Con la separación británica de la U.E el Bitcoin tomó impulso, te contamos cómo fue elegida como una buena opción ante la inestabilidad económica que se vive en Europa.

Bit­coin es una red con­sen­sua­da que da a lugar a un nue­vo sis­te­ma de pago y una mone­da com­ple­ta­men­te digi­tal. Es la pri­me­ra red de pago des­cen­tra­li­za­do, impul­sa­do por sus usua­rios sin una auto­ri­dad cen­tral o inter­me­dia­rios, es como dine­ro para Inter­net. Con el sor­pre­si­vo “Bre­xit” (bri­tish-exit) el bit­coin comen­zó a tener un peque­ño impul­so e hizo las veces de acti­vo refu­gio fren­te a las prin­ci­pa­les mone­das invo­lu­cra­das en lo que acon­te­ció aque­lla jor­na­da.
Pero lo más rele­van­te, es que se com­por­tó de esta mane­ra inclu­so fren­te al dólar, que en prin­ci­pio no es de las divi­sas a las que el Bre­xit afec­ta de for­ma más direc­ta. Lo cier­to es que Bit­coin es un acti­vo más por el que ya hay mer­ca­dos que hacen com­pra-ven­ta y tras­va­ses de otros acti­vos hacia la crip­to­mo­ne­da, con reser­vas res­pec­to a su segu­ri­dad y capa­ci­dad de retorno.
La pre­gun­ta que debe­mos hacer­nos antes de cali­fi­car­lo como un acti­vo refu­gio es: ¿Qué es un acti­vo refu­gio?
Es sim­ple­men­te aque­llo con­tra lo que se hace un tras­va­se de fon­dos a otros acti­vos ante una situa­ción de páni­co en el mer­ca­do.

El valor psicológico

El mie­do es un efec­to psi­co­ló­gi­co que a veces poco tie­ne que ver con la reali­dad, si bien en el caso de la sepa­ra­ción del Reino Uni­do con la Unión Euro­pea el mie­do esta­ba ple­na­men­te jus­ti­fi­ca­do. Como todo efec­to psi­co­ló­gi­co, la hui­da hacia Bit­coin bus­ca­ba real­men­te la “sen­sa­ción” de segu­ri­dad. Por eso pasa a ser un acti­vo refu­gio tan sólo si la gen­te lo per­ci­be como tal, y eso es exac­ta­men­te lo que ocu­rrió tras el refe­rén­dum sobre el Bre­xit. Aún le que­da un lar­go camino por reco­rrer.

¿Qué perspectivas tiene a largo plazo?

Lo cier­to es que el Bit­coin toda­vía está en fase expe­ri­men­tal, dise­ña­do para que exis­ta una esca­sez mate­má­ti­ca­men­te cal­cu­la­da por el has­ta hace poco enig­má­ti­co Satos­hi Naka­mo­to. Pero el tema es que no todo recur­so esca­so, por la sim­ple esca­sez, pasa a ser un acti­vo con una valo­ra­ción repu­tada en el mer­ca­do: la otra varia­ble es que haya deman­da, y ahí entra la con­fian­za, que si bien esta pseu­do-mone­da va ganan­do adep­tos, le fal­ta mucho para ser una mone­da con res­pal­do.

¿Cómo funciona?

Este sis­te­ma alter­na­ti­vo de mone­da se rige bajo la “block chain”, una con­ta­bi­li­dad públi­ca com­par­ti­da en la que se basa toda la red. En ella todas las tran­sac­cio­nes con­fir­ma­das se inclu­yen en la cade­na de blo­ques. De esta mane­ra los mone­de­ros de Bit­coin pue­den cal­cu­lar su sal­do gas­ta­ble y las nue­vas tran­sac­cio­nes pue­den ser veri­fi­ca­das, ase­gu­ran­do que el cobro se está hacien­do al que rea­li­za el pago. La inte­gri­dad y el orden cro­no­ló­gi­co de la cade­na de blo­ques se hacen cum­plir con crip­to­gra­fía.
Como usua­rio nue­vo, usted pue­de empe­zar a uti­li­zar Bit­coin una vez ten­ga ins­ta­la­do un mone­de­ro en su orde­na­dor o dis­po­si­ti­vo móvil. Lue­go podrá dar su direc­ción a sus ami­gos para que le paguen o vice­ver­sa, es simi­lar a como fun­cio­na el correo elec­tró­ni­co. Cada trans­fe­ren­cia entre mone­de­ros Bit­coin será inclui­da en la cade­na de blo­ques. Los mone­de­ros Bit­coin dis­po­nen de un frag­men­to secre­to lla­ma­do cla­ve pri­va­da, que pro­te­ge los valo­res de su modi­fi­ca­ción. Toda tran­sac­ción es infor­ma­da a cada usua­rio y son con­fir­ma­das a los 10 minu­tos de rea­li­zar­se, esta nor­ma impi­de que cual­quier blo­que ante­rior se modi­fi­que.
Mucho se habla sobre este tema, pero aún no pode­mos saber con exac­ti­tud cuál será el futu­ro de la crip­to­mo­ne­da. Quién sabe si nos encon­tra­mos fren­te al futu­ro en las finan­zas o tan sólo con una bur­bu­ja a pun­to de esta­llar. Lo cier­to es que da que hablar y varios son los que han opta­do por refu­giar­se en él fren­te a las even­tua­li­da­des.