Pablo Garcia nos cuenta sobre una delicia navideña que tiene mucha historia.

Lle­ga Navi­dad, una épo­ca de reen­cuen­tros, de fami­lia y amis­tad. Es el momen­to del año en don­de los lazos se estre­chan y sur­ge esa cone­xión espe­cial con los seres que­ri­dos.
En tiem­pos en los que me encon­tra­ba en Espa­ña o Ita­lia, estas fechas me hacían sen­tir más cer­ca de casa. Es por eso que sien­to un ape­go espe­cial por las Fies­tas y me gus­ta demos­trar­lo rega­lan­do una pre­pa­ra­ción muy espe­cial para mi; y que hoy día en Essen­za, sobre todo en estas fechas, a la gen­te le gus­ta mucho: el panet­to­ne.
Nació en la cor­te de Ludo­vi­co Sfor­za, señor de Milán, duran­te la Noche­bue­na. Se cuen­ta que el duque cele­bró la Navi­dad con una gran cena, el pos­tre iba a ser la con­clu­sión del lujo­so ban­que­te. Sin embar­go, el coci­ne­ro lo había que­ma­do. Hubo terror en la coci­na de Ludo­vi­co, quien no era cono­ci­do por su bene­vo­len­cia, pero afor­tu­na­da­men­te un lava­pla­tos, lla­ma­do Anto­nio, había pen­sa­do uti­li­zar las sobras de los ingre­dien­tes para ama­sar un pan y lle­vár­se­lo a casa. Dada la situa­ción, el joven pro­pu­so al co- cine­ro ser­vir su pan como pos­tre. Era un pan dul­ce, lleno de fru­ta con tada y man­te­ca. El inusual pos­tre tuvo un enor­me éxi­to, Ludo­vi­co pre­gun­tó al coci­ne­ro quién lo había pre­pa­ra­do. El coci­ne­ro le pre­sen­tó al joven Anto­nio, quien con­fe­só que ese pos­tre no tenía nom­bre. Sfor­za deci­dió lla­mar­lo “Pane de toni”, que con los siglos se con­ver­ti­ría en panet­to­ne.
Y des­de aquel día, en Milán, se con­vir­tió en el pos­tre tra­di­cio­nal navi­de­ño, rega­lán­do­se en esa fecha como obse­quio y mues­tra de bue­nos deseos.
Pablo Javier Gar­cia Pater­ni­te, Essen­za Con­fi­te­ría.