Hay mane­ras y mane­ras de rom­per el hie­lo. La doc­to­ra Susa­na Luce­ro De Gae­tano eli­ge una infa­li­ble: pide, son­rien­do, que la lla­me­mos por su apo­do. “Soy Cha­ni”, dice, con voz sua­ve, mien­tras revuel­ve el café apa­ci­ble­men­te. Es fácil ima­gi­nar­la en su ofi­cio: Cha­ni es médi­ca pedia­tra espe­cia­li­za­da en Recién Naci­dos de Alto Ries­go y una de las prin­ci­pa­les defen­so­ras de la Mater­ni­dad Cen­tra­da en la Fami­lia, pro­pues­ta por UNICEF. “La pedia­tría y mi fami­lia han sido la razón de mi vida”, ase­gu­ra esta cor­do­be­sa naci­da en fami­lia de médi­cos.

Cha­ni lle­gó a Men­do­za a prin­ci­pios del 73. Tra­ba­jó en los hos­pi­ta­les Alfre­do Íta­lo Perru­pa­to, de San Mar­tín, y Luis Car­los Lago­mag­gio­re, de Ciu­dad. Duran­te estos años, par­ti­ci­pó en la ela­bo­ra­ción de la Ley Pro­vin­cial 8130 de Par­to Res­pe­ta­do y la Ley pro­vin­cial 8734 para el segui­mien­to del Recién Naci­do de Alto Ries­go cen­tra­do en la Fami­lia -pro­mul­ga­da en 2014 y pio­ne­ra en el país-; y cola­bo­ró en la crea­ción de Fun­da­cer. Actual­men­te con­du­ce la Aso­cia­ción Red de Manos Ami­gas.

Resu­me, esti­ran­do la son­ri­sa: “Mi tarea en salud públi­ca estu­vo atra­ve­sa­da por la nece­si­dad de tra­ba­jar para que los bebés más vul­ne­ra­bles y sus fami­lias fue­ran reco­no­ci­dos en la comu­ni­dad. El camino reco­rri­do para el segui­mien­to de esta pobla­ción fue muy difí­cil en sus comien­zos, en la déca­da del ‘80, cuan­do no había rutas ni des­ti­nos. Tra­ba­ja­mos para sos­te­ner a los padres en la inter­na­ción neo­na­tal, tra­tan­do de visi­bi­li­zar su papel pro­ta­gó­ni­co en el cui­da­do de sus hijos. En ese mar­co, la lac­tan­cia mater­na fue la aper­tu­ra para brin­dar vida con vida, en un víncu­lo de nutri­ción y amor que favo­re­ce a la pron­ta recu­pe­ra­ción en los bebés de ries­go”.

Tres décadas después, ¿se siente una precursora?

Por haber insis­ti­do, tal vez (risas). Cuan­do escu­cho hablar con entu­sias­mo a pro­fe­sio­na­les jóve­nes, lo cele­bro. Una sola per­so­na no pue­de cam­biar nada. Son muchas las volun­ta­des que se suma­ron en pos de esto.

Mi mamá era el tipo de médi­ca que salía a la calle a curar a los pacien­tes (…) esa fue la cul­tu­ra de mi casa.

Fue­ra de la prác­ti­ca esta­tal, en 2015, jun­to a un equi­po mul­ti­dis­ci­pli­na­rio inte­gra­do por una tra­ba­ja­do­ra social, una fono­au­dió­lo­ga, una psi­có­lo­ga y su hija, que tam­bién es médi­ca, Cha­ni brin­dó aten­ción médi­ca pediá­tri­ca en cen­tros de salud. “Ahí apren­di­mos otro tipo de medi­ci­na; supi­mos que todo lo que tenía­mos en el hos­pi­tal, no cua­ja­ba. Un médi­co que quie­re tra­ba­jar al ser­vi­cio del otro, no debe que­dar­se den­tro de las cua­tro pare­des de un hos­pi­tal. Las ins­titucio­nes me die­ron la téc­ni­ca, pero don­de más apren­dí fue tra­ba­jan­do afue­ra, con la gen­te; toman­do cons­cien­cia de que las per­so­nas son lo que son de acuer­do al medio en el que están. Quie­nes nece­si­tan con­ten­ción deben ser reci­bi­dos y habla­dos de otra mane­ra”.

¿Cuándo decidió que la medicina sería su oficio?

Mi mamá era pedia­tra y mi papá, psi­quia­tra. A los 3 años, le pedí a los Reyes Magos mi pri­mer jue­go de médi­cos. Siem­pre tuve la dis­yun­ti­va de seguir pedia­tría o psi­quia­tría. No tenía otra opción (son­ríe). Mi mamá era el tipo de médi­ca que salía a la calle a curar a los pacien­tes. Duran­te la epi­de­mia de la polio, mi casa se con­vir­tió en un cam­po de bata­lla; yo la acom­pa­ña­ba a entre­gar las vacu­nas, en las villas que esta­ban a ori­llas del río, en Río Cuar­to. Por esos años le daba todos los jugue­tes a los niños con polio. Apren­dí a des­pren­der­me con amor de las cosas que más que­ría; esa fue la cul­tu­ra de mi casa.

¿Ganó la pediatría, entonces?

No aban­do­né nin­gu­na de las dos ideas. Cuan­do lle­gué al hos­pi­tal Perru­pa­to no había resi­den­cias, por eso me per­mi­tie­ron ir a los dos ser­vi­cios. Al ingre­sar al de Psi­quia­tría me dije: ‘Esto no es para mí’. Por enton­ces esta­ba espe­ran­do a mi pri­me­ra hija. A par­tir de ahí me abra­cé a la pedia­tría que, ade­más de mi fami­lia, ha sido la razón de mi vida.

¿Cómo concilió esas dos razones?

Tuve la suer­te de dejar tra­ba­jos y de recu­pe­rar­los. Cuan­do nacie­ron mi segun­do y ter­cer hijo renun­cié por­que sen­tía que ellos me nece­si­ta­ban. Des­de siem­pre ven­go des­ta­can­do la impor­tan­cia de estar los pri­me­ros meses con el bebé. Es duran­te esta épo­ca en que el bebé nece­si­ta ser mira­do y alen­ta­do a vivir. Un bebé nace cono­cien­do 120 sabo­res, al sex­to mes escu­cha y a las 22 sema­nas ya tie­ne un rudi­men­to de psi­quis­mo para res­pon­der. Al octa­vo mes tie­ne un nivel men­tal dis­tin­to. Hay momen­tos que a un hijo se lo pue­de dejar solo y otros en que no. Si la vida te obli­ga, el tiem­po que estés con él debe ser de cali­dad: jugar con él, mirar­lo, besar­lo, abra­zar­lo.

Un médi­co no debe que­dar­se den­tro de las cua­tro pare­des de un hos­pi­tal; no en tan­to quie­ra tra­ba­jar al ser­vi­cio del otro.

¿Esa convicción fue intuitiva o se la dio la pediatría?

Tuvo que ver con la intui­ción. Como madre come­tí muchos erro­res; hacía lo que me decían los demás has­ta que com­pren­dí otras cosas y toda­vía me estoy arre­pin­tien­do. Lo peor que pue­de hacer una madre es decir­le a sus hijos que está arre­pen­ti­da.

¿Por qué?

Por­que pasan fac­tu­ra (risas).

Usted es una referente en atención de Recién Nacidos de Alto Riesgo. ¿Cuándo decidió esta especialización?

Ingre­sé al Hos­pi­tal Lago­mag­gio­re a prin­ci­pios de los 80, cuan­do recién se abría Neo­na­to­lo­gía, la pri­me­ra mater­ni­dad en el inte­rior del país con esa com­ple­ji­dad. Pero los padres esta­ban sepa­ra­dos de sus hijos a tra­vés de un vidrio; les entre­gá­ba­mos sus bebés sin tener la cer­te­za de si sabían qué debían hacer, ya que no había segui­mien­tos de casos. Yo tenía sie­te años de expe­rien­cia en San Mar­tín y allí era dife­ren­te. Haber tra­ba­ja­do en un hos­pi­tal abier­to, cara a cara con los pacien­tes, fue mi gran capi­tal. Eso me dio la fuer­za para pro­po­ner otra cosa. Jun­to a otros dos médi­cos, comen­za­mos a reunir­nos los domin­gos con los padres, en la guar­dia, para pre­gun­tar­les cómo se sen­tían.

Poco des­pués, dice, sur­gió la idea de crear Fun­da­cer y cre­ció la posi­bi­li­dad de que los padres pudie­ran ingre­sar a las salas de Neo­na­to­lo­gía. “Por esos años se creía que los padres podían infec­tar a los bebés. Pese a que se nos cerra­ban muchas puer­tas, seguía­mos insis­tien­do. Tuvi­mos que rom­per un para­dig­ma”, ase­gu­ra. Enton­ces lle­ga­ron las rifas para com­prar el equi­po médi­co nece­sa­rio (bar­bi­jos, botas, buzo­nes) y en el 86, la pri­me­ra máqui­na extrac­to­ra de leche; una dona­ción de las Damas Men­do­ci­nas. “Antes de que exis­tie­ran los Lac­ta­rios, paus­teu­ri­zá­ba­mos la leche en nues­tras ollas Essen y la repar­tía­mos con ayu­da de las enfer­me­ras. Nada hubie­ra sido posi­ble sin el tra­ba­jo colec­ti­vo”.

¿Cómo estamos hoy en Mendoza en materia de lactancia y maternidad?

Hay leyes en las que tra­ba­jé y que quie­ro sos­te­ner. En las salas de par­to se ven muchas inequi­da­des. Noso­tros está­ba­mos vivien­do situa­cio­nes así cuan­do ya el para­dig­ma había cam­bia­do. En el 95 roté en el Garraham y cono­cí gen­te que tra­ba­ja­ba de otra mane­ra. A tra­vés de UNICEF coor­di­né un pro­yec­to de Mater­ni­dad Segu­ra Cen­tra­da en la Fami­lia duran­te un año, en todas las mater­ni­da­des. Fue una tarea muy difí­cil pero pudi­mos capa­ci­tar en las mater­ni­da­des públi­cas y lle­var a los jar­di­nes mater­na­les este cam­bio de para­dig­ma para el cui­da­do de la mater­ni­dad. Hoy, que los padres estén con sus hijos y vice­ver­sa, es un dere­cho. Si exis­te algún lugar en el que esto no suce­de, enton­ces es una puer­ta a derri­bar.

La Dra. Susa­na Luce­ro De Gae­tano jun­to al equi­po médi­co del Hos­pi­tal Lago­mag­gio­re.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Maternidad Segura?

Mater­ni­dad Segu­ra es que se den todas las con­di­cio­nes obs­té­tri­cas para que la madre y el bebé se desa­rro­llen bien. Es decir, que el par­to se reali­ce en un lugar en el que, si ocu­rre una urgen­cia se pue­da resol­ver, que la anes­te­sia sea segu­ra y que los pro­fe­sio­na­les ten­gan expe­rien­cia, entre otras con­di­cio­nes. Este es un dere­cho. En un lugar en don­de se hacen 100 par­tos es muy difí­cil que se pue­da dar una mater­ni­dad segu­ra.

En este sentido, ¿Mendoza cuenta con la infraestructura necesaria?

Actual­men­te el hos­pi­tal Dr. Ramón Carri­llo cuen­ta con una sala TPR, de Tra­ba­jo de Par­to y de Recu­pe­ra­ción, al igual que los hos­pi­ta­les de Esta­dos Uni­dos. Pero la infra­es­truc­tu­ra es una cues­tión men­tal. Cuan­do se tie­nen en cla­ro estas con­di­cio­nes, se bre­ga para que se cum­plan. Me refie­ro a la resis­ten­cia que exis­te. Si se tie­ne la deci­sión, se pue­de.

¿Cómo ha variado el porcentaje de nacimiento de bebés prematuros en los últimos años?

Según las últi­mas esta­dís­ti­cas, la cifra en 2017 fue de 1990. En tér­mi­nos mun­dia­les, Argen­ti­na es uno de los paí­ses que está cer­ca a los índi­ces con­si­de­ra­dos de salud, que varían entre el 6 y el 7%. Nues­tro país está por enci­ma de estos núme­ros. El des­cen­so de la pre­ma­tu­rez no se pue­de adju­di­car a una ges­tión públi­ca o a una acción deter­mi­na­da. La pre­ma­tu­rez depen­de de múl­ti­ples fac­to­res y pue­de ser un fla­ge­lo, inclu­so en los paí­ses desa­rro­lla­dos. Lo impor­tan­te es la toma de cons­cien­cia y el con­trol del emba­ra­zo, y que este sea desea­do. Debe­mos apro­piar­nos de las medi­das mun­dial­men­te dis­cu­ti­das y acep­ta­das. Las muje­res deben cono­cer sus dere­chos, y apren­der a cui­dar su cuer­po y a que­rer­se. Que­rer­se es el pri­mer prin­ci­pio.

Como ONG, se pro­po­ne garan­ti­zar los dere­chos con­cre­ta­dos en leyes pro­vin­cia­les y hacer­los visi­bles para su reco­no­ci­mien­to y su pleno ejer­ci­cio. Es un nue­vo camino, que requie­re del com­pro­mi­so comu­ni­ta­rio, de la toma de con­cien­cia social y de la res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do para con los más expues­tos por su vul­ne­ra­bi­li­dad bio­ló­gi­ca social y socio-emo­cio­nal. El año pasa­do la Red lan­zó una exi­to­sa cam­pa­ña “Manos a las Mochis-Bebés” y actual­men­te tra­ba­ja en la Mochis-Cunas y los Mochis coche­ci­tos. “Hacer una fun­da­ción que ten­ga el ojo pues­to en la comu­ni­dad, sig­ni­fi­ca hacer una fun­da­ción que se empo­de­re en las nece­si­da­des de la gen­te”, sub­ra­ya Cha­ni.

Con­tac­to:

       Red de Manos Uni­das

       reddemanosunidas@gmail.com

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