Cuando la simpatía es parte del servicio.

En la cono­ci­da “Puer­ta Azul” de nues­tro barrio, se encuen­tra Oscar Fabián Herre­ra el sim­pá­ti­co guar­dia de Coope­ra­ti­va SARPOL que cada día rega­la su son­ri­sa a quién pasa.
Todos salu­da­ban agra­de­ci­dos, algu­nos enér­gi­ca­men­te, otros con un cor­dial movi­mien­to de cabe­za y no fal­ta­ron los que abrían su ven­ta­ni­lla hacién­do­le algún comen­ta­rio cóm­pli­ce.
“Este mes se cum­plen 7 años que estoy acá”. – mien­tras salu­da­ba a un vehícu­lo que cir­cu­la­ba. – Antes tra­ba­ja­ba en una ver­du­le­ría con mi her­mano y me decían que aten­día bien a la gen­te, aho­ra me dicen “¡Qué lás­ti­ma que te fuis­te!”
La ver­dad es que me nace ser así. Es mi tra­ba­jo y tra­to de cum­plir­lo lo mejor posi­ble, no sólo para la empre­sa, sino en gene­ral. Tra­to de estar aten­to a todo. – comen­ta orgu­llo­so.
En ese momen­to pasa una mujer de cabe­llo oscu­ro, baja la ven­ta­ni­lla y le arro­ja un beso con sus manos. Nues­tro guar­dia no demo­ra en son­ro­jar­se: “Hay mucha gen­te que no sola­men­te te brin­da su amis­tad; apren­do mucho de la gen­te todos los días, por eso me gus­ta lo que hago y lo hago de cora­zón” – dice ama­ble­men­te.

SARPOL permanentemente capacita a su personal para dar calidad de atención y de servicio en términos de seguridad,  pero no todos se ganan el corazón de los residentes como Oscar.

Yo creo que por ahí es la for­ma de ser de uno. La mía es de salu­dar y hay vigi­la­do­res que son más serios, noso­tros tene­mos que demos­trar­la. Pero para mí, el ser ama­ble no sig­ni­fi­ca que no pue­da hacer bien el tra­ba­jo. Creo que uno tie­ne que ser tal como es.” – ase­gu­ra­ba él.
“Con mi fami­lia es lo mis­mo, a mis hijos les digo que tie­nen que estu­diar y ser aten­tos con la gen­te. Tra­to de com­par­tir cuan­do van a jugar a la pelo­ta o cuan­do hacen pre­sen­ta­cio­nes en la escue­la. Los moles­to, les hago cari­ños, aun­que ya sean gran­des!” – aña­de con feli­ci­dad.
“Gra­cias por esto, me sien­to orgu­llo­so. No pue­do decir más nada.” – fue­ron las últi­mas pala­bras del guar­dián de la puer­ta azul. Sin duda, la sim­pa­tía y for­ma de ser del Sr. Herre­ra lle­na de con­fian­za a los resi­den­tes, saben que esta­rá allí espe­ran­do para brin­dar­les ama­bi­li­dad, res­pe­to y pro­fe­sio­na­lis­mo.