Comienzan las épocas de calor y con ellas incrementa el uso del agua. Es importante tener en cuenta las siguientes normativas previstas en el reglamento interno para cuidar de nuestro recurso más valioso.

Pis­ci­nas
El pro­pie­ta­rio que desee eje­cu­tar obras des­ti­na­das a pis­ci­nas o equi­va­len­tes, antes de comen­zar su cons­truc­ción o ins­ta­la­ción, debe­rá some­ter el pro­yec­to res­pec­ti­vo a la apro­ba­ción de la admi­nis­tra­ción. Las pis­ci­nas auto­ri­za­das, podrán ubi­car­se sobre el reti­ro late­ral o pos­te­rior siem­pre sin sobre­pa­sar el nivel natu­ral del terreno y a una dis­tan­cia mayor a un metro de los lími­tes de la pro­pie­dad. Su capa­ci­dad máxi­ma será de 40 m3 de capa­ci­dad.
Que­da prohi­bi­do expre­sa­men­te vol­car el agua de las pis­ci­nas, a la vía públi­ca o a la red de cloa­cas, debe­rá pre­ver­se un sis­te­ma de desago­te por medio de un camión atmos­fé­ri­co.
Rie­go
Cada pro­pie­ta­rio debe­rá ins­ta­lar sis­te­ma de rie­go por asper­sión con cis­ter­na sub­te­rrá­nea y bom­ba, para toda la super­fi­cie par­qui­za­da. Los asper­so­res exte­rio­res del inmue­ble, esta­rán des­ti­na­dos al rie­go del espa­cio ver­de exis­ten­te en las par­tes pro­pias o de uso comu­ni­ta­rio de su fren­te y debe­rán per­ma­ne­cer direc­cio­na­dos des­de el cor­dón de la cal­za­da hacia la línea de edi­fi­ca­ción, a efec­tos de evi­tar que el agua resi­dual corra por la ban­qui­na.
Cone­xio­nes de agua
Los pro­pie­ta­rios deben obte­ner los ser­vi­cios de agua, median­te la cone­xión domi­ci­lia­ria que úni­ca­men­te rea­li­za la admi­nis­tra­do­ra.
Cis­ter­nas
Es obli­ga­to­rio para cada pro­pie­ta­rio la ins­ta­la­ción de cis­ter­nas para poder hacer fren­te posi­bles con­tin­gen­cias o even­tos extra­or­di­na­rios. Las cis­ter­nas debe­rán ser sub­te­rrá­neas asis­ti­das por sis­te­mas de bom­beo eléc­tri­co, ins­ta­la­das bajo el nivel de jar­dín y fue­ra de la fran­ja de ser­vi­dum­bre.
Es nues­tra labor como ciu­da­da­nos res­pon­sa­bles, el uso medi­do de este bien tan pre­cia­do para la vida, recor­dan­do que nos encon­tra­mos en una zona geo­grá­fi­ca que se carac­te­ri­za por su ari­dez, hacien­do del agua un bien pre­cia­do para la vida y del que debe­mos cui­dar.