Esta es la his­to­ria de Matías Ruiz, un joven tra­ba­ja­dor que el a sus prin­ci­pios dejó de lado cual­quier tipo de opor­tu­nis­mo para hacer lo que cual­quier otra per­so­na no hubie­ra hecho.
Matías es de Luzu­ria­ga Mai­pú, tie­ne 29 años y tra­ba­ja en la esta­ción de ser­vi­cio del com­ple­jo resi­den­cial Dal­vian. Su fami­lia está com­pues­ta por Cie­lo, su mujer, su hijo Manuel y Febe que se encuen­tra en camino. Es aman­te del fút­bol, pasión here­da­da de su padre, eso no es lo úni­co que here­dó de fami­lia; ade­más, la hones­ti­dad es par­te de su lega­do, la cual tam­bién le trans­mi­te a sus peque­ños. Es por eso que es, un ejem­plo a seguir para muchos.
La situa­ción comien­za cuan­do él, como cada día, tra­ba­ja­ba en la esta­ción. En un momen­to lle­ga un clien­te que en un des­cui­do en vez de abo­nar los 200 pesos que salió su car­ga de com­bus­ti­ble. Pen­san­do que paga­ba con cua­tro bille­tes de 50, en reali­dad pagó con cua­tro de $500 ¡Menu­da dife­ren­cia! Matías al dar­se cuen­ta corre a dar­le el vuel­to al clien­te, reci­bien­do lue­go de éste una gra­ti­fi­ca­ción por escri­to.
Real­men­te un ejem­plo a seguir. Gra­cias Matías por demos­trar­nos que toda­vía exis­ten per­so­nas que dejan a un lado cual­quier bene cio per­so­nal y sin impor­tar a quien ten­gan enfren­te, hacen lo debi­do.