Muchas cosas cam­bia­ron des­de 1979 en nues­tro país, cuan­do la selec­ción de fút­bol había gana­do su pri­me­ra copa del mun­do y la tele­vi­sión a color era un lujo que sólo algu­nos podían per­mi­tir­se, así como las lla­ma­das tele­fó­ni­cas de lar­ga dis­tan­cia. Des­de enton­ces en Argen­ti­na se suce­die­ron logros y tra­ge­dias, lle­ga­ron dis­tin­tas tec­no­lo­gías y mane­ras de comu­ni­car­se. Sin embar­go, hay algo que per­ma­ne­ce a tra­vés de todos estos años; Los Enani­tos Ver­des.

Muchos de los esti­los musi­ca­les y gru­pos que supues­ta­men­te venían a sal­var el rum­bo del arte ya no están y noso­tros segui­mos giran­do.

A 39 años de su sal­to a la esce­na musi­cal, la ban­da men­do­ci­na sigue de gira por el mun­do con sus can­cio­nes de siem­pre y con nue­vas pro­pues­tas, como el Tour Hue­vos Revuel­tos, que pre­sen­ta­rán en Esta­dos Uni­dos en el mes de junio. Mar­ciano Can­te­ro, líder y voca­lis­ta de la ban­da, hizo un repa­so de la exten­sa tra­yec­to­ria de la ban­da con Revis­ta Úni­co.

¿Te acor­dás cuan­do eras joven y que­rías ser gran­de para hacer lo que qui­sie­ras? ¿Cómo te va con eso?

Afor­tu­na­da­men­te muy bien, hice reali­dad todo lo que soña­ba. Lo habla­ba hace poco con mi hijo. Él me dijo que admi­ra que siem­pre man­tu­vi­mos la inte­gri­dad a pesar de todos los esti­los musi­ca­les que supues­ta­men­te venían a sal­var el rum­bo del arte. Muchos de esos gru­pos ya no están y noso­tros segui­mos tocan­do. Creo que tie­ne que ver con lo que uno tie­ne para decir, y en aque­lla épo­ca tuve la for­tu­na de poder encon­trar­me con Feli­pe Stai­ti, con Daniel Pic­co­lo, y que los tres haya­mos coin­ci­di­do en que­rer lle­gar al mis­mo lugar, con el mis­mo empe­ño y las mis­mas ganas.

Es muy difí­cil decir­te si estoy exac­ta­men­te don­de que­ría estar por­que ya no sé lo que soña­ba cuan­do era más chi­co, pero es cier­to que me dedi­qué a lo que que­ría hacer. Tuve que empe­ñar­me, pero sien­to que todo lo que me pro­pu­se lo logré y por eso soy un afor­tu­na­do.

Ya son 39 años de pro­lí­fi­ca pro­duc­ción, con más de diez álbu­mes, ¿algu­na vez pen­sas­te que com­po­ner era muy difí­cil?

Siem­pre fue difí­cil, es decir, inser­tar­se en el mun­do de la músi­ca y que las can­cio­nes fun­cio­nen no es nada sen­ci­llo, pero tam­bién hay una cues­tión que es la siguien­te: Vos sos el que tie­ne que decir las cosas que nadie dice. Si uno escri­be sobre algo que le pasó, sien­do hones­to, es muy fac­ti­ble que esa situa­ción le esté ocu­rrien­do a otra per­so­na y se sien­tan iden­ti­fi­ca­dos. Creo que pase lo que pase en tu vida es una bue­na razón o moti­va­ción para sacar­lo de aden­tro y hacer una catar­sis, enton­ces com­po­ner para mí fue algo bas­tan­te natu­ral, casi una nece­si­dad.

En medio de un show, mien­tras Feli­pe toca­ba un solo y la gen­te se diver­tía, enten­dí todo. Noso­tros esta­mos para entre­te­ner.

¿Es lo mis­mo escri­bir aho­ra que en los 70?

No tie­ne mucho que ver por­que com­po­ner va por otro lado, por una cosa per­so­nal, más allá de si entra en un dis­co o no. Tie­ne que ver con resu­mir una idea musi­cal, de englo­bar un con­cep­to, de decir algo que uno tie­ne en la gar­gan­ta. Y es todo una expe­rien­cia dis­tin­ta, por ejem­plo en el caso de “Eter­na sole­dad”, nece­si­ta­ba encon­trar unas pala­bras pre­ci­sas y demo­ré algo así de un año en encon­trar­las, mien­tras que hubo otras can­cio­nes que com­pu­se en vein­te minu­tos.

El asun­to es que siem­pre tie­ne que haber un moti­vo. Algu­nos dicen que es muy difí­cil escri­bir cuan­do uno está muy felíz, que es mejor escri­bir a tra­vés de la dis­tan­cia, y pue­de que ten­gan razón, a pesar de que exis­ten miles de can­cio­nes feli­ces.

Muchas gene­ra­cio­nes se iden­ti­fi­can con can­cio­nes de Los Enani­tos Ver­des. ¿Qué se sien­te cuan­do miles de per­so­nas en Méxi­co corean tus letras?

Sen­tís que lo logras­te, que todo el tiem­po que pasas­te tira­do en la cama dan­do vuel­tas, bus­can­do esas pala­bras correc­tas, valió la pena. Sola­men­te uno sabe lo que atra­ve­só para lle­gar a cier­ta can­ción y que la gen­te lo can­te a gri­tos es impre­sio­nan­te. Recuer­do un momen­to en medio de un show, mien­tras Feli­pe hacía un solo, que miré hacia la pri­me­ra fila del públi­co y noté caras de satis­fac­ción. Ahí enten­dí todo; noso­tros hace­mos esto para que la gen­te dis­fru­te, se divier­ta y se entre­ten­ga.

Lo que sí ocu­rre aho­ra que las cos­tum­bres cam­bia­ron, por ejem­plo con “Tus vie­jas car­tas”, es que ten­go que tomar­me un momen­to para expli­car, antes de tocar­la en un show, sobre lo que sig­ni­fi­ca­ba reci­bir una car­ta. Hay gen­te que por ahí no lo entien­de o no lo vivió, es decir, en esa épo­ca no había Twit­ter, ni Whatsapp, ni Face­book. Antes la comu­ni­ca­ción a lar­ga dis­tan­cia era por telé­fono, que te cos­ta­ba una peque­ña for­tu­na, o por car­tas. Ade­más era más román­ti­co el tema de la car­ta, escri­bir­la de puño y letra y que que­da­ra para siem­pre gra­ba­da en el papel.

A lo lar­go de su carre­ra vie­ron pasar ban­das como Soda Este­ro, REM, Depe­che Mode, Queen, y muchas más, pero son uste­des quie­nes siguen tocan­do.

Te olvi­das­te de un gru­po fun­da­men­tal para esa épo­ca de la músi­ca y sobre todo para los enanos: The Poli­ce. Noso­tros tuvi­mos mucha influen­cia del rock en espa­ñol, per­so­nal­men­te me gus­ta­ba mucho el rock argen­tino: Charly, Spi­net­ta. Noso­tros somos lon­ge­vos y es una mara­vi­lla ver que des­pués de tan­tos años la músi­ca sigue pegan­do. Noso­tros nos segui­mos divir­tien­do arri­ba del esce­na­rio, por eso cuan­do me di cuen­ta de que el públi­co se diver­tía con noso­tros, enten­dí que nues­tra misión era dar­le esa ale­gría a la mayor can­ti­dad de per­so­nas posi­ble. La gen­te espe­ra de mí que can­te, que los entre­ten­ga y nun­ca tene­mos que per­der de vis­ta esto.

Hay muchas veces que las ban­das se sepa­ran por­que se olvi­dan de que per­te­ne­cen al mun­do del entre­te­ni­mien­to. Enton­ces por ahí hay algu­nas agru­pa­cio­nes que podrían seguir hacien­do músi­ca y, sin embar­go, los pro­ble­mas inter­nos hacen que se sepa­ren. En Net­flix hay un buen docu­men­tal sobre The Poli­ce; “I can´t stand loo­sing you”, que expli­ca muy bien estos pro­ble­mas. En el caso de Los Enani­tos Ver­des, ¿por qué que­rría­mos ter­mi­nar algo que mar­cha tan bien? Si fun­cio­na, no lo arre­gle.

¿Cuá­les fue­ron, según tu mane­ra de ver­lo, las cla­ves del éxi­to de Los Enani­tos Ver­des?

Las can­cio­nes y nues­tra acti­tud lle­ga­ron en el momen­to correc­to y fue por eso que lle­ga­mos adon­de esta­mos. Si tuvié­ra­mos que arran­car aho­ra sería todo un jue­go dis­tin­to, pero si uno escri­be con ganas, la cosa tie­ne que fun­cio­nar. Al prin­ci­pio noso­tros tenía­mos muchas ganas y eso fue lo que más empu­jó. Con el correr de los años nos con­ver­ti­mos en mejo­res músi­cos, mejo­res ins­tru­men­tis­tas, enton­ces aho­ra subir­se a tocar es una dicha total, un pla­cer abso­lu­to. Otro fac­tor es el hecho de que no tene­mos un solo esti­lo ni un solo géne­ro, como pasa con algu­nas ban­das. Los géne­ros no nos gus­tan, son sim­ples rótu­los. En inglés la pala­bra para tocar es “play”, que al mis­mo tiem­po es jugar. Yo creo que con el tiem­po enten­di­mos eso y aho­ra esta­mos jugan­do y nos esta­mos divir­tien­do, así como el públi­co se divier­te. Ahí está la cla­ve.

¿Cómo es hoy el día a día de Los enani­tos Ver­des, de Mar­ciano Can­te­ro?

Toda­vía sigo com­po­nien­do y en este momen­to esta­mos pre­pa­ran­do un tour por Amé­ri­ca del Nor­te jun­to a la ban­da espa­ño­la Hom­bres G. Con ellos com­par­ti­mos el mis­mo públi­co y hace algu­nos años empe­za­mos a hacer giras jun­tos, has­ta que en un momen­to alguien pro­pu­so, lue­go de un show en Aus­tin, rea­li­zar un espec­tácu­lo en con­jun­to, lo que deri­vó en Hue­vos Revuel­tos. En esta gira mez­cla­mos los inte­gran­tes y se arma un gran show don­de pue­de inclu­so haber dos bate­rías en esce­na­rio. Aho­ra en poco tiem­po lar­ga­mos una nue­va gira por Esta­dos Uni­dos que fina­li­za en junio en el Madi­son Squa­re Gar­den.

Por el lado per­so­nal, ten­go dos pasio­nes que hace muchos años ven­go desa­rro­llan­do. Una es el aero­mo­de­lis­mo, me fas­ci­na cons­truir avio­nes a esca­la y hacer­los volar. Por otro lado, fabri­co bajos en un taller en Méxi­co. Hace muchos años el médi­co me diag­nos­ti­có ten­di­ni­tis en el hom­bro, enton­ces, debi­do a la infla­ma­ción, me vi for­za­do a dejar de tocar duran­te un año.

Cuan­do lle­va­ba seis meses de reha­bi­li­ta­ción, me sen­tí un poco mejor y con­sul­té con mi médi­co la posi­bi­li­dad de uti­li­zar algo más lige­ro, como los bajos de made­ra, que son ins­tru­men­tos más livia­nos. Si bien hice una gui­ta­rra, me con­cen­tro en fabri­car bajos que lue­go uso en las giras.

…aho­ra esta­mos jugan­do y nos esta­mos divir­tien­do, así como el públi­co se divier­te. Ahí está la cla­ve.

¿Cómo ves el nego­cio de la músi­ca en la actua­li­dad?

No lo sé, es muy dis­tin­to a nues­tros comien­zos. Aho­ra con las redes socia­les podés pro­mo­cio­nar tu con­te­ni­do soli­to. No sé si ten­drás el impac­to de una dis­que­ra que lle­va­ba tu músi­ca a todos los rin­co­nes del país. Ese mode­lo fun­cio­na­ba muy bien. En algún pun­to la compu­tado­ra tra­jo muchas cosas bue­nas a la músi­ca, como por ejem­plo el hecho de poder mon­tar un estu­dio en tu casa. Años atrás era impo­si­ble y para gra­bar era nece­sa­rio pagar las horas de estu­dio y apro­ve­char­las al máxi­mo. No quie­ro sonar nos­tál­gi­co por­que los tiem­pos van cam­bian­do y uno tie­ne que adap­tar­se a ello. Lo mis­mo pasa con la tele­vi­sión, con el cine. Aho­ra la mayo­ría de la gen­te ve Net­flix. Todo cam­bió pero no sabría decir­te si es mejor o peor, sim­ple­men­te dis­tin­to.

Y aun así, a pesar de que la gen­te ya no com­pra dis­cos, sino que des­car­ga temas en Spo­tify, los Enani­tos Ver­des siguen giran­do por toda His­pa­no­amé­ri­ca con su lis­ta de hits inol­vi­da­bles, con nue­vas pro­pues­tas y ver­sio­nes mejo­ra­das de aque­llos temas que mar­ca­ron épo­ca. El año que vie­ne será el 40 aniver­sa­rio de la míti­ca ban­da men­do­ci­na, la más lon­ge­va del rock nacio­nal, y nin­guno de sus inte­gran­tes pla­nea ter­mi­nar ahí, por lo que nos que­da Enani­tos Ver­des para rato.

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