su crea­ción es que sea capaz de acom­pa­ñar a los niños y las niñas japo­ne­sas mien­tras sus madres y padres están tra­ba­jan­do.

Lovot pide aten­ción a las per­so­nas con las que vive, su mira­da tie­ne seis capas de pro­fun­di­dad y pue­de detec­tar has­ta mil per­so­nas. Aún no habla, sim­ple­men­te hace com­pa­ñía. La máqui­na nipo­na emu­la amor y afec­to gra­cias a una serie de sen­so­res colo­ca­dos en 20 pun­tos de su cuer­po. Pue­de tener una tem­pe­ra­tu­ra pare­ci­da a la de los seres huma­nos y emi­tir soni­dos corres­pon­dien­tes con la inter­ac­ción que rea­li­za a tra­vés de su inte­li­gen­cia emo­cio­nal. Lo más impac­tan­te de esta nue­va crea­ción es su mira­da huma­ni­za­da, capaz de enten­der qué está sin­tien­do su inter­lo­cu­tor.

Des­de la empre­sa ase­gu­ra­ron que este es el año en el que la robó­ti­ca cam­bia­rá de rum­bo: “En 2019, nace­rá una nue­va rela­ción entre los huma­nos y los robots”, expre­sa­ron los crea­do­res de Lovot. Una nue­va era de la robó­ti­ca está nacien­do de la mano de la huma­ni­za­ción de las máqui­nas, don­de la tec­no­lo­gía y la inte­li­gen­cia arti­fi­cial se unen con efec­tos pura­men­te emo­cio­na­les, dejan­do de lado los pro­duc­ti­vos.

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