Sin impor­tar la dimen­sión del pro­yec­to, rea­li­zar el inte­rio­ris­mo de un espa­cio –des­de una casa a una empre­sa- no es tarea fácil. De allí que con­tra­tar a un inte­rio­ris­ta sea la cla­ve para que el resul­ta­do final sea un éxi­to. Pau­la Sch­midt, arqui­tec­ta e inte­rio­ris­ta, expli­ca por qué: “Un inte­rio­ris­ta es quien se encar­ga de obte­ner el máxi­mo par­ti­do y fun­cio­na­li­dad de un espa­cio logran­do, a su vez, que se des­ta­que, que sea atrac­ti­vo y que esté bien resuel­to. Por eso a la hora de comen­zar un pro­yec­to de inte­rio­ris­mo, la mayo­ría de la per­so­nas se pre­gun­tan si es real­men­te nece­sa­rio y mi res­pues­ta es ‘sí, ¡sin dudar­lo!’”.

El inte­rio­ris­ta –defi­ne- ayu­da a crear un espa­cio que se ajus­te a las nece­si­da­des de cada clien­te, hacien­do espe­cial hin­ca­pié en la dis­tri­bu­ción, la ilu­mi­na­ción y la mate­ria­li­dad; apor­tan­do solu­cio­nes a los reque­ri­mien­tos y con­tri­bu­yen­do a impac­tar posi­ti­va­men­te en el espa­cio a desa­rro­llar. Esto no solo apor­ta un valor aña­di­do al pro­yec­to, sino que tam­bién lo dife­ren­cia del res­to”.

Para Sch­midt, lo ideal es comen­zar el pro­yec­to de inte­rio­ris­mo en con­jun­to con el pro­yec­to de arqui­tec­tu­ra, ya que de esta for­ma se logran espa­cios fun­cio­na­les y armó­ni­cos. “Tener un pro­yec­to de inte­rio­ris­mo pre­vio a la cons­truc­ción per­mi­te pre­ver temas de ilu­mi­na­ción, ins­ta­la­cio­nes sani­ta­rias, y demás ítems que afec­tan a la obra civil”, expli­ca Sch­midt.

Sin embar­go, aun­que esta dis­ci­pli­na pro­yec­tual es cada vez más difun­di­da en Argen­ti­na, toda­vía la rodean cier­tos pre­con­cep­tos. “Una de las razo­nes prin­ci­pa­les por las que las per­so­nas tie­nen mie­do a con­tra­tar a un inte­rio­ris­ta es la idea gene­ra­li­za­da de que es caro. Pero la inver­sión no es exce­si­va si se tie­ne en cuen­ta la tran­qui­li­dad que brin­da su inter­ven­ción en el pro­ce­so y la can­ti­dad de erro­res comu­nes de dise­ño que pue­de aho­rrar”.

A dife­ren­cia del pro­yec­to de eje­cu­ción de obra, que es más o menos fijo, el tipo de mate­ria­les pue­de ser varia­ble ya que depen­de de los gus­tos, nece­si­da­des y capa­ci­dad adqui­si­ti­va del clien­te. “Algu­nos pre­fie­ren inver­tir en bue­nos mate­ria­les, otros en un buen sofá o en una obra de arte. Sea cual fue­re el caso, los inte­rio­ris­tas pode­mos ase­so­rar al clien­te en cómo aho­rrar y en qué con­vie­ne inver­tir. Espe­cial­men­te a quien no sabe qué quie­re o cómo con­se­guir­lo; o no está al día de las nove­da­des en cons­truc­ción y deco­ra­ción”.

Aho­ra bien, ya con­ven­ci­dos de que nece­si­ta­mos de la inter­ven­ción de un inte­rio­ris­ta: ¿des­de qué pará­me­tros lo ele­gi­mos? “Si bien es muy impor­tan­te la capa­ci­dad crea­ti­va y el esti­lo, no hay que dejar de eva­luar su expe­rien­cia y tra­yec­to­ria, ya que la mayor can­ti­dad de veces la solu­ción a un pro­ble­ma es téc­ni­ca y no deco­ra­ti­va”, dice la arqui­tec­ta.

Manos a la obra

El  pro­yec­to de arqui­tec­tu­ra inte­rior comien­za en el mis­mo momen­to en que el clien­te se reúne con el pro­fe­sio­nal. Pau­la Sch­midt  brin­da pre­ci­sio­nes: “Esta reunión es muy impor­tan­te por­que es el pun­to de par­ti­da para enten­der cuál es el con­tex­to natu­ral y arqui­tec­tó­ni­co, cuá­les son las nece­si­da­des del clien­te, inter­pre­tar­lo y saber qué es lo que espe­ra, cuá­les son sus gus­tos, su for­ma de vida, con qué pre­su­pues­to cuen­ta, etcé­te­ra. Todas estas pau­tas son las que des­pués van dan­do la per­so­na­li­dad al pro­yec­to”.

“El inte­rio­ris­ta ayu­da a crear un espa­cio que se ajus­te a las nece­si­da­des de cada clien­te, hacien­do espe­cial hin­ca­pié en la dis­tri­bu­ción, la ilu­mi­na­ción y la mate­ria­li­dad; apor­tan­do solu­cio­nes a los reque­ri­mien­tos y con­tri­bu­yen­do a impac­tar posi­ti­va­men­te en el espa­cio a desa­rro­llar.”

Pues­to manos a la obra, el inte­rio­ris­ta desa­rro­lla un pro­yec­to inte­gral en el cual, a tra­vés de pla­nos, ren­ders, mues­tras reales de mate­ria­les y foto­gra­fías, mues­tra el pro­ce­so de desa­rro­llo y va defi­nien­do cada deta­lle. “De esta for­ma no hay lugar a sor­pre­sas en obra, y se está a tiem­po de rea­li­zar las modi­fi­ca­cio­nes nece­sa­rias”.

¿Una máxi­ma del ofi­cio? Un inte­rio­ris­ta está pen­dien­te de todos los deta­lles. “Su inter­ven­ción va a hacer que el pro­yec­to, des­de la idea ini­cial has­ta los últi­mos aca­ba­dos, se desa­rro­lle de acuer­do con los nive­les de cali­dad exi­gi­dos, super­vi­san­do cada eta­pa en su desa­rro­llo. Y su visión es fun­da­men­tal para com­ple­tar el pro­yec­to”.

Arq. Ana Pau­la Sch­midt
Pro­yec­tos de inte­rio­ris­mo
Face­book: arqui­tec­taa­na­pau­lasch­midt
Ins­ta­gram: arq_apschmidt

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