Es un vino fresco, fácil de combinar con todo y capaz de sorprendernos. Lo único que tenemos que hacer es dejarnos seducir por este grácil sabor que hoy se reivindica.

Su color no es lo úni­co que carac­te­ri­za a estos rosa­dos. Sus aro­mas a fru­tos rojos sil­ves­tres e inci­pien­tes notas cítri­cas le apor­tan una frescu­ ra ideal para ser degus­ta­do con cual­quier pla­to dis­pues­to en nues­tras mesas. Las tona­li­da­des de los rosa­dos depen­den de las varie­da­des y su ela­bo­ra­ción. Las notas sal­mo­nes nos expre­sa su evo­lu­ción y el naran­ja, su oxi­da­ción. La intensi­dad que pre­sen­ta este vino depen­de del tiem­po que ha esta­do en con­tac­to con la piel de la uva.
Años atrás estos vinos habían que­da­do relega­ dos a la sim­ple­za del mari­da­je “si pedís car­ne y yo pes­ca­do, tome­mos un rosa­do”. Pero hoy, estos espe­cí­me­nes vuel­ven a estar en boca de todos con reno­va­dos aires, qui­zá sea una ten­den­cia pero siem­pre es un buen momen­ to para dis­fru­tar de sus sua­ves y ami­ga­bles sabo­res.
La tem­pe­ra­tu­ra idó­nea para poder beber­los, dis­fru­tar­los y que nos refres­quen, ron­da de los 9 a 10 gra­dos. Son idea­les para acom­pa­ñar­los con un sal­món ahu­ma­do, un que­so de cabra tal vez. Son vinos que tie­nen una gran ver­sa­ti­li­dad, con una aci­dez inte­li­gen­te, un peso en boca lige­ro y unos aro­mas muy refres­can­tes. A par­te, son una gran apues­ta para con­ju­gar­los con comi­das de sabo­res pican­tes, con pas­tas y arro­ces.
Pero no hay rosa sin espi­nas. Exis­ten quie­nes aún creen que un rosa­do es un vino sin carác­ ter, dedi­ca­do a las muje­res. Que es un vino que no se deci­de; que no sabe si es blan­co o tin­to. El rosa­do no es un vino infe­rior a los demás, sino que es una alter­na­ti­va de con­su­mo, con una infi­ni­dad de sabo­res y aro­mas seduc­to­res.
Afor­tu­na­da­men­te en los últi­mos años, la indus­ tria viti­vi­ní­co­la argen­ti­na deci­dió vol­ver­los a
la vida, con­vir­tién­do­se en el pro­ta­go­nis­ta de una impor­tan­te expan­sión en la ofer­ta de estos mis­mos. Final­men­te, tras una gran labor por par­te de bode­gue­ros y comer­cia­li­za­do­res, esos esfuer­zos están dan­do fru­tos, logran­do una cre­cien­te reivin­di­ca­ción.
Aho­ra pró­xi­mos a ter­mi­nar esta deli­cio­sa nota te reco­men­da­mos pro­bar Car­me­la Bene­gas Caber­net Franc Rosé 2015, un exce­len­te ejem­ plar que se pre­sen­ta como uno de los mejo­res rosa­dos de la Argen­ti­na, con notas ele­gan­tes de fru­tos rojos y un fon­do de hier­bas aro­má­ti­cas muy tenue.
La vida depen­de con los ojos con que la mirás. Ver la vida de color de rosa pue­de ser muy gra­ti can­te. Este año más que nun­ca, las bebi­das rosas, están a la moda.