¡Hola a todos! quería compartir esta isla paradisíaca poco conocida, que se encuentra en Brasil, un poco más allá de Florianopolis. Ideal para los amantes de la naturaleza, el reggae y el Surf. Ah… ¡Y con precios muy accesibles!

A unos 100 km. de Curi­ti­ba, Ilha do Mel se encuen­tra en la región cen­tral de la cos­ta para­naen­se, per­te­ne­cien­do al Muni­ci­pio de Para­na­guá. La isla es una mez­cla per­fec­ta de pla­yas amplias y natu­ra­le­za exu­be­ran­te. Su pai­sa­je sin­gu­lar pro­por­cio­na a los visi­tan­tes paseos inol­vi­da­bles por sus cos­tas, sen­de­ros, matas y man­gues. Alber­ga 25 pla­yas para­di­sía­cas en sus 35 km peri­me­tra­les, ade­más de cons­truc­cio­nes his­tó­ri­cas que remon­tan al siglo XVIII, como la For­ta­le­za de Nos­sa Sen­ho­ra dos Pra­ze­res y el Farol das Con­chas.

Son 4 villas prin­ci­pa­les, Nova Bra­sí­lia, For­te, Farol e Vila das Encan­ta­das. Tie­ne la for­ma de 8, divi­dién­do­se en áreas bien defi­ni­das, sur y nor­te, pega­das por una estre­cha faja are­no­sa. Tie­ne 95% de su área pro­te­gi­da, lo que la ele­vó a la cate­go­ría de Esta­ción Eco­ló­gi­ca en 1982.

¿Cómo lle­gar?  Muy sim­ple…, pue­des hacer­lo en bus has­ta Pon­tal do Sul, un puer­to situa­do a dos horas y media de Curi­ti­ba, don­de se toma una bar­ca­za que tar­da unos 45 minu­tos en lle­gar al feliz y ais­la­do des­tino. El via­je pue­de ser un tan­to movi­di­to, pero emo­cio­nan­te, los mis­mos pes­ca­do­res del lugar son quie­nes timo­nean los bar­cos.

Sin saber nada,  pue­des per­der­te cami­nan­do por unas tril­has (cami­nos) bus­can­do algu­na de las tan­tas posa­das, un bar o sim­ple­men­te una sali­da a la pla­ya. Pue­des tar­dar unos 2 o 3 días en apren­der don­de va cada camino, igual­men­te pue­des pedir algún mapa hecho a mano para saber a dón­de va cada camino. Vale acla­rar que la isla se reco­rre cami­nan­do, no hay vehícu­los de nin­gu­na cla­se, sal­vo bar­cos y kayaks.

Pue­de que te sien­tas como un pira­ta o que estás den­tro del Video­jue­go “Mon­key Island”, sobre todo cuan­do cae el sol y cami­nas en medio de tan­ta natu­ra­le­za.

 Es impor­tan­te lle­var siem­pre algu­na lin­ter­na por si te lle­ga la noche, en el medio de tan­ta vege­ta­ción ni siquie­ra podrás ver la luz de la luna. En la oscu­ri­dad, la aven­tu­ra es dis­tin­ta. De día los cami­nos se mues­tran tan ami­ga­bles como la gen­te que los tran­si­ta, de noche la ausen­cia de alum­bra­do públi­co pin­ta­rá de negro todo ras­tro, los soni­dos de la sel­va deci­den de pron­to inun­dar la nada. Mara­vi­llo­sa fau­na: par­te del encan­to de Ilha do Mel. Pero no te preo­cu­pes, siem­pre hay algún luga­re­ño o un perro que podrá ayu­dar­te en caso de que estés algo per­di­do, solo tie­nes que seguir­lo.

 

Hay varias opcio­nes de paseos por los sen­de­ros, pla­yas, cos­tas, matas, man­gues y morros de la isla. Como los vehícu­los no están per­mi­ti­dos en la isla, es siem­pre reco­men­da­ble ele­gir una opción que esté de acuer­do a tu dis­po­si­ción y con­di­ción físi­ca.  En la villa de Bra­si­lia, el Farol de las Con­chas es una bue­na opción al atar­de­cer con una vis­ta pri­vi­le­gia­da de la pues­ta del sol y toda la isla.

La cami­na­ta has­ta la For­ta­le­za Nos­sa Sen­ho­ra dos Pra­ze­res (una cons­truc­ción his­tó­ri­ca de 1767 del ejér­ci­to Por­tu­gués) por la pla­ya lle­va 2 horas apro­xi­ma­da­men­te. Por detrás de la coli­na hay un mira­dor con una vis­ta des­lum­bran­te. Aún por los cami­nos de Bra­si­lia, una lin­da cami­na­ta es has­ta la Praia do Belo. Por un sen­de­ro en el medio de la mata, pasan­do por man­gue­za­les, orquí­deas y bro­me­lias, se lle­ga a esta lin­da pla­ya, ideal para obser­var la pues­ta del sol. Hay opcio­nes de cami­na­tas para la Praia Gran­de (ideal para la prác­ti­ca de surf), Praia do Miguel (desier­ta, cer­ca­da de cos­tas y vege­ta­ción nati­va) y Praia das Encan­ta­das don­de está la Gru­ta de Encan­ta­das, una for­ma­ción roco­sa lle­na de leyen­das de sire­nas e his­to­rias fan­tás­ti­cas.

 En Encan­ta­das y Bra­si­lia hay opcio­nes de res­tau­ran­tes de comi­das regio­na­les, con mucho pes­ca­do, maris­cos y comi­da típi­ca bra­si­le­ña. En tem­po­ra­da alta hay opcio­nes de pas­tas y piz­zas arte­sa­na­les. Por la noche hay bares con músi­ca en vivo, un forró muy agi­ta­do, cafés tran­qui­los con reci­ta­les de músi­ca y lin­das noches con imper­di­bles lunas lle­nas y cie­lo estre­lla­do. Si bus­cas un buen lugar para pasar tus noches un poco más diver­ti­das entre sur­fis­tas loca­les y extran­je­ros, la reco­men­da­da es “Gra­ja­gan Surf Resort” www.grajagan.com.br la pou­sa­da de un sur­fis­ta ingles que lle­gó hace más de 30 años a la isla y nun­ca más se fue. No es eco­nó­mi­co, pero el lugar es increí­ble, la aten­ción y desa­yu­nos valen la pena.

 Es impor­tan­te des­ta­car que tam­bién exis­te una gran ofer­ta de posa­das “bara­tas” que a nues­tro cri­te­rio no reúnen las con­di­cio­nes nece­sa­rias para comer­cia­li­zar­las inter­na­cio­nal­men­te, olvi­dé decir­les que hay luga­res don­de pue­des acam­par, solo nece­si­ta­rás tu car­pa si aún quie­res hacer tu via­je más gaso­le­ro.

Isla De Miel, es ideal para la prác­ti­ca del Surf, ya que tie­nes acce­so a dife­ren­tes pla­yas, y sabrás día a día don­de están las mejo­res olas, Nor­te, Sur y Este.

Si quie­res ini­ciar­te en este bello depor­te, en la isla podrás asis­tir a la “escue­la de surf” y tam­bién alqui­lar tu tabla para tu pri­me­ra expe­rien­cia sur­fis­ta. Como verás, es un lugar para­di­sía­co y muy poco cono­ci­do.

 

Por Ger­man Tetu Pei­xo­to

Direc­tor Fuzion tv