Solía ser una persona muy impaciente, hasta que pasé por un momento muy delicado y noté la delgada línea de la vida que en un instante se corta y todo termina. Gracias a Cerros Salud hoy puedo decir que tengo un día más por festejar.

El 1 de octu­bre a las 18:00 hs. me encuen­tro en mi coche a unos 20 kilo­me­tros de casa, cuan­do comien­zo a expe­ri­men­tar dolor de estó­ma­go, ador­me­ci­mien­to de bra­zos y pre­sión en el pecho. En ese momen­to creí que podía ser el hecho de no haber almor­za­do, pero no fue así, esta­ba tenien­do un infar­to. Con mi men­te con­fun­di­da, recor­dé que tenía que tomar aire y toser reite­ra­das veces, así fue que seguí has­ta lle­gar a Cerros Salud.
Al ingre­sar, me atien­de la doc­to­ra Ferra­ri Flo­ren­cia con la asis­ten­cia de la enfer­me­ra mar­ce­la. Comen­tán­do­les lo que me esta­ba pasan­do se dan cuen­ta de la gra­ve­dad; en ese momen­to lle­ga el doc­tor Lara Maxi­mi­liano quien tam­bién inter­vie­ne. Ins­tan­ta­nea­men­te se comu­ni­can con Clí­ni­ca de Cuyo e infor­man lo que suce­día a la guar­dia,  lla­man a la ambu­lan­cia,  mien­tras seguían comu­ni­ca­dos cons­tan­te­men­te sobre mi esta­do, el cual cam­bia­ba a cada segun­do, sien­do más inso­por­ta­bles los dolo­res.
Al lle­gar a la clí­ni­ca, des­de que me bajan de la ambu­lan­cia y me reci­ben, ya todos sabían de mi esta­do. Todo el per­so­nal médi­co pedía paso y comu­ni­ca­ban de la emer­gen­cia. Me reci­be el doc­tor Larri­bau (vecino de Dal­vian) jun­to a su equi­po y me dice  “que­da­te tran­qui­lo que ya sabe­mos que te  está pasan­do”, en ese momen­to sen­tí con­fian­za y segu­ri­dad.
Al ver ese gran equi­po de pro­fe­sio­na­les, que con rapi­dez y efi­ca­cia lle­ga­ron a una exi­to­sa ope­ra­ción angio­plás­ti­ca de urgen­cia, fue­ron mis deseos de agra­de­cér­se­los por inter­me­dio de esta car­ta. Con todo el esfuer­zo y el pro­fe­sio­na­lis­mo con el que jura­ron sal­var vidas, hoy fue la mía. Gra­cias!